El problema son los jefes militares que gobiernan sus propios feudos regionales

Katherine Thompson dice que cuando los comandantes militares adquieren más poder que los civiles ante los ojos de los medios de comunicación, de Washington y de los líderes mundiales, se rompe un equilibrio fundamental.

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Por Katherine Thompson

En su reciente discurso sobre el “Estado de las Fuerzas Armadas”, el secretario de Defensa Pete Hegseth anunció una reducción del 20% en el número de oficiales generales y de alto rango, lo que afectará a unos 800 puestos a partir del 1 de enero de 2027.

Sus críticos más acérrimos ven esto como algo que va desde una venganza aduladora contra la clase de oficiales generales hasta, simplemente, una política de personal equivocada. Hegseth lo definió en su discurso como “rendición de cuentas y algo que ya se debía haber hecho desde hace mucho tiempo”.

Esa rendición de cuentas a la que se refiere pone de manifiesto un síntoma de un problema mucho mayor dentro de la clase de oficiales generales: la sensación de que los líderes militares de nuestra nación a veces se extralimitan. Un aspecto de esto es cuando los generales se adentran en la toma de decisiones que se dan fuera del campo de batalla. Es más frecuente de lo que uno podría pensar que los generales se involucren en asuntos de política y política pública.

Sin embargo, esto entra en conflicto con la decisión tomada por los fundadores de Estados Unidos de subordinar a las fuerzas armadas al control civil, dejando la política y los asuntos políticos en manos de quienes han sido debidamente elegidos o designados por el pueblo.

Donde el equilibrio entre civiles y militares está más fuera de control hoy en día es en los comandos de combate regionales (COCOM). Los líderes de los COCOM regionales se han acostumbrado a gobernar sus propios feudos de fuerzas estadounidenses desplegadas en todas las principales regiones del mundo, al tiempo que ejercen una influencia significativa en los círculos de poder del país. El secretario Hegseth podría estar en lo cierto en cuanto a la rendición de cuentas, pero solo si la estructura y los criterios de la reducción que le ha sido encomendada apuntan a un escrutinio significativo del poder que ejercen los COCOM regionales.

Estos comandantes suelen desempeñar el papel de grandes estrategas, diplomáticos, operadores políticos y máquinas de relaciones públicas —funciones que van mucho más allá de lo previsto para el liderazgo militar en Estados Unidos—. Estas invasiones descaradas del ámbito civil parecen algo habitual porque los COCOM regionales cuentan con su propio personal de asuntos legislativos y de relaciones públicas —a pesar de que el Pentágono desempeña estas mismas funciones en Washington. Si bien es cierto que existe cierto grado de coordinación, es evidente para cualquiera que haya trabajado con los COCOM regionales que estos llevan a cabo operaciones en gran medida independientes y, como mucho, en paralelo al sector civil.

Veamos algunos ejemplos recientes. Desde el inicio de la Operación Epic Fury, el almirante Brad Cooper, comandante del Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), ha participado en numerosas reuniones con altos funcionarios gubernamentales en el Oriente Medio, entre ellos el príncipe heredero de Arabia Saudita Mohammed bin Salman, el ministro de Defensa israelí Israel Katz y el presidente libanés Joseph Aoun. En estas reuniones, el almirante Cooper era el funcionario estadounidense de mayor rango presente, y los comunicados públicos del CENTCOM no indicaron que estuviera presente un homólogo civil de igual rango.

Las reuniones con líderes extranjeros a estos niveles son responsabilidad del presidente o de su gabinete. Los comandantes regionales deberían, a lo sumo, ser invitados como participantes a discreción del presidente o del secretario de Defensa, pero no deberían dirigir ni estar facultados para dirigir tales encuentros sin la presencia de líderes civiles.

Esto no es solo una dinámica del CENTCOM. En 2023, cuando Estados Unidos seguía muy involucrado en brindar apoyo indirecto a Ucrania, el general Chris Cavoli, comandante del Comando Europeo de Estados Unidos (EUCOM), llevó a cabo encuentros similares, incluso con el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy.

