El teatro Kabuki de las inspecciones de armas en Irak

Por Doug Bandow

Los inspectores de armas de la ONU en Irak han tomado repentinamente el escenario. Pero el proceso es una acción secundaria. El verdadero asunto aquí es si una invasión es necesaria para proteger a Estados Unidos.

El descubrimiento de una docena de ojivas químicas vacías desencadenó un debate internacional. Los inspectores viajaron a Bagdad recientemente a demandar mayor cooperación. "Se logró algún progreso", dijo Mohamed ElBaradei, director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica.

Mientras que los inspectores están utilizando la amenaza de una guerra para ganar mejor acceso, la administración Bush ve a las inspecciones como un obstáculo a vencer si se quiere desarrollar un pretexto para la guerra.

Antes de que las inspecciones siquiera empezaran, John R. Bolton, subsecretario de Control de Armas y Seguridad Internacional, declaró: "Nuestra política... insiste en un cambio de régimen en Bagdad y dicha política no será alterada vayan los inspectores o no."

De hecho, ninguna persona seria cree que Irak se ha desarmado genuinamente en respuesta a las Naciones Unidas. Entonces, las inspecciones no importan. La interrogante sería: ¿Es la guerra la única manera de lidiar con Bagdad?

La respuesta es no. Saddam Hussein no es el único dictador cruel del mundo.

Irak tampoco es la única nación que ha amenazado a sus vecinos. Hussein es un predador cuidadoso, no un megalómano. Por muchos años ha combatido a los separatistas chiítas y kurdos. En esto él no es diferente a la vecina Turquía, la cual destruyó 3.000 poblados y desplazó hasta dos millones de personas antes de derrotar a la insurgencia kurda del país.

En 1980 Hussein atacó a Irán, la cual mantenía una larga disputa con Irak. Estados Unidos apoyó a Hussein ya que le temía más a Irán. Bagdad invadió Kuwait en 1990 bajo la equivocada presunción de que Washington consentiría. Después de todo, la embajadora estadounidense April Glaspie le dijo a Hussein que la primera administración Bush "no tenía ninguna opinión" sobre la disputa fronteriza.

Desde entonces, Hussein no ha hecho nada. La disuasión funciona igualmente bien contra el uso de armas de destrucción masiva. Hussein empleó armas químicas contra los kurdos y los iraníes, pero ninguno de ellos tenía medios con qué tomar represalias. En contraste, Hussein enfrentaría la destrucción nuclear por parte de Estados Unidos.

De hecho, la disuasión persuadió a Hussein de no emplear agentes químicos y biológicos durante la Guerra del Golfo, a pesar de que las bombas llovían sobre él.

La disuasión funcionará en el futuro, al menos que Estados Unidos invada para obligar a un cambio de régimen. Entonces Hussein no tendrá razón alguna para no desatar cualquier tipo de armas que tenga contra las tropas estadounidenses, los civiles israelíes y los aliados árabes de Estados Unidos. Los ataques del 11 de septiembre realzaron el tema del terrorismo, pero los halcones de la administración Bush han venido impulsando una guerra contra Irak mucho antes que eso.

Si hubiera evidencia seria que ligue a Hussein con al-Qaeda—los dictadores seculares y los fanáticos religiosos rara vez se mezclan—el presidente George W. Bush hubiera presentado su caso.

En el futuro, es muy poco probable que Hussein coopere con dichos grupos, ya que se arriesga a represalias devastadoras si dichos lazos fueran descubiertos. En las postrimerías de cualquier otro ataque terrorista, Bagdad es el primer lugar que Washington registraría.

La guerra también genera un mayor riesgo de proliferación de grupos terroristas. El embajador de una nación aliada mostró privadamente la siguiente preocupación: Conforme su régimen colapsa, Hussein podría dispersar un par de docenas de envases de ántrax a sus oficiales militares y de inteligencia leales, pidiéndoles que hagan el mayor daño posible. O simplemente se los daría directamente a los agentes de al-Qaeda. También hay otras consecuencias de la guerra. Atacar a Irak muy probablemente encenderá el odio islámico hacia Estados Unidos, ofreciendo otro rencor más para reclutar terroristas.

Además, el conflicto podría desestabilizar a regímenes amigos frágiles, tales como el de Pervez Musharraf de Pakistán. Imaginémonos a un gobierno islámico fundamentalista con arsenal nuclear en Islamabad. Más aún, la guerra probablemente desvíe la atención y recursos de la batalla contra al-Qaeda. Los atentados terroristas explotan alrededor del mundo, mientras que soldados estadounidenses son tiroteados incluso en Kuwait, el aliado más cercano de Estados Unidos en el golfo.

Los combates continúan en las montañas de Afganistán, donde los soldados norteamericanos están siendo emboscados por fuerzas que escapan a Pakistán. El atacante más reciente fue un agente fronterizo paquistaní.

Y aún así, Islamabad juega en ambos lados del campo, ofreciendo cooperación cuando es presionado por Washington, pero evitando la confrontación con los radicales islámicos en la medida de lo posible. Un ataque estadounidense a Irak reduciría la influencia de Estados Unidos de demandar ayuda y los incentivos de Pakistán de acceder a dichas solicitudes. Las relaciones con otras naciones necesarias para combatir las redes internacionales terroristas—Egipto, Indonesia, Malasia, Arabia Saudita—se tensarían de igual forma.

Y luego está la posguerra. Las tropas estadounidenses continúan ocupando al estado artificial de Bosnia seis años después de que el presidente Clinton prometiera que regresarían a casa. Lidiar con los kurdos independistas, los chiítas hostiles, los líderes tribales, los elementos baatistas, y los emigrantes que regresan mientras se hacen malabares con las demandas de Irán y Turquía sería sumamente difícil.

"No creemos que la guerra sea inevitable", afirma el inspector de armas en jefe de la ONU, Hans Blix. No lo es, pero no por las inspecciones. La guerra no es inevitable porque George W. Bush todavía puede decir que no. Y debería decir no, porque la guerra no calza con los intereses nacionales de Estados Unidos.

Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.