El internacionalismo liberal

Simon Lester afirma que "Puede que haya o no una manada de verdaderos liberales que son aislacionistas, pero la realidad es que el liberalismo está entre las filosofías más internacionalistas".

Por Simon Lester

Uno de los términos más descalificadores que se pueden lanzar en los círculos de relaciones exteriores es “aislacionista”. Si usted es un aislacionista, usted claramente no ha considerado los asuntos con cuidado ni de manera racional, y necesita que no se lo tome en serio. Los políticos con tendencias liberales como Ron y Rand Paul muchas veces reciben este epíteto.

Puede que haya o no una manada de verdaderos liberales que son aislacionistas, pero la realidad es que el liberalismo está entre las filosofías más internacionalistas. Examinando varias áreas clave de las relaciones internacionales hace que esto sea evidente: el comercio internacional, la diplomacia y las fuerzas armadas, y las instituciones.

El punto más obvio en el que los liberales son internacionalistas es en aquel de las relaciones económicas. Es cierto que los liberales claman por el libre flujo del comercio y de las inversiones, sin restricciones del Estado. Esto es lo más internacionalista que uno se pueda imaginar. Para los liberales, el origen de un producto o servicio es irrelevante. La gente alrededor del mundo debería poder comprarse y venderse entre ellos sin la intervención del Estado.

Desafortunadamente, en la mayoría de países hoy, hay un gran sentimiento a favor de actores económicos domésticos por sobre los extranjeros. Este sentimiento se manifiesta de varias formas, tales como los aranceles y las políticas con mandatos de “Compre lo nacional”. Los liberales se encuentran casi totalmente unidos en contra de este sentimiento nacionalista, creyendo que el comercio y otras interacciones económicas con actores extranjeros nos benefician a todos.

La diplomacia y las fuerzas armadas son un área de políticas públicas más complicada, que involucra una serie de ejemplos de potenciales relaciones entre lo doméstico y lo extranjero. Aquí, en cambio, hay un argumento sólido de que los liberales son más internacionalistas que la mayoría del resto. Por supuesto, esto en parte depende de lo que uno entiende por internacionalismo.

Los liberales son acusados con mayor frecuencia de ser aislacionistas cuando se oponen a la intervención militar en territorios extranjeros. Que los liberales usualmente se opongan a la intervención militar en territorios extranjeros no está en duda. Sin embargo, el uso de las fuerzas armadas no puede creíblemente siempre ser denominado como algo internacionalista. El colonialismo y la conquista, aunque requieren el contacto con extranjeros, no son generalmente una forma positiva de relaciones internacionales.

Más controversial es que los liberales a veces se oponen a la ayuda externa también. Pero no se debe a un sentimiento anti-extranjeros. En cambio, se debe a un escepticismo acerca de la efectividad de la ayuda externa y a su mal uso como una política de relaciones exteriores, y en general a una preferencia por los mercados sobre la ayuda estatal.

Los liberales ciertamente creen en la ayuda privada de grupos de la sociedad civil en una nación a gente de otras naciones. La objeción es solamente al mal manejo por parte de los estados cuando éstos se involucran.

De manera que para los liberales, la guerra y la ayuda estatal no reflejan el verdadero internacionalismo. Hasta cierto grado, en realidad reflejan una intimidación y condescendencia por parte del Estado hacia los extranjeros, la idea de que nosotros somos superiores a ellos y podemos utilizar nuestro poder para hacerlos a nuestra semejanza. En cambio, los liberales creen en tratar a los ciudadanos de otros países con respeto y en actuar con humildad.

Finalmente, está la cuestión de las instituciones internacionales. Esta es un área en la que los liberales son más proclives a rechazar lo que convencionalmente se considera como una posición internacionalista, dado que se preocupan acerca del poder de estas instituciones. En realidad, los liberales no están rechazando la idea de las instituciones internacionales, sino más bien determinadas políticas promovidas por algunas de estas instituciones. Por ejemplo, el FMI promueve la política fiscal Keynesiana, y los liberales se oponen. Es la política a la que se oponen, no a la institución per se. Si hubiesen instituciones internacionales que respaldarán los presupuestos balanceados (o los derechos de propiedad protegidos), por ejemplo, los liberales probablemente las respaldarían. No hay objeción fundamental alguna de los liberales en contra de la cooperación internacional a través de las instituciones; la única preocupación es acerca de determinados asuntos sustanciales.

A un nivel más conceptual, la idea de un gobierno limitado inherentemente nos aleja del nacionalismo y nos acerca a un internacionalismo. Como las cosas están ahora, la mayoría del poder está en los gobiernos nacionales, quienes utilizan este poder de maneras que están en conflicto con los intereses de otros gobiernos. En otras palabras, poner el poder en las manos de las naciones-estados conduce naturalmente a un conflicto nacional. En cambio, devolver el poder a los gobiernos locales, que están más estrechamente conectados con la gente, reduce el papel de los gobiernos nacionales y del nacionalismo. Hace que el poder esté más distribuido, y permite que las comunidades se conecten entre ellas, sin importar la nación en la que se encuentren ubicados.

Muchos creen que los liberales son aislacionistas, anti-extranjeros, y escépticos de cualquier cosa que provenga del ámbito internacional. Sin embargo, la verdad es que el internacionalismo del establishment es muchas veces internacional únicamente en nombre. Necesitamos observar cuidadosamente debajo de la superficie de lo que la gente realmente defiende en el nombre del internacionalismo. La intimidación a través de la política exterior —comparada con simplemente dejar a otros determinar su propio curso— puede que aumente nuestro contacto con la gente de otras naciones, pero también lo puede hacer de maneras que conduzcan a mayores conflictos internacionales y a una menor prosperidad.

En el ámbito internacional, los liberales pueden y tendrán una voz fuerte y jugarán un papel importante. Ese papel no debería ser disminuido por epítetos simplistas e imprecisos como aquel del aislacionismo.

Este artículo fue publicado originalmente en Townhall (EE.UU.) el 16 de diciembre de 2015.