Feliz cumpleaños, Milton Friedman

Por Gary S. Becker

La carrera profesional de Milton Friedman se ha caracterizado por controversias surgidas de las políticas que ha propuesto. Sin embargo, en la víspera de sus 90 años, que cumple el 31 de julio, Friedman es crecientemente reconocido como el economista más influyente del siglo XX.

A Friedman se le conoce más por "monetarista", la visión de que la estabilidad en el crecimiento de la oferta de dinero es crucial para controlar la inflación y las recesiones. Aunque la relación entre la oferta de dinero y la economía ha sido muy variable, una figura tan respetable como Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal, mantiene que el énfasis de Friedman en una estructura monetaria estable fue clave en guiar a la banca central europea y de Estados Unidos hacia una inflación baja en las últimas dos décadas.

Antes de Friedman, la sabiduría convencional mantenía que la inflación reduce el desempleo porque los precios suben más rápidamente que el costo de la mano de obra. Por el contrario, Friedman argumentaba en los años 60 que con inflación no se logra una reducción permanente del desempleo porque los salarios eventualmente alcanzan a los precios cuando las expectativas sobre la inflación se vuelven más exactas. Su análisis ha sido comprobado dos veces desde entonces: por el alto desempleo en Estados Unidos durante los años 70 a pesar de la alta inflación y el bajo desempleo durante los años 90, cuando la inflación era negligible.

Algunas de las contribuciones de Friedman a la microeconomía han sido instrumentadas a cabalidad, tales como su persuasiva defensa de un ejército de voluntarios, no de reclutas, cuando era miembro de la Comisión Gates, después de la guerra de Vietnam. En un reciente acto en honor de Friedman en la Casa Blanca, discutí con él algunas de sus propuestas que han sido sólo parcialmente adoptadas y que siguen generando controversias.

Dos décadas antes de que Chile promulgara su revolucionario plan de cuentas individuales de pensiones privadas, Friedman criticó en su libro clásico de 1962, "Capitalismo y libertad", el sistema de reparto de las pensiones gubernamentales, por restringir la habilidad de cada individuo en escoger cuánto y cómo ahorrar para su retiro, además de mezclar un programa de bienestar para los ancianos pobres con un programa obligatorio y aplicado a todos los viejos. Si se hubieran seguido sus consejos, 20 años más tarde no estaríamos confrontando una crisis financiera del Seguro Social tanto en Estados Unidos como en el resto de los países industrializados todos con  poblaciones cada día más viejas.

En el mismo libro, Friedman demostró que sin cambiar la base fiscal, una tasa única de impuesto sobre la renta de 23% lograría la misma recaudación que el sistema de los años 60, cuando las tasas iban de 20% a un increíble 91%. Unos años después, demostró que la tasa única podía ser reducida a 16% sin afectar la recaudación total, eliminándose todas las deducciones, tales como a los intereses hipotecarios, contribuciones de caridad, etc. 

En todo el mundo se ha reducido la tasa tope del impuesto, que a menudo estaba por encima de 90%, a 50% o menos. Así el mundo ha avanzado hacia el sistema de tasa única.

A comienzos de los años 50, Friedman revivió el argumento de permitir que la tasa de cambio fuese determinada por la oferta y la demanda de las diferentes monedas. Las tasas de cambio flexibles tenían mal nombre por la inestabilidad sufrida en los años 30 y el acuerdo de Bretton Woods, después de la Segunda Guerra, supuestamente introdujo un sistema mundial de cambios fijos.

La controversia respecto a tasas de cambio flexibles continúa hoy. Y algunos políticos critican al secretario del Tesoro Paul O'Neill por no respaldar un dólar fuerte. Por su parte, los exportadores promueven un dólar débil para que sus productos sean más baratos que los de otras naciones. O'Neill tiene razón en dejar que el mercado decida el valor del dólar, en lugar de que lo haga un funcionario o empresarios con intereses particulares.

El programa de vales educativos que acaba de lograr una gran victoria en la Corte Suprema es el más identificado con Friedman. Desde los años 50, Friedman insiste que el gobierno reparta vales a los padres de niños en edad escolar, para que estos vayan a la escuela o colegio privado de su elección. El siempre ha estado seguro que los padres escogerán la mejor educación para sus hijos, si se les permite hacerlo.

Aunque quienes apoyan el sistema de vales ganaron la batalla intelectual, a ellos se oponen los sindicatos de maestros y muchos padres en los suburbios que temen que los vales atraerían a niños de los barrios pobres. Friedman ha demostrado enorme valentía, manteniéndose firme a pesar de la hostilidad y frecuentes ataques personales de sus opositores. Tiene que ser muy gratificante ver cómo el mundo se va acercando a su posición. Y todo tenemos una inmensa deuda con este gran economista.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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