España: ¿Productividad o competitividad?

Por Pedro Schwartz

La noción de “competitividad” no sirve para interpretar la situación deficitaria de la balanza exterior española. El déficit es ciertamente abultado, pues en los tres primeros trimestres de 2006 ha alcanzado una cifra equivalente al 9% del PIB. Mas por sí solo, un déficit exterior poco dice sobre la buena o mala salud de una economía. Todas las economías, incluso las menos “competitivas”, podrían siempre cubrir totalmente sus importaciones exportando bienes y servicios equivalentes, si estuvieran dispuestas a vivir más pobremente cuanto menos productivas fueran. Por suerte, incluso las economías más improductivas pueden endeudarse, sea para consumir, sea para invertir. Un déficit en la balanza exterior indica que los extranjeros están dispuestos a prestar fondos al país que lo incurre, a la espera de que se los devuelvan. Si el deudor es poco de fiar, porque está mal llevado, se le prestará a corto plazo. En cambio, si su Hacienda, sus empresas, sus familias son de confianza y su expectativa de crecimiento económico es halagѼeña, los créditos serán más abundantes y más prolongados.

Para analizar una economía en su vertiente exterior es preciso tener claras las nociones básicas, como la de ventaja comparativa que explicó David Ricardo en 1817. Razonó ese ilustre clásico el famoso ejemplo de los intercambios de paño y vino entre Inglaterra y Portugal, que todos los economistas recordamos o deberíamos recordar: Inglaterra era menos eficiente que Portugal en ambos productos, pero era de todas formas capaz de exportar paño porque era incluso menos productiva en vino. La lección de ese razonamiento es clara: incluso un país menos productivo que otro en todas sus actividades sería capaz de exportar para cubrir sus importaciones. Por decirlo con un ejemplo tomado del libro de texto que muchos hemos estudiado en nuestra juventud: Samuelson está dispuesto a alquilar los servicios de su secretario, a pesar de que él escribe a máquina mejor porque, si se especializa en su materia de economista, obtiene ganancias adicionales que le permiten contratar incluso a dos o tres ayudantes más. Habrá labor para el secretario mientras en su labor de secretaría no sea tan poco productivo como en su labor de economista.

Si una economía atrasada no es igualmente poco “competitiva” en todos los sectores, lo normal es que pueda exportar a otra lo suficiente para cubrir sus importaciones. La falta de productividad no implica que no pueda exportar a países más productivos, sino que tendrá que contentarse con venderles bienes de menor valor añadido por persona. Se colocará así en un nivel de vida inferior al que podría conseguir si fuera más productiva, pero ello nada nos dice sobre si mostrará un déficit o un superávit en la balanza exterior.

Para entender por qué España muestra un déficit en su balanza exterior debemos fijarnos en una relación y un parámetro: el ahorro nacional comparado con la inversión; y el hecho de que nuestra moneda sea el euro. El déficit exterior de un país debe interpretarse, no en un momento, sino a lo largo del tiempo, como una apuesta que hace un país que quiere crecer. Es el resultado de la diferencia entre la cuantía de inversiones que realiza y el correspondiente ahorro para financiarlas. En estos momentos el ahorro nacional supone aproximadamente un 23% del PIB, lo que ya es mucho más que otros países occidentales. Pero además la inversión en formación bruta de capital alcanza cifras equivalentes al 34% del PIB, de lo cual sólo la mitad es en construcción.

España, pues, está invirtiendo muy activamente y no sólo en vivienda. Diré de paso que la inversión en vivienda y en construcción no es un gasto tan negativo como se dice. Los españoles buscan aumentar su bienestar mejorando las casas en las que viven y adquiriendo un lugar de vacación. ¿Por qué no? También es positivo y más directamente productivo el gasto en ferrocarriles, aeropuertos y carreteras. La cuestión fundamental estriba en ir complementando la inversión en vivienda con inversiones que aumenten de forma continuada la productividad total de nuestros factores de producción. EE.UU. ha mantenido un amplio déficit en su balanza exterior mientras la economía ha prometido tasas de crecimiento notables, gracias a los avances tecnológicos. En esto de la economía del conocimiento los españoles deberíamos hacer más, pues nuestro sistema de educación es deficiente y la aplicación de nuevas tecnologías aún escasa.

Si se invierte más que se ahorra, habrá que buscar financiación en el exterior. Los capitalistas extranjeros atenderán esa demanda de fondos si consideran que recibirán suficiente remuneración y que se les devolverá el principal y los intereses. Esa continuada remuneración dependerá, como digo, de las inversiones productivas que garanticen que se va a mantener el notable ritmo de crecimiento de la economía española. Dada la liquidez que hay en el mundo, la principal preocupación es la seguridad. Aquí entra en juego nuestra pertenencia al área del euro. Los inversores extranjeros no temen ya que nuestra moneda sufra una repentina devaluación. Pero el euro no es todo: fíjense en lo mal que lo están pasando los italianos y los portugueses. El déficit exterior español es sostenible y se irá corrigiendo suavemente si conseguimos seguir creciendo en productividad.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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