Esperando el atardecer

Alfredo Bullard dice que "Acabar con la propia vida no está permitido en la mayoría de lugares. El derecho ha decidido que nuestra vida no es nuestra vida. Es de otros. En realidad es de todos, lo que significa que en realidad no es de nadie. Así que vivir tampoco es una verdadera opción. Es finalmente una imposición del sistema".

Por Alfredo Bullard

Todos tenemos días malos o buenos. Los malos a veces son realmente malos. Deseamos que el día se acabe pronto. Un consejo: ese día que desea no haberse levantado, aproveche el atardecer. Ir a ver la puesta del sol a un lugar tranquilo como una playa o una colina puede relajarnos y hacer más vivible lo que parece no serlo. Tratar de despedir un mal día sonriendo puede ser difícil, pero es mejor que acabar amargado o renegando. La paz parece el mejor remedio a un mal día.

Brittany Maynard tuvo un mal día. Un día que se volvió muy largo. Un día que duró varios días. Un día de enero pasado. Se levantó como cualquier otro. Se había casado recientemente. Tiene 29 años. Amaba a su marido. Quería tener un hijo y estaba tratando de hacerlo. Le dolía la cabeza. Ya llevaba varios días con esos dolores.

Ese día fue al médico. Le mandaron varios exámenes. Cáncer al cerebro. Incurable y doloroso. Solo quedaba esperar al atardecer que acabara con el mal día. Un atardecer incierto. No se sabía bien cuándo llegaría pero sería relativamente pronto. Una espera sin esperanza.

Brittany decidió con su familia que serán ellos quienes escojan el atardecer. Eligió así saber en qué momento se pondrá el sol. Se acerca el cumpleaños de su esposo. Quiere pasarlo con él. Escogió que el atardecer sea dos días después de su cumpleaños, el primero de noviembre próximo. Solo falta un par de semanas.

Acabar con la propia vida no está permitido en la mayoría de lugares. El derecho ha decidido que nuestra vida no es nuestra vida. Es de otros. En realidad es de todos, lo que significa que en realidad no es de nadie. Así que vivir tampoco es una verdadera opción. Es finalmente una imposición del sistema.

Bajo tal lógica, los demás tratan de evitar que quien quiere acabar con su vida lo haga. Y las personas que la asistan pueden terminar presas. Su deseo tiene color de delito. Pero Brittany tiene suerte. En EE.UU. hay cinco estados en los que el suicidio asistido por médicos está permitido. Por eso se mudó de California a Oregon. Allí las personas pueden elegir su atardecer.

Ha grabado un video. Lo pueden ver aquí. Cuenta su historia. Cuando supo que el sol se pondría antes de lo que esperaba, se dedicó a viajar con su esposo y su familia. Quiso pasar tiempo con ellos. Parte lo paso por acá. Uno de los sitios que muestra en el video es Machu Picchu. Enseña, además, las pastillas que tomará y el cuarto en que ocurrirá. Quiere sensibilizarnos sobre el derecho que tenemos todos a escoger. Ella tiene la suerte de poder mudarse a Oregon, pero no todos tienen los recursos ni la posibilidad de hacerlo. Pocos pueden aun escoger su atardecer. Pero ella puede escoger uno bonito. Doloroso, triste, pero bonito. Puede escoger darse a sí misma paz.

Más de 750 personas han hecho uso de su derecho a un atardecer digno en Oregon. La edad promedio es de 71 años. Solo seis han sido menores de 34.

Si la vida es un derecho, no puede ser una obligación. Puede ser triste tener que tomar una decisión así. Pero es más triste no poder decidir. Eso de hablar de derechos indisponibles es bastante absurdo. Entonces no son derechos.

No pretendo convencerlos de que tomar esa decisión es bueno. No sé si lo es. Uno puede tener creencias religiosas o morales en contra. Pero ese no es el punto. La gente es libre de creer que no lo debe hacer. Pero debe ser libre de no creerlo. No les corresponde a los demás imponer ese tipo de creencias. Finalmente vivir en contra de mi voluntad puede ser una forma bastante inhumana de morir.

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 18 de octubre de 2014.