El potencial de Sudáfrica

Por Marian L. Tupy

Sudáfrica hoy en día es económicamente más libre de lo que era bajo el régimen del apartheid, pero su crecimiento económico continúa siendo lento. Para generar un crecimiento más rápido, el Congreso Nacional Africano (ANC por sus siglas en inglés) debe dejar atrás su resentimiento con el libre mercado. El gobierno del ANC debe también enfrentar con más seriedad respecto a la protección de la vida y la propiedad de los ciudadanos Sudafricanos.

El Informe Anual sobre la Libertad Económica en el Mundo, publicado por el Instituto Fraser de Canadá, Cato Institute y otros 50 institutos alrededor del mundo, ha visto a Sudáfrica subir desde el puesto 67 en 1990 al puesto 44 en 2003. El hecho de que ahora se permite la interacción y el comercio entre miembros de diferentes razas ha ayudado sustancialmente a aumentar la libertad económica en Sudáfrica. Hoy en día más sudafricanos tienen acceso a agua limpia, electricidad, vivienda, tierra y educación. El déficit presupuestario cayó de un 9.5 por ciento en 1993 a un 3 por ciento en 2003 y la deuda pública cayó de un 60 por ciento a un 50 por ciento del PIB.

Pero el rápido crecimiento económico ha sido elusivo hasta ahora. En 1994 el gobierno anunció planes para generar un crecimiento anual del producto interno bruto de un 6 por ciento para disminuir el desempleo existente y proveer trabajos para una creciente población. Sin embargo, a lo largo de los últimos 10 años, el país ha tenido un crecimiento promedio del PIB de sólo 2.8 por ciento anual.

Un crecimiento promedio anual del 2.8 por ciento es un avance durante las dos décadas antes de que el ANC asumiera el país, cuando la economía estaba estancada. En la práctica, ¿qué significa esto? De acuerdo al Banco Mundial, la población sudafricana crece anualmente en un 2.1 por ciento, lo que significa que el ingreso salarial per capita en Sudáfrica es menos de 1 por ciento anual.

Desgraciadamente, este crecimiento en el ingreso no es suficiente para solucionar la pobreza Sudafricana. Esto debería importarle no sólo a aquellos que se preocupan por la miseria de los pobres de Sudáfrica sino también a aquellos que se preocupan por el futuro de la estabilidad política en el país.

Es importante saber que un rápido crecimiento económico es posible. Sudáfrica tiene la mejor infraestructura y sistema de banca en África. También posee un gobierno democrático y estable.

Además, la historia demuestra que los países pobres pueden generar un crecimiento veloz. Por ejemplo, Botswana ha generado un crecimiento promedio del PIB de un 7 por ciento a lo largo de los últimos 20 años. El crecimiento de un 8.2% en China duplica los ingresos reales cada nueve años.

¿Que debe suceder para mejorar el desempeño económico de Sudáfrica? En este momento, el ANC es partidario del sistema de bienestar social de la Europa Occidental. Fuertes regulaciones del mercado laboral, salarios mínimos y crecientes beneficios del estado son usuales en países ricos, pero inapropiados para Sudáfrica a estas alturas de su desarrollo económico. Con respecto a la alternativa del libre mercado, el ANC todavía tiene que dejar atrás sus históricos miedos y dudas.

Muchos miembros del ANC continúan asociando el libre mercado con la era del apartheid. Este es el resultado de habilidosas propagandas hechas por el gobierno anterior, que trataban de mejorar su reputación con los países de Occidente al decir que respaldaba el capitalismo y no el comunismo.

La verdad era diferente. La economía sudafricana bajo el régimen del apartheid estaba fuertemente regulada. Además, los orígenes del apartheid están basados firmemente en el movimiento socialista.

En 1922, debajo de un cartel que decía “Trabajadores del Mundo Únanse Por Una Sudáfrica Blanca”, los mineros blancos se tomaron las calles de Johhannesburg para protestar la creciente competición presentada por los mineros negros. Los mineros blancos demandaban protección de sus trabajos, es decir, una protección racial. El gobierno de Gen Jan Smuts utilizó la armada, artillería y hasta bombardeos aéreos para calmar lo que llegó a ser conocido como la Rebelión de Rand. Pero, para prevenir futuras protestas de los trabajadores blancos, el gobierno instituyó una prohibición racial.

