Estados Unidos debería trabajar con Machado en una transición

Ian Vásquez dice que a diferencia de cualquier otro liderazgo político, el equipo de María Corina Machado goza de un apoyo y una legitimidad abrumadores.

Por Ian Vásquez

La captura y expulsión del dictador Nicolás Maduro fue motivo de celebración para todos los que han esperado el fin de la tiranía que ha convertido a Venezuela en uno de los países menos libres del mundo. Pero el profesionalismo con el que se planificó y ejecutó la operación militar contrasta con la manera en que se ha gestionado su aftermath, con mensajes contradictorios por parte de la Administración que han dejado a muchos sorprendidos o desilusionados y plantean más preguntas de las que responden.

Trump u otros funcionarios de la Administración han dicho que la operación era para sacar del poder a un narcoterrorista acusado formalmente y no el inicio de un ejercicio de construcción nacional; que Estados Unidos está "dirigiendo" Venezuela y que la ocupación militar es una opción; que Estados Unidos supervisará la recuperación económica y la reconstrucción de infraestructuras; que el acceso estadounidense al petróleo es una prioridad, y que, en contra de la realidad, la líder de la oposición legítimamente elegida, María Corina Machado, no cuenta con apoyo ni respeto entre los venezolanos.

Trump también ha dicho que Estados Unidos trabajaría por una transición, aunque no se especificó ningún calendario, y que hasta entonces trabajaría con el régimen. La dictadura ha sido decapitada, pero continúa su Gobierno represivo. Ese arreglo es insostenible porque el régimen carece de legitimidad y credibilidad. Las personas que siguen al mando en Venezuela —la presidenta interina Delcy Rodríguez, el ministro del Interior, Diosdado Cabello y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López— son todos verdaderos creyentes del socialismo y han sido miembros clave del aparato de represión brutal del régimen.

Deberíamos esperar que el régimen haga lo mínimo posible para cumplir con las exigencias de Washington y lo máximo posible para mantenerse en el poder. En la medida en que una transición hacia la democracia se acerque a convertirse en realidad, no deberíamos esperar que Cabello o Padrino López —que tienen las armas, están acusados por Estados Unidos y tienen sangre en las manos— esperen pacíficamente a que eso ocurra. La situación es inestable, impredecible y no es ideal para la inversión extranjera ni para el crecimiento.

Un camino mucho mejor es que Estados Unidos trabaje con Machado y su equipo en una transición. A diferencia de cualquier otro liderazgo político, ellos disfrutan de un apoyo y una legitimidad abrumadores. También tienen planes bien pensados para la transición y una agenda de reformas integral, incluida la privatización del monopolio petrolero, que contribuiría en gran medida a cumplir de forma efectiva importantes objetivos de política exterior de Estados Unidos.

Este artículo fue publicado originalmente en Agenda Pública (España) el 16 de enero de 2026.