El Islamismo radical: ¿Una nueva versión del comunismo?

Hana Fischer señala que "Hay varios indicios que sugieren que el islamismo radical es en realidad un movimiento político y no religioso. Entre ellos podemos mencionar que sus padres intelectuales —Ibn Taymiyya, Hassan al-Banna, Abul A’la Maududi  y Sayyid Qutb no eran clérigos".

Por Hana Fischer

Considero que el problema internacional que más preocupa actualmente, es el islamismo radical. Frecuentemente los medios de comunicación traen aterradoras noticias e imágenes de lo que está ocurriendo en Siria e Irak. Vastas zonas de esos países han sido controladas por el autodenominado Estado Islámico, con la manifiesta intención de imponer el Califato. Y, más recientemente, con las terribles masacres perpetuadas por ellos en Francia.

Esta situación que era impensable hace unas décadas atrás, exige un análisis a fondo de ese fenómeno. Un primer punto de reflexión ineludible, debe darse en torno a la teoría expuesta por Samuel Huntington en su influyente obra El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial (1996). Según este autor, el fin de la Guerra Fría significaría el ocaso de las guerras por motivos ideológicos. Además, declinaría el dominio de Occidente sobre el resto del mundo. Su tesis central es:

El carácter tanto de las grandes divisiones de la humanidad como de la fuente dominante de conflicto será cultural. Las naciones-estado seguirán siendo los agentes más poderosos en los asuntos mundiales, pero en los principales conflictos políticos internacionales se enfrentarán naciones o grupos de civilizaciones distintas; el choque de civilizaciones dominará la política mundial.1 

Huntington expresa que el rasgo más relevante de una civilización, es su religión. En un mundo cambiante y globalizado, los estados-nación van perdiendo su carácter de fuente de identidad colectiva. Es por esa razón que la religión parecería estar llenando esos vacíos, especialmente con los movimientos llamados “fundamentalistas” (que los hay de todas las religiones importantes), porque es un elemento de unión. De ese hecho concluye, que las religiones volverán a ser el elemento de fricción entre las civilizaciones. Incluso llevando a cruentas guerras, dado que “la religión estimula el resurgimiento de las identidades étnicas” que se sienten amenazadas por la secularización de las sociedades y la globalización. Esta última tiende a igualar a las culturas disolviéndolas en la occidental (especialmente en la estadounidense). Y, en el caso del Islam, se agrega la creación del Estado de Israel en 1948.2 Esto ha provocado en el mundo musulmán una crisis, dado que se sienten expuestos a amenazas exteriores.

Luis de la Corte Ibáñez y Javier Jordán expresan, que “los yihadistas creen o procuran difundir la idea de que Occidente e Israel son los principales culpables de todos los problemas de los países musulmanes”.3

Tan influyente fue la obra de Huntington, que actualmente se tiende a observar al fenómeno del islamismo como un tema religioso. Pero, ¿realmente será así?

A nuestro entender, la religión es el camuflaje que utilizan los yihadistas actuales. Es por esa razón que aquellos que se quedan en la superficie de los asuntos humanos, pueden fácilmente ser llevado a error. A eso hay que agregarle que los propios líderes islámicos se encargan de enfatizar los aspectos religiosos de su movimiento. Nombran de forma continua a Mahoma y expresan que el único soberano es Alá. Afirman que para vivir en un mundo justo y pacífico hay que regirse por la shar’ia, que según sus creencias son las leyes creadas por Alá y enviadas a Mahoma por medio del arcángel San Gabriel. Todas esas disposiciones están contenidas en el Corán, el libro sagrado del Islam.

