El terrorismo representa una amenaza terrible y trágica pero controlable

Por Ted Galen Carpenter

Comparada con las amenazas letales del siglo veinte, la amenaza estratégica que representan los terroristas musulmanes radicales está en las ligas menores. El 11 de septiembre del 2001, los terroristas mataron a alrededor de 3.000 personas y los siguientes ataques en Bali, Madrid, Istanbul, Londres y Mumbai han matado a cientos más. Aunque no dejan de ser trágicas, esas muertes palidecen en comparación a los casi 100 millones de muertes de las dos guerras mundiales.

Como lo dice su membrete, los terroristas islámicos son aterrorizadores y ellos pueden a veces infligir daños terribles, como lo descubrimos con mucha pena hace cinco años. Pero el terrorismo siempre ha sido la estrategia de los participantes débiles, no de los fuertes y el terrorismo musulmán radical no es la excepción.

La analogía histórica más cercana de la amenaza terrorista musulmana radical no lo son ni las dos guerras mundiales ni la Guerra Fría. Es la violencia realizada por las fuerzas anarquistas durante el último tercio del siglo diecinueve. Los anarquistas cometieron numerosos asesinatos de alto perfil, incluyendo aquel del Zar ruso, el de la emperatriz de Austria-Hungría y el del Presidente William McKinley. También fomentaron numerosos planes de bombardeo y rebeliones, incluyendo la notoria rebelión de Haymarket en EE.UU. Los Newt Gingriches de esa época también se sobresaltaban y advertían de una tremenda amenaza a la civilización occidental. En realidad, los anarquistas fueron capaces de efectuar nada más que pinchazos y la vida siguió adelante.

Los musulmanes radicales solo son un poco más potentes. Las agencias de inteligencia estadounidenses estiman que no hay más de unos cuantos miles operativos de Al Qaeda— muchos de los cuales están escondidos en Afganistán o Pakistán.

Sin embargo es razonable tenerles miedo y debemos mantener su amenaza en perspectiva. Aún en el improbable peor escenario —aquel en el que Al Qaeda llega a obtener un arma nuclear y de alguna manera descubre como detonarla (no es una tarea fácil)— la envergadura de la destrucción, mientras que terrible, todavía no empezaría a rivalizar los horrores del anterior siglo, mucho menos lo que hubiese ocurrido si la Guerra Fría se hubiese convertido en una caliente. No hay un prospecto realista de que Al Qaeda obtenga miles de armas nucleares.

Considere la envergadura de la amenaza presentada por la Alemania Nazi y sus aliados durante la segunda guerra mundial. Alemania era el poder económico número dos en el mundo y tenía una fuerza armada extremadamente poderosa —probablemente la mejor en el mundo. En la cima de su éxito, la armada alemana logró conquistar casi toda Europa, y las fuerzas japonesas tomaron control de casi toda Asia del Este. Se necesitó del esfuerzo militar combinado de varios grandes poderes para derrotar las ambiciones de dominación global de los fascistas. Cuando todo se calmó, más de 50 millones de personas habían perecido.

Durante la Guerra Fría, la Unión Soviética era el poder militar número dos del mundo. Moscú dominaba a Europa Oriental y Central y sus fuerzas convencionales podrían haber controlado al resto del continente y condenado a millones más de personas a la esclavitud comunista. Con un arsenal de miles de armas nucleares, era capaz de eliminar gran parte de las ciudades estadounidenses y de efectivamente acabar con la civilización moderna en EE.UU. La unión Soviética, como la Alemania Nazi que existió antes de ella, era una amenaza estratégica de gran magnitud.

Las aseveraciones absurdas de que el conflicto de EE.UU. con Al Qaeda y con sus aliados del radicalismo islámico constituye la próxima guerra mundial, se están escuchando cada vez más. Newt Gingrich es el último en decirlo, pero Norman Podhoretz, publicador de la revista Commetnary, el comentador Sean Hannity de Fox News, y muchos líderes de opinión y políticos han expresado lo mismo. De hecho, lo único en lo que no están de acuerdo estos “salvadores nacionales” parece ser la cuestión de si el actual conflicto es la Cuarta o la Quinta Guerra Mundial en vez de la Tercera.

Aún así muchas de las medidas que han adoptado EE.UU. y otros países son tácticas glorificadas de seguridad nacional en lugar de un verdadero combate. El plan de bombardear aviones del mes pasado en Gran Bretaña fue truncado de esa manera, como también se dieron por terminadas las células de Al Qaeda en Hamburgo y Madrid. Con la excepción de la invasión estadounidense de Afganistán, esta es la naturaleza de la guerra en contra de los extremistas del radicalismo islámico. Mientras que antes bombardeábamos sin discriminación a nuestros adversarios, ahora utilizamos en gran parte medidas no militares.

Debemos reconocer que el terrorismo representa una amenaza para EE.UU. terrible y trágica pero controlable. Gingrich, Podhoretz y otros instigadores de miedo nos perjudican inmensamente al exagerar su peligro. La única manera en la que esta lucha podría convertirse en la próxima guerra mundial es solo si los líderes estadounidenses escuchan el consejo de ellos y aumentan nuestra la intensidad de nuestras reacciones en una guerra entre el Occidente y el Islam. Mientras que lamentamos la pérdida de vidas, debemos recordar que nosotros tenemos más poder que nuestros enemigos para empeorar nuestro destino. Tanto para los muertos como para los vivos, nosotros debemos asegurarnos de que eso no ocurra.

Traducido por Gabriela Calderón para Cato Institute.