El regreso de Kafka
Alfredo Bullard comenta la reforma al sistema privado de pensiones del Perú: "al Estado no le gusta que escojamos. En los últimos meses le han quitado a los nuevos aportantes el derecho a elegir a que AFP pueden ir. El Estado decidió que el tamaño del fondo, la calidad del servicio o la originalidad del nombre ya no importan. Solo importa la comisión más baja".
Por Alfredo Bullard
¿Es bueno un Sistema Privado de Pensiones (SPP)? ¿Es positivo entregar nuestra futura jubilación a una AFP (Administradoras de Fondo de Pensiones)? Pues depende desde donde lo miremos.
No creo en el ahorro forzoso. No hay justificación para que el Estado nos obligue a ahorrar, de la misma manera como no hay justificación para que el Estado decida qué debemos comer, si es mejor vivir en casa o departamento, dónde trabajar (en el ejercito por ejemplo) o por ejemplo, qué hacer en nuestro tiempo libre (ir al circo, al cine o quedarme en mi casa rascándome la barriga).
Ahorro forzoso significa que el Estado decide en qué debo gastar (o no gastar) mi dinero. En abstracto ahorrar podría ser bueno. Pero lo relevante es que “lo bueno” es relativo para cada uno. Unos pueden preferir comprar una casa hoy, o ayudar a su familia. Otros en cambio disfrutar de la vida. Forzarlos a ahorrar es hacer que su dinero no sea realmente suyo. Mirado desde esta perspectiva un SPP no es bueno.
Pero si se parte de la premisa que nos van a forzar a ahorrar, entonces hay que comparar el SPP con el Sistema Estatal de Pensiones, llamado eufemísticamente Sistema de Seguridad Social (es lo más inseguro que existe, carece de toda función social y de sistema no tiene nada).
Una cosa es que nos fuercen a ahorrar en una cuenta que sigue siendo, a fin del día, nuestra, con un sistema de capitalización individual que nos permita recibir todos los meses un estado de cuenta que diga cuanta plata tengo. Otra, muy distinta, es que agarren nuestro ahorro y lo tiren a una olla común de la que comerán un montón de burócratas, donde la corrupción y la ineficiencia derramarán el contenido por todas partes y al final, cuando nos deban devolver lo que aportamos, el resultado sea la condena de llegar a la vejez haciendo colas interminables por una pensión miserable o inexistente.
José Piñera, el Ministro que introdujo el SPP en Chile, decía que si Frank Kafka, el autor de novelas como El Proceso o Metamórfosis (que muestran como la irracionalidad de la burocracia destruye nuestra dignidad), hubiese conocido el viejo sistema de pensiones estatal antes de comenzar a escribir su obra, habría sido acusado de plagio. La superioridad del SPP frente al sistema estatal como mecanismo de ahorro forzoso es evidente.
No estoy de acuerdo con ninguno. Pero al menos el SPP respeta parcialmente mi propiedad. Mirado así el SPP es bueno.
Pero hay una segunda ventaja. Al menos el SPP respetaba en parte la libertad. Uno podía escoger a que AFP hacía su aporte. Podía escoger a una por hacer que el ahorro rinda más, cobrar menos comisión, tener mejor servicio o que el nombre sea más atractivo. Finalmente era su derecho. El sistema estatal es un monopolio. El privado fomenta una competencia limitada que nos permite al menos tomar algunas decisiones.
Pero al Estado no le gusta que escojamos. En los últimos meses le han quitado a los nuevos aportantes el derecho a elegir a que AFP pueden ir. El Estado decidió que el tamaño del fondo, la calidad del servicio o la originalidad del nombre ya no importan. Solo importa la comisión más baja.
Y además ha decidido cómo se debe cobrar la comisión. Ya no es por flujo, sino por saldo. A los nuevos los obliga. A los antiguos se les hace tan difícil escoger que los empuja, sin mucha sutileza, a cambiar de sistema. Colas, reglas absurdas e imposibilidad de entender qué hacer, han creado un zafarrancho mental en los aportantes y físico en las afueras de las oficinas de las AFPs. Parece que alguien quisiera resucitar a Kafka.
Y aquí la cereza que corona el pastel: ¿A quién se culpa del estropicio? No al Congreso, ni a Jaime Delgado (congresista que impulsó la reforma), ni a la Superintendencia de Banca y Seguros, ni al Ministerio de Economía y Finanzas o la Asociación Peruana de Consumidores y Usuarios (ASPEC) por crear un monstruo sin cabeza. Más bien todos ellos le echan la culpa a las AFPs por no implementar bien el sistema y no informar bien a los consumidores. Es como disparar una bala y culpar al muerto por cruzarse en su trayectoria.
Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 6 de abril de 2013.