En apoyo de la empresa

Si usted está ahorrando para su jubilación o para pagar los estudios de sus hijos, ¿es más probable que invierta su dinero en acciones de una empresa que crece y paga buenos dividendos o en otra que se enorgullece de su “responsabilidad social”? Quizás usted quiera invertir su dinero en ambas, pero la realidad es que aquellas compañías que cambian el enfoque de beneficiar a sus dueños por el de “responsabilidad social” producen un rendimiento inferior a sus accionistas.

Por Richard W. Rahn

Si usted está ahorrando para su jubilación o para pagar los estudios de sus hijos, ¿es más probable que invierta su dinero en acciones de una empresa que crece y paga buenos dividendos o en otra que se enorgullece de su “responsabilidad social”? Quizás usted quiera invertir su dinero en ambas, pero la realidad es que aquellas compañías que cambian el enfoque de beneficiar a sus dueños por el de “responsabilidad social” producen un rendimiento inferior a sus accionistas.

Es una ironía que una organización llamada Business Ethics (ética comercial) que evalúa a las empresas con un índice de responsabilidad social que incluye “diversidad”, “preocupación por el medio ambiente”, etc. entregó el premio 2004 de Mejor Ciudadano Corporativo a Fannie Mae. Unos cuantos altos ejecutivos de Fannie Mae, incluyendo su presidente (quien fue previamente director de la Oficina del Presupuesto bajo Clinton) y su ejecutivo financiero tope tuvieron que renunciar por trampas en la contabilidad.

La ironía es mayor cuando tomamos en cuenta que Fannie Mae es una empresa fundada por el gobierno, que varios de sus directores son nombrados a través de un proceso político y que sus infracciones provocaron un rendimiento negativo para sus accionistas, a pesar de la ventaja que le da frente a sus competidores el hecho que el gobierno federal garantiza implícitamente sus finanzas.

Sí, esa parcialmente corrupta e incompetente empresa es el prototipo utilizado por la izquierda sindical y ambientalista en su guerra contra el empresariado. Si revisamos la lista de las compañías “socialmente responsables”, según el criterio izquierdista, encontramos muchas más empresas con baja rentabilidad que en aquellas otras cuyo enfoque son los negocios en sí. Las empresas deben respetar las leyes y deben operar ética y responsablemente, pero no tienen la obligación de funcionar como un organismo promotor del bienestar general.

Quienes critican al sector privado no comprenden que la sociedad crea instituciones diferentes para ejercer funciones diferentes y a todos nos conviene que tales funciones no se mezclen. El gobierno fue establecido para crear las reglas, proteger a la propiedad y a las personas, asegurando un orden de libertad y justicia para todos. Las iglesias sirven al espíritu y, a menudo, las necesidades materiales de sus miembros. Las instituciones caritativas aportan al bienestar y a la educación, razón por la cual reciben privilegios impositivos especiales por no tener fines de lucro.

Las empresas se fundan para crear beneficios a sus dueños. Esos beneficios provienen de proveer bienes y servicios que la gente desea adquirir. En su búsqueda de ganancias, las empresas crean verdaderos puestos de trabajo y avances en tecnología, con lo cual logran un mundo mejor para todos. Los gobiernos, por sus propios fracasos, a menudo tratan que las empresas se conviertan en entidades para que se cumplan las leyes. Por eso, los bancos están supuestos a agarrar a los lavadores de dinero y a los narcotraficantes y todas las demás empresas están supuestas a hacer cumplir las leyes de inmigración. Estas son actividades para las cuales las empresas no están bien equipadas y que en realidad son responsabilidades del gobierno.

Muchas empresas han caído ante el chantaje de organizaciones ambientales y sindicales que con la complicidad de algunos medios de comunicación amenazan con boicotear sus productos y servicios, y hasta destruir sus instalaciones. Por eso, muchas empresas donan dinero a los entes que las amenazan, lo cual reduce las ganancias de sus accionistas y destruye puestos de trabajo.

Felizmente existe una fundación en Washington, Capital Research Center, con la valentía de informar sobre esos chantajes y sobre las empresas y sus ejecutivos que se han dejado dominar por chantajistas.

Defender el capitalismo y el buen ambiente para las inversiones es tan importante como defender a la empresa contra competidores agresivos.

Los impuestos, las regulaciones y las actividades de grupos radicales a menudo afectan más las ganancias de las empresas que la comercialización y el desarrollo de nuevos productos. Las empresas que no invierten en defenderse de los asaltos de los enemigos del capitalismo a menudo terminan pagando un precio muy alto.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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