Los encuentros entre militares, tanto con aliados como con adversarios, son puntos críticos de conexión, y los comandantes de los COCOM regionales deben desempeñar un papel central en el fomento de esas relaciones. Sin embargo, ahí es donde debe terminar su papel. Los líderes civiles de los niveles jerárquicos adecuados no solo deben estar presentes en los encuentros con líderes de gobiernos extranjeros, sino que siempre deben llevar las riendas de esas conversaciones.

Además de romper el equilibrio entre lo civil y lo militar en el extranjero, los comandantes de los COCOM regionales también se destacan como figuras públicas en su país, forjando su propio perfil en los pasillos del Capitolio y ante los medios de comunicación. Los comandantes de los COCOM regionales a menudo entablan y mantienen relaciones con senadores y representantes de manera independiente, sin la presencia de sus contrapartes civiles.

También cabe destacar que, a pesar de que la Comisión de Servicios Armados del Senado (SASC) tiene la responsabilidad de examinar y confirmar tanto los nombramientos civiles como los ascensos a puestos de liderazgo en los comandos de combate regionales, la SASC solo convoca a los líderes militares para que testifiquen en las audiencias anuales sobre la postura de defensa. La Comisión de Servicios Armados de la Cámara de Representantes (HASC), para su crédito, escucha tanto a los líderes civiles como a los militares en sus audiencias anuales.

Los comandantes de los COCOM regionales también tienen una presencia activa en los medios de comunicación. El riesgo de exagerar, subestimar o contradecirse en temas de gran carga política es muy elevado para ellos, especialmente con una administración centrada en la prensa y el nivel de interacción con los medios que el propio Comandante en Jefe lleva a cabo. Basta con ver cómo el CENTCOM y el Comando del Pacífico de Estados Unidos (PACOM) se inmiscuyeron en el espacio mediático en medio de la guerra con Irán para darse cuenta del peligro.

A mediados de septiembre, el almirante Cooper afirmó con audacia: "No me preocupa en absoluto", cuando se le preguntó en una entrevista en 60 Minutes sobre la escasez ampliamente reportada de las reservas de municiones críticas de Estados Unidos como resultado de la guerra con Irán. El agotamiento de las reservas y los largos plazos de reposición han afectado gravemente los planes de Estados Unidos para disuadir a China de invadir Taiwán, dada la coincidencia en el tipo de armamento necesario para garantizar que la disuasión estadounidense sea creíble.

Apenas una semana después de la entrevista del almirante Cooper en 60 Minutes, la revista Time publicó un perfil exclusivo sobre el almirante Samuel Paparo, comandante del USPACOM. ¿El tema principal de la conversación? Por qué es esencial priorizar la disuasión en el Pacífico para evitar una guerra entre Estados Unidos y China. Los autores del artículo no dudaron en señalar las discrepancias entre los comentarios públicos de Paparo y los comentarios privados que se han dado a conocer sobre cómo el gasto de recursos en el Medio Oriente está perjudicando la misión central de disuasión en el Pacífico.

Estas entrevistas no solo generaron un ciclo negativo de relaciones públicas para el Pentágono, sino que también ilustran la disfunción y el faccionalismo que surgen cuando los líderes militares deciden actuar como diseñadores de políticas.

La difuminación de las líneas divisorias entre lo civil y lo militar, provocada por los COCOM regionales sin restricciones, es un tema del que se habla muy poco. Sin embargo, el esfuerzo del secretario Hegseth por reducir el número de generales y oficiales de alto rango presenta una oportunidad única para abordarlo. El secretario y su equipo deberían considerar cómo una reducción en los rangos y los recursos de los COCOM regionales podría volver a alinearlos adecuadamente con el liderazgo civil correspondiente, supervisando y dirigiendo su participación fuera de las funciones y responsabilidades explícitamente militares.

Las estrellas y las medallas son, sin duda, símbolos de sacrificio y valentía, pero no deberían elevar ni transmitir un estatus de autoridad por encima del liderazgo civil. El control civil de las fuerzas armadas es un componente esencial de la república estadounidense y deberíamos aprovechar esta oportunidad ahora para preservarlo.

Este artículo fue publicado originalmente en Responsible Statecraft (Estados Unidos) el 12 de octubre de 2026.