¿Es la ayuda externa una cuestión de justicia?

Marian Tupy señala que "Apelar al sentido de justicia puede que sea una buena estrategia para silenciar a los críticos de la ayuda externa. Pero obscurece los problemas más importantes a los que se enfrenta África: pésimos gobiernos y políticas mal concebidas".

Por Marian L. Tupy

ONE, una organización no gubernamental fundada por los cantantes Bono y Bob Geldof, recientemente lanzó un video que contrasta la vida próspera en el mundo desarrollado con la miseria africana. El mensaje es que reducir la pobreza en África, lo cual ONE intenta lograr principalmente mediante transferencias financieras de Occidente, “no se trata de caridad. Se trata de justicia”. Apelar al sentido de justicia puede que sea una buena estrategia para silenciar a los críticos de la ayuda externa. Pero obscurece los problemas más importantes a los que se enfrenta África: pésimos gobiernos y políticas mal concebidas.

Para la gran mayoría de personas, la “justicia” comprende la determinación de un daño, la identificación de los culpables y la compensación de los perjudicados. Viendo el video de ONE identificamos sin duda alguna a los culpables: Somos nosotros, las personas de Occidente que disfrutamos de la buena vida mientras que África se muere de hambre. ¿Por qué ONE relaciona la prosperidad occidental con la pobreza africana?

El consumo occidental refleja la producción occidental. Cada dólar que las personas gastan en Occidente primero lo tienen que producir o pedir prestado, principalmente de otros occidentales. Cuando los gobiernos gastan más de lo que recaudan en impuestos, ellos también tienen que pedir prestado. En casos extremos, una sucesión de gobiernos despilfarradores puede llevar a una nación a la bancarrota, como sucedió en Argentina en 2002, o cerca de la bancarrota, como lo que ocurre en Grecia actualmente. Pocos en Europa consideran que el posible rescate de Grecia es una cuestión de justicia y muchos se oponen a este.

El gobierno de un país que adopta buenas políticas económicas, como las de la próspera Suiza, puede elegir ayudar a un país cuyo gobierno ha adoptado políticas económicas desastrosas, como la afligida Haití. Pero tal ayuda externa es una cuestión de caridad y no de justicia.

A lo largo de los últimos 50 años, muchos países, incluyendo los tigres asiáticos y Chile, han liberalizado sus economías y han adoptado el libre comercio. Como resultado, han prosperado. Más recientemente China e India siguieron el ejemplo. Desdichadamente, a principios de los sesenta muchos gobiernos africanos eligieron en cambio alguna variedad del socialismo. Mientras que los países de Europa Central rápidamente desmantelaron sus economías socialistas luego del fin de la Guerra Fría y prosperaron gracias a esto, las reformas económicas africanas siguen sin materializarse.

La pobreza de África no se debe al consumo y la avaricia de Occidente, sino al hecho de que produce poco. La mayoría de economistas consideran que la baja productividad africana es, en gran medida, el resultado de políticas contraproducentes, tales como las restricciones a la empresa privada, malas instituciones y un inadecuado Estado de Derecho. Desafortunadamente, lejos de estimular el crecimiento y reducir la pobreza a lo largo de los últimos 60 años, la ayuda externa ha servido para desalentar las reformas económicas e institucionales.

Los gobiernos que dependen de los impuestos a la renta generalmente rinden más cuentas a sus ciudadanos y responden más a sus deseos de progresar económicamente. En África, el flujo constante de ayuda externa ha estancado el desarrollo democrático y del sector privado.

Además, la ayuda externa que no fue desperdiciada en elefantes blancos muchas veces fue saqueada por políticos y burócratas africanos. La corrupción protegió a la elite africana de las consecuencias negativas de sus propias acciones. Cuando el pueblo se rebeló, como los etíopes luego de las elecciones manipuladas de 2005, fueron reprimidos por sus propias tropas, las cuales en parte son financiadas con la ayuda externa. De acuerdo a Paul Collier de Oxford University, entre 1960 y 1999, la ayuda financió alrededor del 40 por ciento del gasto militar de África.

Considerando cómo la ayuda externa ha obstaculizado el desarrollo económico en África a lo largo de los últimos 60 años, no sorprende que Bono y Geldof prefieran defender las transferencias financieras de Occidente a África en términos de justicia en lugar de efectividad. Aún así, al ver su actitud moralista, uno no puede evitar preguntarse quién es el verdadero beneficiado de la ayuda externa. ¿De verdad son los africanos esas víctimas miserables de la injusticia occidental? ¿O simplemente preferimos verlos de esta manera porque esto nos permite jugar el papel de nobles salvadores?

La verdad es que solamente los africanos pueden mejorar su situación. Nuestra responsabilidad es no hacerles más difícil la tarea. La ayuda externa hace eso y también algunas otras políticas occidentales, principalmente los aranceles agrícolas y los subsidios para los agricultores en los países ricos. Lo “justo” sería deshacerse de estas políticas y no darle a África más de esa dañina ayuda externa.

Este artículo fue publicado originalmente en The Wall Street Journal (Edición de Europa) el 22 de abril de 2010.

Este artículo ha sido reproducido con el permiso del Wall Street Journal © 2011
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