¿Estamos midiendo bien el bienestar?

Por Ricardo Medina Macías

La frase de Julian Simon parece sencilla y provocadora a la vez: "Si nace un ternero el PIB por persona aumenta, si nace una persona el PIB por persona disminuye". ¿Estamos midiendo correctamente el bienestar?

No—me contesta un joven amigo economista—el bienestar deberíamos medirlo en función del consumo, no de la producción física. Y continúa: "Lo que enriquece a los individuos no es lo que producen, sino lo que consumen".

La frase de Simon puede parecer un simple juego aritmético: ¡Claro que un aumento en la población aumenta el denominador y por ende disminuye el valor de la fracción!, pero si llevamos el juego aritmético más lejos podemos concluir con la siguiente aberración: La receta infalible para aumentar el valor de la fracción es reducir el denominador, reducir la población, y ¡ya está! "generamos" riqueza por el simple expediente de impedir nacimientos, poner barreras a la inmigración o cerrar la entrada a los mercados de nuevos participantes.

Justamente en el tema de la migración Julian Simon fue un destructor de mitos. En su libro de 1990 Economic Consequences of the Immigration demostró en pocas palabras que "los inmigrantes no sólo no quitan puestos de trabajo, sino que los crean a través de sus compras y a través de su propensión a empezar nuevos negocios". Simon también demostró que los inmigrantes usan mucho menos los servicios de salud públicos—que pagan los contribuyentes- y que en muchas ocasiones aportan a los sistemas de seguridad social sin siquiera recurrir a ellos. Por lo visto, algunos congresistas estadounidenses harían bien en leerlo.

Merece citarse el comentario de Stephen Moore, del Cato Institute, acerca de la influencia de Simon: "Gracias en parte a Julian Simon, Estados Unidos dejó de financiar programas coercitivos de control poblacional alrededor del mundo, entre ellos la política genocida de China de un hijo por pareja. Luego fue invitado al Vaticano a explicar sus teorías. "No son muchos los chicos judíos de Nueva Jersey a quienes se invita a tener una audiencia con el Papa" me dijo con regocijo. Una encíclica posterior del Papa Juan Pablo II tuvo claramente su influencia, ya que urgía a los gobiernos a tratar a la gente como activos productivos.

Por último, otra idea provocadora y de la misma estirpe de otro economista brillante, Theodore W. Schultz (1902-1998), Premio Nobel de Economía de 1979: "Buena parte de lo que denominamos consumo es inversión en capital humano aunque no lo capten las cuentas nacionales".