El neofascismo europeo

Por Richard W. Rahn

Es probable que seamos menos libres en los próximos años debido a la expansión del autoritarismo estatista, principalmente del que proviene de Europa.

La creciente amenaza a la privacidad financiera es un ejemplo de esta nueva amenaza a las libertades individuales. La privacidad financiera es una libertad fundamental para que los individuos puedan protegerse de gobiernos corruptos y despóticos, de secuestradores y demás delincuentes, pero está siendo debilitada cada día más por la Unión Europea, las Naciones Unidas, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos e inclusive ciertos elementos del gobierno de Estados Unidos.

Las propuestas de estos organismos limitarían o eliminarían toda privacidad financiera. Una de las propuestas más despreciables es de la ONU para crear un organismo impositivo internacional que le exigiría a los gobiernos compartir información financiera detallada de ciudadanos y de empresas. Toda esa información podría terminar en manos de personas y grupos indeseables, poniendo en peligro nuestras vidas y nuestro patrimonio.

Los liberales (en el sentido clásico del término) creemos en gobiernos limitados, impuestos bajos y un mínimo de regulación gubernamental, complementado con una moneda estable y un decidido compromiso con el imperio de la ley y la libertad individual. En Estados Unidos aquienes creemos en tales principios nos llaman conservadores o libertarios. El padre de la economía moderna, Adam Smith (1723-1790) fue un libertario, como también lo fueron los próceres norteamericanos. El mundo se está ahora alejando del liberalismo clásico y del socialismo tradicional hacia un nuevo fascismo.

Hasta la Primera Guerra, el liberalismo clásico fue la ideología política predominante en occidente. El trauma de esa cruel guerra debilitó la confianza en las instituciones y orden político de la época, especialmente en Europa. Rusia que apenas salía del feudalismo fue tomada por los comunistas. Los socialistas y fascistas comenzaron a apoderarse del poder. La Gran Depresión, aunque causada por las políticas fiscales y monetarias del gobierno, hicieron que la gente añorara la estabilidad y el orden ofrecidos por los fascistas. El nacionalsocialismo de Hitler fue una forma virulenta de ese nuevo estatismo.

Aunque la prensa y la clase política suele referirse al comunismo y al socialismo como ideologías de izquierda y al nazismo y fascismo como de la extrema derecha, tales ideologías son sólo diferentes formas del estatismo. Los socialistas creen en la propiedad gubernamental de empresas y tierras. Los fascistas se dieron cuenta que el gobierno no necesitaba ser propietario de industrias y bancos para ejercer un control total. Así, los fascistas tienden a ser autoritarios extremos y reguladores de todo. Ambas ideologías se basan en la opresión de la libertad individual y del mercado por agentes estatales.

La verdadera dicotomía tanto política como económica es estatismo versus libertarianismo. Los socialistas, comunistas, fascistas y defensores del estado benefactor son todos más o menos estatistas. Ellos creen que quienes ejercen el gobierno tienen el derecho de actuar a expensas del individuo para "bien de la sociedad". Los liberales clásicos, los conservadores pro libre mercado y los libertarios creen que cada uno de nosotros posee derechos individuales que no pueden ser negados por el estado. Es más, cada individuo debe dejarse en paz para que haga lo que le interese, siempre y cuando no haga daño a terceros.

Pocos son estatistas puros. Desde la caída de la Unión Soviética, pocos insisten que es mejor que los restaurantes sean manejados por el estado. Para 1980, todos salvo los más densos se habían dado cuenta del fracaso del comunismo y del socialismo.

El libertarianismo parecía estar de vuelta con la elección de Thatcher y Reagan y por los premios Nobel concedidos a F. A. Hayek y a Milton Friedman. Las tasas de impuesto comenzaron a caer en todas partes, las privatizaciones reemplazaron a las nacionalizaciones y el libre mercado se puso otra vez de moda. Hasta el presidente Bill Clinton anunció que había terminado la era del gobierno grande.

Pero entonces, el péndulo comenzó a devolverse. Los estatistas asumieron el control en Francia, Alemania y Gran Bretaña. Aunque se llaman socialistas, actúan más como fascistas. Ya no buscan la propiedad estatal de los medios de producción, sino regular y controlar todas las actividades privadas. Los burócratas no elegidos que manejan la Comunidad Europea quieren controlar todos los detalles de los negocios y de las vidas de los ciudadanos, reprimiendo la creatividad y la iniciativa. El resultado es baja productividad, poco crecimiento económico y estancamiento de los mercados laborales.

Estados Unidos no ha estado inmune. El gasto federal está creciendo más rápidamente que el ingreso nacional. Los subsidios agrícolas y el proteccionismo están de vuelta y la reciente legislación para reformar el financiamiento de las campañas electorales es un ataque directo contra la libre expresión. El fascismo no es un peligro sólo para los europeos; es un peligro presente para nosotros también.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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