El planeta no está tan caliente

Por Patrick J. Michaels

Si un estudio científico publicado en una importante revista académica dijese que el planeta se ha calentado el doble de lo que se estimaba, sería una noticia estelar en los principales periódicos del mundo. Pero, ¿qué sucedería si se publica una investigación que demuestra que el planeta probablemente se ha calentado solo la mitad de lo que originalmente se había estimado? Nada.

Hace un mes, Ross McKitrick de la Universidad de Guelph en Canadá y yo publicamos un manuscrito en el Journal of Geophysical Research-Atmospheres diciendo precisamente eso. Los científicos han sabido desde hace muchos años que los registros de temperaturas pueden estar contaminados por el denominado “calentamiento urbano”, el cual resulta del hecho de que los historiales de temperaturas a largo plazo suelen haberse originado en puntos de comercio. Los ladrillos, los edificios, y el pavimento de las ciudades retienen el calor del día e impiden el flujo de vientos refrescantes.

Por ejemplo, el centro de Washington, D.C. es más caliente que el cercano (y más rural) aeropuerto de Dulles. Conforme los edificios del gobierno y de las empresas se expanden a lo largo de la carretera de acceso a Dulles, esa zona también está comenzando a calentarse comparado con las áreas más rurales hacia el oeste.

Ajustando la información para este efecto, o utilizando solo las estaciones rurales, el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en ingles) señala con certeza que menos del 10% del calentamiento observado en los historiales del clima a largo plazo se debe a la urbanización.

Esta es una hipótesis maravillosa y Ross y yo decidimos ponerla a prueba. Sugerimos que otros tipos de sesgos todavía están afectando los registros históricos del clima. ¿Qué hay de la calidad de la red nacional climatológica y de la aptitud de los observadores? Otros factores incluyen el movimiento o cierre de estaciones climáticas y la modificación de las superficies locales, como lo es reemplazar un bosque con una plantación de maíz.

Muchos de estos son indicadores socio-económicos, así que construimos un modelo computarizado que incluía tanto los factores climáticos regionales, como la latitud, además de indicadores socio-económicos como el PIB, y lo aplicamos a la historia de temperaturas del IPCC.

El equipo para la medición del clima es bastante sensible. El típico receptor de temperatura es de color blanco. Si la pintura se consume o destiñe, el receptor absorbe más del calor del sol y el termómetro que tiene adentro leerá temperaturas artificialmente más altas. Pero mantener las estaciones de temperaturas bien pintadas probablemente no es la principal prioridad de un país pobre.

El IPCC divide al mundo en cajas a lo largo de las líneas de latitud, y para cada una de estas nosotros presentamos información acerca del PIB, la tasa de alfabetización, la cantidad de información faltante (una medida de la calidad), el cambio en la población, el crecimiento económico y el cambio en el consumo de carbón (mientras más consumo haya, más fría es el área).

¿Adivinen qué? Casi todas las variables socio-económicas eran importantes. Descubrimos que la información era de la más alta calidad en Norteamérica y que estaba contaminada en África y Sudamérica. En general, encontramos que los sesgos socio-económicos “probablemente añaden un calentamiento neto a nivel global que podría explicar hasta la mitad de la tendencia de calentamiento observada a nivel de la tierra”.

Luego modificamos la información sobre temperaturas del IPCC para que reflejara estos sesgos y comparamos la distribución estadística del calentamiento con la información original del IPCC y con las mediciones satelitales de las temperaturas atmosféricas más bajas que hay desde 1979. Como estas provienen de una sola fuente (el gobierno estadounidense) y no tienen contaminación urbana alguna, probablemente están muy poco afectadas por los factores económicos. Y así fue: la información ajustada del IPCC se parece mucho a la información satelital.

¿Dónde estuvo la prensa? Una búsqueda de Google revela que con la excepción de algunas citas en blogs, el único reportaje importante se publicó en el Financial Post de Canadá.

Hay varias razones por las cuales la prensa brinda muy poca cobertura a la ciencia que indica que el calentamiento global no es el fin del mundo. Una de ellas es el sesgo en la misma literatura científica. En teoría, asumiendo una investigación climática libre de sesgos, cada nuevo descubrimiento debería tener una probabilidad igual de indicar que las cosas seguirán siendo más o menos calientes, o peor de lo que pensábamos, o no tan mal. Pero, cuando alguien descubre que solo hay la mitad del calentamiento que pensábamos que había, y la historia es completamente ignorada, ¿qué dice esto acerca de la naturaleza de la cobertura en sí?

Este artículo fue publicado originalmente en el Diario de Hoy el 12 de enero de 2008.