Hay varios indicios que sugieren que el islamismo radical es en realidad un movimiento político y no religioso. Entre ellos podemos mencionar que sus padres intelectuales4 —Ibn Taymiyya5, Hassan al-Banna6, Abul A’la Maududi7  y Sayyid Qutb8  no eran clérigos.9 Es más, consideraban a los sacerdotes como funcionales a la dominación occidental y por ende, despreciables. Por otra parte, sus propuestas son de índole política dado que versaban sobre soberanía, poder, autoridad, ley y comunidad. Su fin último es la instauración de un Estado Islámico. Además, no existe ninguna interpretación “correcta” del Corán. Por medio de la iytihad (libre interpretación), cualquier líder político lo suficientemente carismático puede afirmar que el gobernante de turno está actuando en contra del Corán y declarar contra él una yihad. En consecuencia, el iytihad entraña “un potencial revolucionario enorme”.10

El islamismo radical podría ser considerado como un fenómeno contemporáneo, construido por intelectuales que reinterpretan el Islam. Dado que es un movimiento revolucionario, debemos discernir si podría ser considerado una versión del fascismo o del comunismo.

El comunismo, el fascismo y el islamismo radical se vitalizaron por la guerra. La Primera Guerra Mundial provocó la desaparición del califato otomano de Estambul. La Segunda debilitó a las potencias imperialistas europeas, dando origen al proceso de descolonización. Ambos factores son claves para el surgimiento del islamismo radical.

Sin embargo, lo que separa al islamismo radical del fascismo, es que mientras el primero pretende ser un movimiento internacional —al igual que el comunismo— el fascismo es nacionalista.

Otro elemento que asemeja al islamismo radical con el comunismo, es que Lenin sostenía que el capitalismo conducía inexorablemente al imperialismo, y éste a las continuas guerras. En forma análoga, los islamistas radicales caracterizan al universo no musulmán como un mundo que tiende a guerrear sin cesar. En consecuencia, “la única forma de paz estable será la que derive de una sustitución del pluralismo religioso por la universalización del Islam.12

Por otra parte, al igual que la “deskulakización” llevada a cabo en la URSS, los islamitas radicales “eliminan” a los musulmanes que no quieran ajustarse a su visión del Islam.

En adición a todo lo anteriormente dicho, ni el comunismo ni el islamismo radical dejan lugar para la vida privada, ni siquiera la conciencia. El fascismo nunca pretendió llegar a esos extremos.

La utopía islamista pinta un futuro venturoso para toda la humanidad, una vez que los musulmanes gobiernen. Aseguran que un Estado fundado en los valores y principios del Islam, es la única vía para crear una sociedad perfecta. Pero la cruda realidad es que bajo su conducción, el supuesto “paraíso” se transforma en un infierno. También en eso se asemeja al comunismo.

En conclusión, más allá de las aparentes diferencias, el islamismo radical de nuestros tiempos podría ser considerado una nueva versión del comunismo.

Referencias

1. Huntington, S., “¿Choque de civilizaciones?”, Foreign Affairs en español, Verano de 1993. Consultada el 26/10/2014. Este artículo es el antecedente del libro anteriormente mencionado.

2. Ibídem.

3. De la Corte Ibáñez, L. y Jordán, J., “La yihad terrorista”, Editorial Síntesis, Colección Ciencias Políticas, Madrid, 2007, p. 30.

4. Esta característica del islamismo lo acerca al comunismo y lo aleja del fascismo. Carlos Marx, Federico Engels y Lenin pueden ser considerados los padres intelectuales de comunismo, mientras que el fascismo no fue una teoría sino una acción.

5. Taymiyya fue una de las primeras fuentes de autoridad del pensamiento islámico elaborado desde la Edad Media. Según De la Corte Ibáñez et al. fue la inspiración básica para muchos ideólogos del yihadismo del siglo XX.

6. Fundador de los Hermanos Musulmanes.

7. Fundador de la organización Yamaat-i-Islami concebida como un partido político de corte autoritario.

8. Fue el primero de muchos ideólogos radicales que describió a EE.UU. como el modelo paradigmático de la “depravación occidental”. Estuvo afiliado a los Hermanos Musulmanes.

9. Con respecto a esta afirmación, es conveniente aclarar que el ayatolá Jomeini fue una excepción a esa regla.

10. De la Corte Ibáñez et al., op. cit., p. 46.

11. Además la desmembración del Imperio Turco que constituía un factor de unidad entre los musulmanes, y el reparto de sus territorios entre las potencias occidentales, especialmente Gran Bretaña y Francia.

12. De la Corte Ibáñez et al., op .cit., p. 40.