Europa vs. Europa

Por Richard W. Rahn

¿Es lógico mudar la sede del gobierno cada tres semanas? Eso es lo que hace la Unión Europea, ya que gran parte del gobierno va y viene, transportado por una larga fila de camiones que llevan y traen tanto los documentos como el equipaje de los parlamentarios desde Estrasburgo, pintoresca ciudad francesa a orillas del Rin, a Bruselas en Bélgica.

Los europeos no sólo no se han podido poner de acuerdo en una capital para la UE, sino que están divididos en casi todos los asuntos importantes. El desacuerdo principal está en la distancia a la que Europa se debe alejar del modelo de “economía social de mercado” que ha paralizado a Francia, Alemania e Italia y acercarse más a la economía clásica de mercado, como la practicada en Estados Unidos.

La UE tiene poco más o menos el mismo Producto Interno Bruto de EE.UU.; cada uno produce casi el 30% del PIB mundial. Pero la UE tiene una población 30% mayor que EE.UU., por lo cual el europeo promedio tiene un ingreso de apenas dos terceras partes del ingreso norteamericano promedio. Las 25 naciones que componen la UE son el principal socio comercial y de inversiones de EE.UU.; mucho más importante que China o Japón. Por lo tanto, los norteamericanos y los europeos tienen grandes intereses comunes, ya que un malestar económico de un lado del Atlántico es rápidamente contagiado al otro lado.

Europa ha estado creciendo a la mitad de la velocidad de EE.UU. durante las últimas dos décadas, lo cual no es bueno ni para uno ni para el otro. Pero dentro de Europa hay grandes disparidades en el crecimiento. Francia, Alemania e Italia apenas si han crecido, mientras que a Irlanda, España, el Reino Unido y los nuevos miembros ex comunistas les va mucho mejor. Esa creciente disparidad aumenta las tensiones entre los 25 países miembros de la UE, lo que puede afectar al euro, que es la moneda de 12 países europeos.

El plomero o fontanero polaco personaliza la actual división filosófica en Europa. Francia ha prácticamente cerrado sus puertas a los ciudadanos de los nuevos miembros de la UE, negándoles permisos para trabajar, bajo la equivocada teoría que esa gente muy motivada le quitará el trabajo a los franceses. El Reino Unido, Irlanda, Suecia y otros países han tomado la ruta opuesta, dándole la bienvenida a nuevos trabajadores polacos, lituanos, eslovacos, etc. porque entienden que mientras más gente trabaja productivamente más riqueza se crea y, por lo tanto, hay más fuentes de empleo. El resultado es que el Reino Unido tiene una tasa de desempleo de 4,7%, a pesar de haber absorbido más de 200 mil trabajadores de Europa del Este en el último año, mientras que en Francia y Alemania el desempleo es de más de 10%, gracias a sus políticas laborales restrictivas.

Europa también está dividida en política comercial. Mientras que varias naciones europeas comprenden que un comercio más libre conduce a precios más bajos y a un nivel de vida más alto, Francia y otros se resisten. En días pasados, Francia vetó una reducción de subsidios agrícolas, mientras hablan mucho de ayuda a los países pobres. Esa es una gran hipocresía, ya que la mejor ayuda que se les puede dar a los países pobres es comprarles sus productos, muchos de los cuales son agrícolas. Pero los franceses dijeron “non” otra vez.

Los países europeos que están creciendo saben que altos impuestos, sobre todo sobre el capital y la mano de obra, reducen los incentivos y conducen al estancamiento económico. Países como Francia y Alemania que le temen a la competencia en impuestos insisten en armonizar los sistemas de impuestos que no es otra cosa que implantar un cartel impositivo. El resultado de esta lucha europea determinará si Europa sigue siendo una de las dos grandes economías del mundo o si es alcanzada y dejada atrás por China y otros países asiáticos. De América Latina ni hablemos porque en general se siguen las mismas políticas que han fracasado en Europa y en el resto del mundo.