El nuevo libro de Cato para el 250.º aniversario de Estados Unidos: Una historia de agravios repetidos
Thomas A. Berry presenta el nuevo libro del Instituto Cato, texto donde los autores exploran preguntas 250 años después de la Declaración de la Independencia de Estados Unidos.
Por Thomas A. Berry
Hace doscientos cincuenta años, las 13 colonias declararon por unanimidad su independencia del Reino de Gran Bretaña y su nueva identidad como los 13 Estados Unidos de América. Dar un paso tan drástico significaba que los estados recién declarados tenían que dar explicaciones y justificar la necesidad de sus acciones. En la Declaración de Independencia, Thomas Jefferson expuso esos argumentos. Relató, de manera sucinta y metódica, "una historia de repetidas injurias y usurpaciones" a manos del rey Jorge III. La Declaración enumera, punto por punto, "una larga serie de abusos y usurpaciones". Jefferson buscaba establecer un patrón, demostrando que Gran Bretaña tenía "el propósito de someter" a los residentes de las colonias americanas "bajo un despotismo absoluto". En pocas palabras, el rey tenía el "objetivo directo" de "establecer una tiranía absoluta sobre estos Estados".
Por supuesto, la historia tiene un final feliz. Doscientos cincuenta años después, Estados Unidos sigue siendo independiente y ya no está bajo el control de ningún rey. Vivimos bajo una Constitución, redactada apenas 11 años después de la Declaración, que fue diseñada expresamente para evitar muchas de las peores tiranías que sufrieron las colonias.
En el nuevo libro de Cato Una historia de agravios repetidos, exploramos preguntas sencillas, pero profundas: 250 años después, ¿qué tan exitosos hemos sido? ¿Estamos completamente libres de los "agravios y usurpaciones" de los que se quejaban los Padres Fundadores? ¿O se han infiltrado en nuestro propio gobierno análogos modernos de las antiguas tiranías, lo que ha llevado a pérdidas de libertad similares a las que sufrieron los colonos?
Cada capítulo de este volumen se centra en una de las injurias (o categorías de injurias) enumeradas en la Declaración. Los autores de cada capítulo conectan la historia de la época fundacional con la historia moderna, enmarcada en torno a uno o más pasajes de la lista de agravios de la Declaración. El objetivo es situar el lenguaje de la Declaración en un contexto más amplio, mirando tanto hacia atrás como hacia adelante. ¿Qué llevó a Thomas Jefferson a incluir una frase en particular en la Declaración, y qué desafíos enfrentamos hoy que se asemejan más a esa historia?
Algunos ejemplos ilustran la amplia gama de temas políticos sobre los que arroja luz la Declaración. Jefferson se quejó de que el rey "obstaculizaba las leyes de naturalización de extranjeros". Como explica David Bier, "la libre inmigración era un principio central para los fundadores". Sin embargo, hoy en día, "se presume que todos los inmigrantes no son elegibles a menos que demuestren que se encuentran dentro de una excepción".
La Declaración también denuncia, como es bien sabido, "imponernos impuestos sin nuestro consentimiento". Adam Michel y Joshua Loucks relatan que la Revolución Americana "fue una rebelión contra un sistema tributario que era punitivo, discriminatorio y que enriquecía a intereses especiales al otro lado del Atlántico". Hoy, una vez más, el "sistema tributario se ha convertido en una herramienta de favoritismo político".
"Ha mantenido entre nosotros, en tiempos de paz, ejércitos permanentes sin el consentimiento de nuestras legislaturas". El capítulo de Brandan Buck comienza con esta queja, y describe una larga tradición de "opositores al militarismo estadounidense" que "creían que la creación de un gran ejército permanente, particularmente mediante el servicio militar obligatorio, alteraba fundamentalmente la relación del individuo con el Estado". Pero, como explica Buck, Estados Unidos sí ha mantenido un enorme ejército permanente desde la Segunda Guerra Mundial y muchas de las preocupaciones que plantearon los Padres Fundadores han resultado proféticas.
La Declaración también critica duramente al rey "por privarnos, en muchos casos, de los beneficios de un juicio con jurado". Los Padres Fundadores consagraron el derecho a un juicio con jurado en la Constitución porque eran muy conscientes de lo fácil que es abusar del derecho penal. Como escribe Clark Neily: "Los reyes y reinas británicos generalmente preferían actuar dentro del ámbito de la ley formal, recurriendo a la autoridad legislativa del Parlamento y creando órganos jurisdiccionales especiales como la Cámara Estrellada para brindar cobertura legal a sus depredaciones". En mi capítulo, señalo que "los administradores coloniales ingleses intentaron socavar el derecho a un juicio civil con jurado al juzgar los casos en tribunales especializados llamados tribunales 'vicealmirantazgo'".
Otros capítulos, a cargo de Roger Pilon, Brent Skorup y Douglas Irwin, exploran las lecciones de la Declaración para la filosofía política, las órdenes ejecutivas y el comercio, respectivamente. Esperamos que este nuevo volumen editado ofrezca una visión general de dónde comenzamos como nación, hasta dónde hemos llegado y hacia dónde aún debemos dirigirnos para alcanzar las visiones de libertad y buen gobierno imaginadas por quienes firmaron valientemente la Declaración de Independencia hace 250 años.
Este artículo fue publicado originalmente en Cato At Liberty (Estados Unidos) el 18 de junio de 2026.