España en retroceso

Por Lorenzo Bernaldo de Quirós

Bajo el guante de seda de la retórica socialista se esconde un puño de hierro destinado a llevar a los hechos el viejo y sofisticado lema guerrista de “a España no la va a conocer ni la madre que la parió”. El gabinete del PSOE tiene hoy la agenda más extremista del mundo desarrollado y reedita en versión post moderna los tópicos de la izquierda más dura de los años setenta. Eso sí, un magistral ejercicio de la propaganda les permite vender su programa como la encarnación de los valores centristas y moderados.

En una contrarreloj brillante, el presidente ha logrado realizar un giro copernicano en la política exterior española. Con una visión entre la utopía y el izquierdismo cañí ha logrado hacer de España adalid de un nuevo movimiento de los países no alineados, vanguardia de las reivindicaciones de los oprimidos del mundo contra el imperialismo americano. En Europa se ha optado por la vuelta a una singular mayordomía con el eje franco-alemán cuyos réditos son discutibles porque los intereses de Francia y Alemania no son los de un Estado periférico en el puro sentido geográfico como lo es la Vieja Piel de Toro. La apuesta en iberoamérica por el tirano populista Chávez, el apoyo a los grupos antisistema en Bolivia, Colombia, Ecuador o Perú y la asistencia a Castro son ejemplos claros de una diplomacia fenecida.

España ha conseguido lo imposible. Eliminar sus ventajas comparativas en su acción exterior, dañar sus intereses estratégicos en la escena global, ponerse al servicio de los señores feudales de Francia y Alemania y quebrar los equilibrios europeos y mundiales en nombre de unos supuestos ideológicos del pasado. Marruecos, amigo-enemigo tradicional, tiene menos incentivos para cooperar con España cuando la alianza francesa y la defección norteamericana hacen perfectamente prescindible a España. En Iberoamérica vamos a ver qué pasa con las multinacionales españolas cuya proyección durante los últimos años hubiese sido impensable sin el paraguas estadounidense. Los ejemplos podrían multiplicarse. En el plano económico, el Gobierno ha comenzado un proceso de liquidación del modelo económico del PP. La política presupuestaria ha vuelto a estar al servicio de intereses político-electorales incompatibles con la estabilidad. Las reformas liberalizadoras están paralizadas cuando no en retroceso, léase distribución comercial. La estrategia económica del PSOE se ha convertido en una caja de Pandora en la cual sin coherencia ninguna se intenta satisfacer las demandas de los distintos grupos de presión sin tener en cuenta los generales del país. Es la vieja historia de siempre. El PSOE prima las exigencias ideológicas sobre las de la economía lo que antes o después pasa una factura demoledora. Se ha dinamitado el modelo económico que hizo posible ocho años de expansión. Vuelven aquellos chalados en sus viejos cacharros.

En el ámbito territorial se ha abierto un auténtico mercado persa, versión subasta, en el cual todo es posible. Zapatero ha hecho suyo el lema “cronweliano” conforme al cual “nadie llega tan lejos como cuando no sabe adonde va”. A estas alturas es imposible saber el esquema institucional-constitucional del PSOE lo que supone un enorme riesgo, por no decir una irresponsabilidad, en un país con movimientos centrífugos poderosos. En el Estado más descentralizado de la OCDE, el salto al vacío de la reforma constitucional del PSOE puede acabar con los estándares mínimos que hacen viable un Estado. Ya no se trata de plantear un debate entre federalismo y unitarismo, ojalá, sino que se plantea un paso hacia el vacío, hacia el terreno de lo ignoto, eso sí con un talante maravilloso. Guste o no, la idea de una España con derechos y deberes iguales para todos los ciudadanos está en cuestión y el gobierno de la nación parece ignorarlo.

A tenor de las encuestas, el país está encantado con el PSOE. Las formas priman sobre los contenidos en esta gloriosa España de comienzos del siglo XXI. Aznar estaría equivocado en muchas cosas, pero tenía una gran confianza en el futuro de este país, en su capacidad de hacer grandes cosas. Creía que podría jugar entre los grandes. El PSOE tiene una visión alicorta y provinciana de España. Quizá sea la deseada por la mayoría de los ciudadanos y eso en democracia es ley. Sin embargo, un alto nivel de vida es imposible de mantener en el tiempo huyendo de las responsabilidades globales, de la asunción de riesgos y de las reglas de una economía competitiva que exige rigor macro y reformas estructurales, conceptos ajenos al PSOE. Quienes piensan que el cambio es gratis y que es posible tener empleo, ser más rico y vivir bien contra la marea de los tiempos se equivocan y antes o después van a pagar un alto precio por ello. El país soñado con Zapatero asemeja a una bella mujer con la cabeza en las nubes y los pies sobre arenas movedizas.