Globananeros

por Roberto Salinas-León

Roberto Salinas León es presidente del Mexico Business Forum.

Los grupos que se han manifestado en Cancún, en oposición a la globalización y a las reuniones que celebra en nuestro territorio el World Economic Forum, pretenden dar un mensaje en contra del libre comercio, la injusta distribución de la riqueza y las fuerzas del mercado. Nadie está, o debería estar, en contra de combatir la pobreza o cerrar la gran brecha mundial entre los que tienen y los que tienen menos. Pero oponerse a la globalización no es el camino.

Por Roberto Salinas-León

Los grupos que se han manifestado en Cancún, en oposición a la globalización y a las reuniones que celebra en nuestro territorio el World Economic Forum, pretenden dar un mensaje en contra del libre comercio, la injusta distribución de la riqueza y las fuerzas del mercado. Nadie está, o debería estar, en contra de combatir la pobreza o cerrar la gran brecha mundial entre los que tienen y los que tienen menos. Pero oponerse a la globalización no es el camino.

Los globalifóbicos no mencionan para nada que son hijos predilectos de la globalización. Se organizan vía telecomunicaciones, se comunican vía internet, llegan a sus destinos no a pié, sino en camiones (con auto-partes importadas), en aviones, en automóviles, comen de todo un poco, incluyendo productos internacionales, visten camisas y zapatos con varios componentes internacionales, algunos hasta presumen con su celular último modelo. Oponerse a la globalización es oponerse a algo que llegó para quedarse. Es como oponerse a la lluvia, al horario, o a la acción humana.

Sin la globalización, no habría globalifóbicos. De hecho, no habría oportunidad de plantear las preguntas vitales que se deben plantear: ¿qué es la globalización? ¿cuáles son los beneficios, tanto en inversión como en comercio? ¿cuáles son los principales desafíos? Por un lado, la globalización significa comprar, vender, comerciar, invertir, ahorrar, tanto dentro como fuera de las fronteras nacionales. Sin capital intelectual, sin una fuerza capacitada, o sin las condiciones internas que permitan aprovechar las oportunidades de vender y comprar afuera del territorio nacional, estos beneficios se ponen en entredicho.

Como dice un chiste que circula en el ciberespacio: ¿Qué es la globalización? Es una princesa inglesa (Diana), con galán egipcio, con celular sueco, que choca en un túnel francés, construido con ladrillos irlandeses, en un carro alemán con motor holandés, manejado por un chofer belga, que se había emborrachado con escocés, seguido de cerca por paparazi italianos, en motocicletas japonesas, con cámaras taiwanesas, que fue tratada por un médico de EEUU y un paramédico filipino, usando medicinas brasileñas..., recuento que nos llegó a nuestro correo electrónico en México, de unas quince diferentes regiones del mundo.

Los globalifóbicos culpan a la globalización de la miseria y la crisis económicas. La globalización, sin embargo, puede acelerar bienestar o malestar dependiendo de cómo es usada. La globalización es lo que es, y no otra cosa. Un país que pretenda hacerlo todo, y aislarse del resto del mundo, está condenado a la pobreza extrema.

En un libro sobre el tema, la actual globalización se caracteriza en términos de lo que hacemos todos los días. La globalización son los aviones jumbo, el internet, barcos y lanchas, las computadoras, la televisión vía satélite, las tarjetas de crédito, los celulares, el fax y el correo electrónico. Si la sociedad quisiera decirle "no" completamente a estos fenómenos globales, tendría que construir murallas alrededor de su país.

El mismo libro relata que, gracias a las comunicaciones avanzadas, hoy se puede girar dinero a miles de kilómetros de distancia en cosa de segundos. Un turista revolucionario de nacionalidad italiana, histérico opositor de la globalización, que se encuentre en la ciudad de Cancún y necesite centavitos para sus actos reaccionarios, saca su tarjeta de crédito, se acerca a un cajero automático, teclea su número confidencial y pide una cierta cantidad de pesos. Los números que marca en el cajero son transmitidos a una central de un banco de la ciudad. Al reconocer que es de otra parte, envía los datos a una central en el DF. En la central detectan que no es una tarjeta de aquí, sino de Europa. De ahí se manda a un centro de datos en EUA y posteriormente a Italia. Los datos llegan al banco italiano, localizan la cuenta, descuentan de su saldo revolucionario la cantidad que solicitó y regresan toda la información por la misma vía. El cajero automático en Cancún le entrega en moneda local el dinero que solicitó. El pobre globananero ahora dispone de medios para seguir con sus actos globalifóbicos. Y la operación se realiza en 16 segundos.

En los grupos globalifóbicos, hay quienes se manifiestan por buenas intenciones, y hay quienes se oponen por mala fe. Sin embargo, a pesar de todos los males que existen en el mundo, la globalización es simplemente un entorno de intercambio entre seres humanos de distintos países.Un entorno que ha permitido elevar dramáticamente los niveles de vida en los países subdesarrollados. Hay una formidable ignorancia sobre el tema y una gran tarea de comunicación para dar a conocer sus beneficios.