¿Estarían mejor sin bancos los países pobres?

Por Robert E. Anderson

Los buenos bancos pueden ser una gran fuerza para el crecimiento económico. Ellos pueden transferir los ahorros del público hacia aquellos negocios que necesitan de capital para inversiones productivas. Desgraciadamente, muchos bancos en países pobres se han convertido en esquemas de pirámide en donde gran parte de los créditos son malos (incobrables) y los bancos están insolventes.

Sin embargo, mientras los depósitos sigan creciendo los bancos pueden usar los nuevos depósitos para pagar los intereses en los depósitos antiguos y entonces mantener la liquidez. Estos bancos pueden continuar operando a veces por décadas hasta que algo causa que los nuevos depósitos se reduzcan. Algo como un descalabro macro económico. El resultado es una crisis bancaria.

De acuerdo con el Banco Mundial, cerca de dos terceras partes de las 140 naciones con un nivel de ingreso bajo o medio ha tenido una crisis bancaria desde 1976. Dieciséis han tenido más de una, teniendo Argentina el record con cuatro crisis bancarias.

Después de cada crisis los gobiernos usualmente han tenido que rescatar a los bancos insolventes porque esos bancos o han sido propiedad del estado o el estado ha garantizado los depósitos de los bancos privados. El costo para los contribuyentes ha sido enorme, totalizando mas de un millón de millones de dólares. Este total va a crecer cuando colapsen los actuales esquemas de pirámide bancarios. Solo en China se estima que los bancos poseen malos créditos por un total de 500 mil millones de dólares que probablemente nunca podrán ser cobrados y eventualmente se volverán en una carga financiera para el gobierno.

Muchos de estos esquemas de pirámide, como en el caso de China, han sido llevados a cabo por bancos propiedad del estado que han realizado prestamos a proyectos estatales no rentables. Los esquemas de pirámide en bancos privados involucran a dueños y administradores. Realizan prestamos a ellos mismos o a amigos, los cuales no tienen la intención de restituir. Después de que Chile privatizó en 1972 sus bancos, muchos se volvieron insolventes debido a prestamos que habían sido realizados a los mismos administradores o sus amistades—el costo para el gobierno de salir al rescate de estos bancos equivalió al 40% del PIB del país.

Otro colapso similar sucedido en Mozambique terminó en una tragedia humana. Después que el Astral Bank fue privatizado, se volvió insolvente probablemente por malos prestamos realizados a los dueños o a los políticos. En el 2001, el banco central encomendó a Antonio-Siba-Siba Macuacua, un joven y dinámico economista, la tarea de investigar porqué el banco había quebrado. Fue encontrado muerto después de haber sido lanzando por las escaleras.

¿Hay alguna solución para estos generalizados problemas? Expertos de países ricos argumentan que los gobiernos en todas partes deben regular a los bancos para asegurar que son bien administrados e introducir seguros de depósitos para garantizar la estabilidad de los bancos. Irónicamente, esta estrategia no ha funcionado particularmente bien en los países ricos, incluso si se presume que poseen reguladores más honestos y capaces de los que hay en países pobres. El porcentaje de países grandes y ricos que han sufrido uno o más crisis bancarias es tan alto como en los países pobres, sin embargo, las crisis no fueron tan severas en los países ricos. Una de las más grandes crisis fue la quiebra de miles de instituciones de ahorro y crédito en los EE.UU. a finales de la década de 1980. Una crisis que le costó al gobierno 180 mil millones de dólares.

Es también un hecho que los depósitos de bancos privados garantizados por el gobierno reducen el incentivo de los depositantes y otros acreedores de monitorear la salud financiera de estas instituciones. En 1933 Estados Unidos fue el primer país en introducir un seguro nacional de depósitos después de la generalizada quiebra de la mayoría de bancos pequeños durante la Gran Depresión, pero no por presión de los depositantes. En lugar de eso, el Congreso se doblegó ante la presión de muchos de los bancos pequeños y altamente riesgosos que querían ser protegidos de la competencia de bancos grandes y de bajo riesgo. Desgraciadamente, muchos países, ricos y pobres, han seguido el ejemplo de EE.UU.

Las crisis bancarias son causadas mayormente por una supervisión débil combinado con los seguros de depósitos. Sin embargo dudo que sea posible que mejoren lo suficiente las agencias regulatorias en la mayoría de países pobres para detener futuros esquemas de pirámide y crisis bancarias.

Hay una alternativa. El novedoso sistema de regulación bancaria de Nueva Zelanda es un sólido modelo para países pobres. El primer paso es la privatización porque los políticos usarán los bancos estatales para propósitos políticos, tal como subsidiar empresas estatales no rentables o para enriquecerse ellos y sus amigos.

Segundo, se les debería de permitir entrar al mercado local a los bancos extranjeros. Si los depositantes no confían en los bancos locales, ellos por lo menos tienen la opción de cambiarse a un banco extranjero prestigioso.

Tercero, los depósitos bancarios deberían de ser regulados como cualquier otra obligación financiera, principalmente a través de la divulgación de la información. Las agencias reguladoras deberían de requerir a los bancos divulgar la suficiente información financiera y así los depositantes y otros acreedores puedan evaluar adecuadamente el riesgo. Los ejecutivos de los bancos estarían sujetos a cargos civiles y penales si ellos proveen información incorrecta o imprecisa. Este es el enfoque utilizado para regular compañías que cotizan acciones y bonos en la mayoría de los países ricos.

Cuarto, y más importante, los depósitos bancarios, tal como las acciones y los bonos, no deberían de ser garantizados por el gobierno. Como en el caso de otras inversiones, “los depositantes deben ser precavidos”.

Hay que admitir que esta alternativa no es a prueba de engaños y los sistemas de pirámide puede que continúen porque los bancos provean información incorrecta. Como consecuencia, puede que depositantes mas pequeños y menos sofisticados retiren sus depósitos porque no están garantizados por el gobierno y en su lugar decidan invertir esos fondos, por ejemplo, en pequeños negocios poseído por familiares o amigos, en bienes raíces en instituciones financieras informales, a veces llamadas cooperativas de ahorro y crédito, que se encuentran en muchos países pobres.

Puede que el tamaño del sistema bancario formal se reduzca, pero es mejor, por mucho, que permitir que los esquemas de pirámide despilfarren los ahorros del público. Tener malos bancos es peor que no tener bancos.

Traducido por Nicolás López para Cato Institute.