El Salvador: Amenazas políticas a los fondos de pensiones
Manuel Hinds indica que "la gran deuda que tiene acumulada el gobierno por razón de las pensiones se generó con el sistema de reparto, que consiste en que el afiliado le da sus ahorros al gobierno, que le promete que le dará, años después, una pensión. La deuda actual se generó porque el gobierno se gastó en dinero en otras cosas de tal forma que, prometiendo más de 11.000 millones de dólares en pensiones, creó menos de 400 millones de reservas para pagarlas".
Por Manuel Hinds
El Diario de Hoy publicó recientemente una noticia diciendo que el presidente Mauricio Funes se quejó de que el sistema de pensiones es el culpable de los grandes déficits fiscales de su gobierno (es decir, de que el gobierno gaste mucho más de lo que le entra). En ese contexto, anunció que presentará a la Asamblea un proyecto de reformas al sistema de pensiones que propondría, entre otras cosas, aumentar la edad de jubilación, eliminar la pensión vitalicia y, sorprendentemente, volver al sistema de reparto (el sistema que existía antes de 1998 y que hubo que cambiar precisamente porque causó toda esta deuda de la que el presidente ahora se queja). Según el periódico, las reformas estarían basadas en un informe secreto que ya ha sido planteado a algunos diputados.
Es claro que las intenciones del gobierno en el tema de regresar al sistema de reparto no pueden ser las que él menciona —reducir el déficit fiscal y la deuda del país— por varias razones muy fáciles de comprender. Primero porque como ya mencioné antes la gran deuda que tiene acumulada el gobierno por razón de las pensiones se generó con el sistema de reparto, que consiste en que el afiliado le da sus ahorros al gobierno, que le promete que le dará, años después, una pensión. La deuda actual se generó porque el gobierno se gastó en dinero en otras cosas de tal forma que, prometiendo más de 11.000 millones de dólares en pensiones, creó menos de 400 millones de reservas para pagarlas. La reforma que creó el sistema actual se hizo para resolver este problema. Volver a él sería suicida —darle otra vez los ahorros a los políticos para que se lo gasten y dejen a los pensionados sin fuente para sus pensiones.
Segundo, la propuesta es absurda porque el sistema actual de capitalización individual, no puede jamás generar un déficit fiscal ni una deuda para el gobierno. Las pensiones de este sistema se pagarán con los ahorros que los futuros pensionados van haciendo en sus propias cuentas, que no son del gobierno sino de cada uno de los ahorrantes. En este nuevo sistema el gobierno no recibe dinero ni tiene que entregar dinero. Esa es una de sus ventajas más grandes —excepto para los gobiernos que quieren apropiarse de las contribuciones de las pensiones ahora dejando para la posteridad sólo promesas de que otros políticos, muchos años en el futuro, pagarán las pensiones, Dios sabe de qué dinero porque los actuales se lo habrán gastado en mil otras cosas. Si el gobierno quiere regresar al sistema de reparto, lo que quiere son esas contribuciones.
Tercero, el sistema nuevo no necesita cambios en la edad de retiro, contribuciones y otras dimensiones similares porque en este sistema los afiliados son los que controlan su pensión dependiendo de cuando se retiran y cuanto ahorran.
Cuarto, el gobierno ha creado un ambiente de histeria con respecto al papel de las pensiones en la generación del déficit fiscal. Repetidamente el Ministro de Hacienda ha dicho que si no fuera por las pensiones no habría déficit fiscal y que lo que aumenta la deuda son las pensiones mismas. Pero eso no hace ningún sentido. Igual podría decir que si no fuera por los salarios no habría déficit fiscal, o si no fuera porque hay que mantener escuelas, no lo habría. Esto no tiene ningún sentido. Esa deuda se la debe el gobierno a los pensionados desde el momento, décadas atrás, en el que ellos le depositaron sus contribuciones contra las promesas de una pensión. Como tal, es una obligación igual a todas las otras que tiene el estado. No hay por qué singularizarla. El estado está tan obligado a pagar las pensiones del sistema viejo de reparto como a pagar los salarios o los envíos de medicinas que recibe el Ministerio de Salud. Igual que con estos otros gastos, el estado debe incluir las obligaciones de pensiones y financiarlas igual que financia todos sus otros gastos —con impuestos y la deuda general del estado (que luego, por supuesto, se paga con impuestos). Es hora de dejar de acusar a los pensionados de que son los culpables cuando lo que fueron en el sistema de reparto es víctimas de un engaño del gobierno.
La histeria con respecto al papel de las pensiones en la generación de los déficits fiscales tiene otra dimensión. Cuando usted oye al Ministro y al Presidente hablar usted se imagina que las cantidades de dinero que se están gastando en las pensiones es el rubro que está creciendo más en los egresos del estado. Sin embargo,si observamos los aumentos en los egresos del estado por rubro en los últimos cinco años, expresado como porcentaje del PIB, veremos que los egresos por pensiones están entre los rubros menores. Las remuneraciones y las transferencias son muchísimo mayores. En los últimos cinco años, han representado solo el 0,17 por ciento del PIB, mientras que las remuneraciones han sido el 1,37 por ciento y las transferencias 1,27.
Este artículo fue publicado originalmente en El Diario de Hoy (El Salvador) el 31 de enero de 2014.