El Salvador: El populismo y el juicio de los pueblos

Manuel Hinds dice que "Los crecientes problemas de los países de la periferia de Europa están marcando el final de la fatal ilusión de que el tomar dinero prestado para financiar crecientes gastos y déficits fiscales es el camino al progreso".

Por Manuel Hinds

Los crecientes problemas de los países de la periferia de Europa están marcando el final de la fatal ilusión de que el tomar dinero prestado para financiar crecientes gastos y déficits fiscales es el camino al progreso. No es una sorpresa que estos países se estén desplomando económicamente. Su desplome es el resultado de gobiernos que han gastado desaforadamente para lograr popularidad, sin importarles cómo tendrán que pagar los ciudadanos bajo el gobierno de sus sucesores. El pretexto para gastar de esta manera se lo dieron teorías económicas que se ofrecen a los políticos para justificar cualquier cosa, incluyendo el endeudamiento incontrolado, prometiendo que si el gobierno gasta enormes cantidades va a lograr que la economía crezca, con lo que el peso de la deuda en vez de aumentar disminuirá.

Estas teorías están correctas sólo en el sentido aritmético de que si la economía crece más que lo que crece la deuda, el peso de ésta (la relación entre el volumen en dólares de la deuda y el Producto Interno Bruto del país) disminuirá. Sin embargo, como el caso de los países europeos muestra claramente, y como incontables casos lo han demostrado en la historia, el gasto desaforado no causa crecimiento sino desperdicio y graves dislocaciones económicas que luego hay que reparar. En vez de crecer sanamente, los países que caen bajo la influencia de estas políticas luego tienen que pasar muchos años pagando los excesos de políticos del pasado.

El presidente Mauricio Funes está muy consciente de que es terriblemente injusto cargar a las generaciones futuras por los excesos de los políticos de turno, y lo ha expresado con mucha fuerza varias veces. El único problema es que, como con frecuencia parece pasarle, tiene la secuencia de los hechos al revés. El atribuye los problemas fiscales de su gobierno a lo que él llama los desperdicios de los gobiernos anteriores de ARENA.

Si fuera cierto lo que el presidente Funes dice la deuda hubiera aumentado sostenidamente durante todos los años de ARENA hasta llegar a la inauguración del presidente Funes, a partir de la cual la carga comenzaría a disminuir. La realidad, sin embargo, es lo opuesto. Un gobierno populista anterior subió en los años ochenta el peso de la deuda hasta más del 50 por ciento del PIB. Luego, los gobiernos de ARENA no sólo pagaron esas deudas sino que también bajaron el peso de su remanente con respecto al tamaño de la economía, de más de 50 a 27 por ciento del PIB. Pareciera que el presidente Funes cree que él hizo esto, cuando en realidad fueron los presidentes Cristiani y Calderón Sol.

La proporción de la deuda al PIB subió luego por la necesidad de reconstruir el país después del terremoto de 2001 y de la gran inversión en carreteras que se llevó a cabo en esos años. Luego de que este esfuerzo terminó, la carga de la deuda volvió a disminuir, de 40 a 35 por ciento del PIB entre el 2006 y el 2008. Luego, en 2009 y 2010, en el último año del presidente Tony Saca y principalmente en los primeros dieciocho meses del régimen del presidente Funes, la deuda se ha disparado hasta llegar en este momento al nivel al que lo había dejado el anterior gobierno populista de izquierda, con más de 50 por ciento del PIB. O sea, todo ha sido al revés de lo que siempre dice el presidente.

Como en todos los casos en los que se ve aquejado por estas inversiones de la realidad, es importante que el presidente se dé cuenta de que la historia es al revés de lo que él piensa. Así como va, los hechos están demostrando que la irresponsabilidad la está cometiendo su gobierno, y que él puede hacer esto porque los gobiernos de ARENA fueron responsables y le dejaron la carga de la deuda en un nivel bien bajo.

Quizás si el presidente considera estos datos dejará de decir lo que dice y, más importante, deje de hacer lo que está haciendo: dejando un país en el que no sólo está aumentando la deuda a gran velocidad sino uno en el que no está dejando obras ni crecimiento que puedan justificar este endeudamiento.

Así como va, el pueblo lo culpará a él por el desperdicio, igual que él trata de hacer con los presidentes anteriores. Pero, diferente de él, el pueblo no estará invirtiendo la realidad al hacerlo.

Este artículo fue publicado originalmente en El Diario de Hoy (El Salvador) el 2 de diciembre de 2010.