Engaños del etanol

Por Carlos A. Ball

No me hace ninguna gracia que ponerle gasolina a mi automóvil cuesta más que cenar en un restaurante con mi esposa. Pero aún más me molestan los engaños, mentiras y calumnias de políticos y burócratas que politizan y empeoran el problema, al mismo tiempo que encubren los errores de sus programas, leyes y dañinas regulaciones.

En 2006, cuando la gasolina se vendía a 3 dólares el galón, la industria petrolera de Estados Unidos incluyendo al sector refinación obtuvo una ganancia promedio de alrededor de 10 centavos de dólar por galón vendido, mientras que el gobierno federal recibía 18 centavos por galón en impuestos directos sobre la venta y los estados bastante más: 60 centavos por galón en Nueva York y 46 centavos en Florida.

Entonces, ¿quiénes son los especuladores?, ¿los ejecutivos y accionistas de las petroleras que arriesgan miles de millones de dólares en exploración, extracción, transporte, refinación y distribución o los políticos que nos arrancan una mayor tajada, han impedido la construcción de nuevas refinerías, prohíben la extracción petrolera en las costas de Estados Unidos y en Alaska, al mismo tiempo que permiten la operación del cartel de la OPEP y subsidian proyectos antieconómicos como el etanol? Es posible que en Brasil produzcan etanol derivado de la caña de azúcar a costos razonables. Pero la azúcar en Estados Unidos es un oligopolio ineficiente, protegido por ambos partidos, y los nuevos subsidios están dirigidos a la producción de etanol derivado del maíz. El problema es que se gasta más energía en su producción de la que se obtiene como combustible y se ha disparado el precio del maíz, afectando el costo de los alimentos porque 70 por ciento del maíz se utiliza para alimentar al ganado y pollos.

Según la investigación realizada por la Universidad de Cornell, la producción de etanol es un “insostenible subsidio para quemar alimentos” porque se requieren 530 litros (140 galones) de combustibles para sembrar, cultivar y recoger la cosecha de un acre de maíz. Esto significa que antes de comenzar a procesar el maíz para convertirlo en etanol ya se ha incurrido un costo de más de un dólar por galón.

Según el profesor David Pimentel de Cornell, se requiere la utilización de 70 por ciento más energía en la producción de etanol que la energía contenida en el etanol mismo. Añade: “la producción de maíz en Estados Unidos erosiona las tierras 12 veces más rápido de lo que se logran restablecer y su irrigación requiere 25 por ciento más del agua recuperada en los pozos… El maíz no debe ser considerado como un recurso renovable en la producción de energía, especialmente cuando el alimento humano se está convirtiendo en etanol”.

Pimentel aclara que “el automóvil promedio que recorre 10 mil millas al año utilizando solamente etanol como combustible gasta 852 galones, lo cual requiere 11 acres de siembras de maíz, tierras que podrían alimentar a siete personas”.

Todo el ruido de Washington con el etanol no es otra cosa que propaganda política para esconder dádivas y subsidios a la poderosa industria agrícola del medio oeste, con fines puramente electorales. Se trata de miles de millones de dólares en subsidios, cuyo costo no aparece en el precio de la mezcla de gasolina con etanol. Y la industria petrolera de Estados Unidos, satanizada por Al Gore y congresistas populistas, no se atreve a denunciar los engaños de los políticos, pero ya hay indicaciones de que están reduciendo sus inversiones y la cantidad de petróleo refinado.

Como decía Ronald Reagan: “el gobierno no soluciona problemas, los subsidia”.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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