El libre comercio fomentará la democracia en el Medio Oriente

Por Daniel T. Griswold

En las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, las administraciones republicanas y demócratas persiguieron la expansión comercial como uno de los principales pilares de la política posguerra estadounidense. El comercio promovió el desarrollo de Europa Occidental y Japón, y cementó las relaciones con los aliados norteamericanos durante la Guerra Fría. Los ataques del 11 de septiembre y sus consecuencias nos han recordado una vez más que el comercio y la política exterior están interrelacionados—y en ninguna parte es esto más evidente que en el Medio Oriente.

El libre comercio no es una panacea, pero es un bloque de construcción necesario para un Medio Oriente más pacífico y próspero. Es por eso que el comercio, el desarrollo, y la seguridad dominaron la agenda en una reciente cumbre del Foro Económico Mundial en Amman, Jordania. Y es por eso que el comercio y el desarrollo serán los principales temas en el Foro Económico Árabe-Estadounidense, el cual se realizará en Detroit del 28 al 30 de septiembre.

El libre comercio ha ayudado a reducir la pobreza en aquellos países y regiones del mundo que se han abierto progresivamente a la economía global. El libre comercio fomenta la democracia y el respeto a los derechos humanos al crear una creciente clase media económicamente independiente. Los países abiertos al comercio global tienen mayores probabilidades de ser democracias funcionales que respetan los derechos humanos.

En su discurso del 9 de mayo en Carolina del Sur, el presidente George W. Bush dijo, "El mundo árabe tiene una gran tradición cultural, pero está dejando pasar ampliamente el progreso económico de nuestro tiempo. Alrededor del globo, el libre mercado y el libre comercio han ayudado a derrotar la pobreza, y les han enseñado a los hombres y mujeres las costumbres de la libertad".

Hemos visto esta dinámica en acción en Corea del Sur, Taiwán, Chile, México, y otros países donde las reformas económicas y la apertura han sentado las bases para las libertades individuales y la democracia. Dentro del mundo árabe, aquellas naciones que han avanzado más en el camino de la reforma económica, como Marruecos, Jordania y Bahrein, son también los líderes de la reforma política.

Desdichadamente el mundo árabe es una tierra en la cual la globalización ha pasado de largo—y su aislamiento es principalmente auto-impuesto. El promedio de las barreras arancelarias en el Medio Oriente árabe está entre los más altos del mundo. Como consecuencia, la región sufre de una disminución crónica en su participación en el comercio e inversión globales. El promedio anual de los flujos de inversión extranjera directa a los países árabes es apenas superior a los flujos que recibe Suecia; las exportaciones no petroleras de los países árabes al resto del mundo son inferiores a las de Dinamarca. Internamente, los controles de precios y el control gubernamental en muchos estados árabes sofocan al empresariado local.

Dichas políticas han legado un sombrío desempeño económico. De acuerdo a un reciente reporte del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas escrito por 22 académicos árabes, entre 1985 y 1998 el producto doméstico bruto (PDB) real disminuyó en una amplia franja del mundo árabe. En contraste, el PDB real durante ese mismo período aumentó en un 30% en Israel, 90% en Chile y más del 100% en Tailandia, China y Corea del Sur. Hoy, el PDB del mundo árabe es menor que el de España.

El historial de las libertades civiles y políticas en los países árabes no es mejor. Freedom House, el grupo pro derechos humanos con base en Nueva York, reportó en su último estudio que únicamente un 25% de los países con mayorías islámicas en el mundo son democracias, comparado con un 75% de los países no musulmanes. Freedom House señaló que "la brecha democrática entre el mundo musulmán y el resto del planeta es dramática", y que no hay señas de que tal brecha se esté cerrando.

Esta deprimente realidad alimenta el terrorismo, no por la pobreza, sino por la falta de oportunidades y esperanzas por un futuro mejor, especialmente entre los jóvenes.

Es un mito que la pobreza engendre terrorismo. De hecho, hay más miseria en el África sub-Sahariana y el Sudeste asiático que en el mundo árabe, en parte debido a la cadena de caridades islámicas privadas que ayudan a los más pobres en la sociedad. Y muchos terroristas son bien educados y provienen de familias relativamente privilegiadas. La gente joven que no puede encontrar un trabajo que valga la pena y que no puede participar en el proceso político es caldo de cultivo para los fanáticos religiosos y reclutadores de terroristas.

Todo esto le añade urgencia a la propuesta de la administración Bush de un área de libre comercio en el Medio Oriente. Una propuesta complementaria en el Congreso, patrocinada por los senadores Max Baucus (D-Mont) y John McCain (R-Ariz), le daría acceso unilateral inmediato y libre de aranceles a las importaciones de los países árabes que califiquen a éste. Estados Unidos ya le ha dado acceso similar a los países de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe, los de la ley de Comercio Preferencial Andino, y al África sub-Sahariana. ¿Es menos importante el Medio Oriente para la política exterior estadounidense?

El libre comercio no es un brebaje mágico que por sí solo traerá paz y esperanza al Medio Oriente. Pero el comercio puede, como lo ha hecho en otros tiempos y lugares, unir a la gente a través de la cooperación pacífica con el objetivo de construir un mejor futuro. Este es el momento para dejar de lado las preocupaciones mezquinas, localistas y partidistas con el fin de hacer lo posible por extender las bendiciones de la libertad a una parte del mundo que las necesita desesperadamente.


Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.