Estadounidenses arrogantes versus alemanes irresponsables

Por Doug Bandow

Estados Unidos permanece en guerra en Afganistán, tiene tropas buscando a terroristas en África y el Sudeste asiático, y se prepara para invadir a Irak; y si ésos no fueran suficientes enemigos, Richard Perle, presidente del Consejo de Políticas de Defensa, quiere añadir a Alemania a la lista, solicitándole la renuncia al recién reelecto Canciller alemán Gerhard Schroeder.

¿Por qué? Porque Schroeder criticó la política estadounidense hacia Irak: "Nunca en mi vida he visto que las relaciones con un aliado cercano se deterioren tan profundamente en tan poco tiempo", dijo Perle.

En lugar de repugnarle la idea de que Berlín proclame una política independiente, Washington debería aprovechar la oportunidad para empujar a Europa hacia la independencia en materia de defensa. Sin la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia, no hay ninguna amenaza que justifique la protección de Estados Unidos a los europeos.

Desgraciadamente ningún bando se ha manejado con la suficiente madurez en la actual rencilla internacional. La administración Bush considera que aliados como Alemania deberían hacer lo que se les dice, sin hacer preguntas. La administración Schroeder cree que Alemania se merece un papel significativo en las relaciones internacionales, mientras reduce el tamaño de su ejército y confía en que Washington resuelva los problemas mundiales complicados.

A pesar de la pretensión norteamericana de tener un liderazgo internacional incuestionable, Berlín tiene derecho a fijar su propia política exterior. Incluso cuando la amenaza soviética ayudó a mantener cierto grado de unidad europea, los intereses entre Estados Unidos y sus aliados divergían frecuentemente.

Es mucho más natural hoy en día que otros miembros de la OTAN vean al mundo de una manera distinta de como lo hace Estados Unidos. Especialmente cuando se trata de lanzar una guerra sin provocaciones en la región más inestable del mundo.

Que Washington se crea el árbitro final de todas las disputas en cualquier parte del mundo molesta a algunos estadounidenses, y ciertamente debería preocupar a los europeos. Stuart Reid, editor asistente de The Spectator, señala que incluso algunos conservadores británicos han "empezado a ver a Europa como un bastión contra la diseminación de las ideas norteamericanas."

Estados Unidos actuará de manera más responsable únicamente cuando se vea confrontado con una oposición firme y consistente por parte de otras potencias. Entonces, en lugar de enojarse Washington debería actuar más sensatamente con el hecho de que el Canciller Schroeder, apoyado por los votantes alemanes, no esté enamorado de los planes agresivos de Washington contra Irak.

Aún así, es comprensible el por qué Europa tiene tan poca influencia sobra la política estadounidense. Europa, como un todo, es un agujero negro de seguridad para Estados Unidos. Es cierto, algunos analistas magnificaron el que, luego de los actos terroristas de septiembre del 2001, la OTAN invocara el artículo 5° por primera vez en la historia, declarando formalmente que el ataque contra Estados Unidos había sido un acto de agresión contra todos.

Sin embargo, las expresiones de solidaridad son baratas. Proveer un puñado de fuerzas especiales y prestar un par de aviones AWACS no hubiera sido necesario si Estados Unidos no destinara una porción substancial de su ejército a proteger a Europa. Los europeos harían mucho más por los estadounidenses si simplemente guarnecieran su propio continente, sin pretender que Estados Unidos mantenga 100.000 tropas para proteger a naciones prósperas e industrializadas, así como a otros 13.000 soldados para mantener el orden en los Balcanes, una región que no es de interés estratégico para los norteamericanos.

En resumen, Europa consume actualmente recursos de defensa de Estados Unidos sin dar nada a cambio. A pesar de todo, la alianza está considerando incluir a varios estados del Centro y Este europeo.

Expandir la OTAN no le representaría ningún beneficio a Estados Unidos, más bien extendería las garantías de seguridad norteamericanas a regiones periféricas, sin que se aumente el poderío militar occidental.

Tampoco queda ninguna duda de que se esperaría que Washington resuelva cualquier problema de seguridad nuevo. La membresía puede ser de OTAN, pero la garantía de seguridad es estadounidense. No es probable que sean las tropas alemanas las que enfrenten a las fuerzas rusas por alguna disputa en Letonia, digamos.

La meta de Washington debería ser la de convertir a la OTAN en una alianza conformada y manejada por europeos, mientras concentra sus recursos en amenazas genuinas a su propia seguridad. Sin embargo, esto requiere que los alemanes se pongan serios sobre su liderazgo internacional, incluyendo que tomen una postura militar más activa.

Obviamente la historia continúa sirviendo de disuasivo, aunque Berlín ha empezado a participar en operaciones militares internacionales, especialmente en los Balcanes y Afganistán. Sin embargo, en lugar de asumir responsabilidades internacionales serias y construir un ejército potente y orientado al futuro, Berlín permite que sea Estados Unidos el que pelee las luchas y confía en una fuerza militar con servicio obligatorio pasada de moda. De hecho, mientras Washington aumentó dramáticamente el presupuesto militar-el aumento de $46.000 millones propuesto por el presidente Bush es más de lo que cualquier otro país con la excepción de Rusia gasta en total-Berlín ha venido reduciendo constantemente sus gastos de defensa.

Washington actualmente gasta un equivalente de 10 a 1 de lo que la FRG desembolsa. Las fuerzas de despliegue norteamericanas en Alemania corresponden a casi un quinto de la totalidad del Bundeswehr.

En resumen, ¿debería alguien, y menos Estados Unidos, tomar en serio las pretensiones internacionales de Alemania?

Schroeder se develó como el candidato de la paz tan solo a un mes de las elecciones, sin ofrecer una visión de política exterior más amplia e independiente. Eso representaría dedicar los recursos necesarios para construir un ejército capaz y acabar con la dependencia de seguridad alemana y europea en Washington. Envolvería unirse con otros estados europeos para crear una política exterior y militar genuinamente independiente, y rechazar el uso del territorio alemán por parte de Estados Unidos para lanzar expediciones militares a las que se opone.

Este último paso-prohibir el uso de instalaciones alemanas para operaciones militares estadounidenses-es particularmente importante. La retórica por sí sola únicamente inspirará desprecio en Washington. El que el Canciller Schroeder critique los planes norteamericanos en Irak, pero no tome el paso necesario que retardaría la corrida de guerra de la administración Bush, demuestra que lo suyo es nada más un acto de politiquería.

Washington siempre ha esperado que Europa haga más militarmente; el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld propuso recientemente crear una fuerza de reacción rápida para utilizar fuera de Europa. Sin embargo, Estados Unidos todavía no quiere compartir la toma de decisiones con sus aliados.

De hecho, en la cumbre de la OTAN en Varsovia, Rumsfeld admitió que no se le ha solicitado a la alianza-lo que significa que muy probablemente no se le solicite-jugar un papel formal en alguna guerra con Irak: "No se me ha ocurrido; no lo hemos propuesto."

La administración Bush quiere siervos, no aliados. Sin embargo, Alemania y Europa no tienen que permaneces irrelevantes. La rencilla entre Bush y Schroeder le ofrece a Berlín y a otros estados europeos la oportunidad única de fijar un curso más independiente. Es tiempo de que Washington promueva dicho cambio.

Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.