Ahora que los sudafricanos negros pueden competir en el mercado, el gobierno del ANC debería reconocer un vibrante y creciente sector privado, que lejos de ser un enemigo, provee a la gente pobre con las mejores y más veloces formas de aumentar su riqueza.

Segundo, Sudáfrica debe solucionar el problema de la seguridad de las personas y su propiedad. El ANC debe disminuir los escalofriantemente altos grados de delincuencia. Mayor inversión en policía, sin embargo, es improbable que dé frutos mientras los salarios de los policías no estén atados al desempeño de sus labores. El gobierno debería comenzar a utilizar el floreciente sector privado de seguridad y estimular su crecimiento. Usando compañías privadas de seguridad podría mejorar el desempeño de la policía estatal. Para solucionar los alarmantes problemas legales de Sudáfrica también es necesario delegar algunas actividades al sector privado.

El arbitraje realizado por el sector privado en casos civiles, por ejemplo, podría liberar recursos necesarios para mejorar los lastimosamente bajos niveles de enjuiciamiento y sentencias por crímenes violentos.

El ANC también debe garantizar que la propiedad privada esté asegurada y que Sudáfrica sea un lugar seguro para invertir. Esto es crucial en vista de las violaciones a la propiedad privada en Zimbabwe y Namibia.

La discusión sobre la propiedad privada en Sudáfrica está, por supuesto, atada a la pregunta de la mayoría de la población sobre la compensación por los años bajo el régimen del apartheid. Nadie duda realmente que los Sudafricanos negros habrían sido más ricos y mejor educados si esto no hubiera sido prohibido para ellos por el apartheid. La naturaleza de la compensación, sin embargo, es un pregunta diferente.

No está claro, por ejemplo, como la confiscación y la redistribución de recursos que realiza el estado hoy en día corrigen la confiscación y la redistribución de recursos realizados por el estado en el pasado. Como les sucedió en el pasado a los perdedores en el proceso redistributivo, los perdedores en el futuro muy probablemente se convertirán en amargados y resentidos.

Desde un punto de vista económico, la nacionalización de los derechos a los minerales y a las aguas, y los recientes cambios en el sistema de expropiaciones agrícolas, pueden confirmar las preocupaciones de la comunidad de inversionistas. El interés de los inversionistas, domésticos e internacionales, reside, especialmente, en proteger sus inversiones.

Las injusticias de la historia no están primeras en sus preferencias. Por lo tanto, llegamos a un conflicto entre la pregunta moral de la compensación por daños cometidos en el pasado y la pregunta práctica de mejorar la economía Sudafricana.

Los esfuerzos del gobierno hasta ahora se han concentrado en redistribuir el existente pastel económico. Por ejemplo, el gobierno ha adoptado una ley para alterar la estructura de la propiedad en la industria minera.

El propósito establecido de esta medida es el de “aumentar el poder de los grupos anteriormente oprimidos” mediante la contratación y posesión de los activos de las compañías mineras.

En vez de ser la habilidad del trabajador para realizar el trabajo requerido, las cuotas del gobierno hacen que la clasificación racial de cada aplicante sea el centro del proceso de selección. En otras palabras, una de las decisiones de negocios más importantes de las compañías mineras—dependerá de un criterio no relacionado con los negocios.

Las compañías mineras también han acordado pagar $10 mil millones a lo largo de los próximos cinco años para comprar y transferir acciones a los grupos anteriormente oprimidos. Esto reducirá los márgenes de ganancia en la industria, y las compañías mineras se verán obligadas a reducir sus costos mediante la contratación de menos empleados que los que emplearían normalmente o despidiendo a algunos de sus empleados. Como resultado, el desempleo aumentará. Lo mismo se aplica a las leyes que ya están siendo elaboradas para otros sectores de la economía.

En el futuro, el ANC debería evitar incertidumbres y tensiones inherentes en la redistribución. En vez de tratar de redistribuír el pastel económico actual mediante decretos, el gobierno debería promover políticas que permitan que la economía crezca. Si esto sucede, la siguiente década de Sudáfrica será aún mejor que la última.

Traducido por Gabriela Calderón para Cato Institute.