El insostenible endeudamiento gubernamental estadounidense

Manuel Sánchez González indica que el déficit en el presupuesto de EE.UU. pasará de 4,6 por ciento en 2019 a 16 y 8,6% en 2020 y 2021, respectivamente y qué implicaciones tiene esto para la política fiscal y monetaria de EE.UU.

Por Manuel Sánchez González

La semana pasada, la Oficina de Presupuesto del Congreso estadounidense dio a conocer sus nuevas proyecciones sobre las cuentas del gobierno federal de ese país para el presente y los siguientes diez años fiscales, definidos éstos como periodos de doce meses que concluyen en septiembre.

En términos del PIB, dicha Oficina calculó que el déficit presupuestal pasará de 4,6 por ciento en 2019 a 16,0 y 8,6 por ciento en 2020 y 2021, respectivamente. Asimismo, estimó que la deuda “en manos del público” se incrementará de 79,2 por ciento en 2019 a 98,2 y 104,4 por ciento del PIB en 2020 y 2021, respectivamente.

Debe aclararse que, en esta última medición, el término “público” alude a individuos, corporaciones y entidades diferentes de las dependencias del gobierno federal, las cuales, entre otras, incluyen al Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos y a los gobiernos extranjeros.

Las proyecciones actuales llaman la atención, al menos, por dos razones. La primera tiene que ver con sus magnitudes relativas, algunas de las cuales no tienen precedente en épocas de paz.

Específicamente, en términos del PIB, el déficit de 2020 resulta el cuarto más elevado de la historia, únicamente superado por los registrados en tres años durante la Segunda Guerra Mundial.

Además, según estos cálculos, en ambos ejercicios las razones de deuda a PIB serán las mayores en más de setenta años, y la de 2021 superará el tamaño de la economía por primera vez desde justo después del mencionado conflicto armado.

Una segunda consideración consiste en la tendencia previa de la deuda. Sin duda, el súbito incremento en el endeudamiento refleja, además de la caída del PIB, la expansión de los programas gubernamentales orientados a paliar los efectos adversos de las medidas para enfrentar el coronavirus.

No obstante, el actual agravamiento fiscal ocurre después de dos décadas en las que la proporción de deuda a PIB fue prácticamente en continuo ascenso, hasta más que duplicarse. En esta expansión han jugado un papel preponderante las erogaciones crecientes por los beneficios de seguridad social y servicios médicos, que se han acentuado con el envejecimiento de la población.

Los elementos anteriores sugieren que la trayectoria de endeudamiento estadounidense es “insostenible”, en el sentido de que no sería factible que continuara indefinidamente sin que, antes, el público demandara tasas de interés “suficientemente” altas y, tarde o temprano, rehusara mantenerlo.

La historia mundial está llena de crisis de deudas soberanas desencadenadas por la percepción de los inversionistas de que los compromisos son excesivos y ha aumentado la probabilidad de impago. En épocas modernas, tales fenómenos no solamente han ocurrido en las economías emergentes, sino también en las avanzadas, como en la debacle de la zona del euro cuyo pico fue 2010-2012. 

Varias razones contribuyen a explicar por qué EE.UU. ha podido acrecentar sustancialmente su endeudamiento sin fricciones. Sin duda, la más importante es la preminencia global del dólar como unidad de medida para las transacciones financieras y de comercio, así como su carácter de moneda de reserva al ser el principal activo de los bancos centrales. En los años sesenta del siglo pasado, el ministro deFfinanzas francés Valéry Giscard d’Estaing se refirió a esta ventaja, en forma de queja, como el “privilegio exorbitante” del dólar.

Otra causa ha sido la política monetaria extraordinariamente laxa mantenida por el Fed desde la gran crisis financiera de 2008. Esta ha incluido tasas de interés de referencia cercanas a cero por mucho tiempo, así como compras a gran escala de valores del Tesoro estadounidense, dentro de sus programas de relajamiento cuantitativo, las cuales se aceleraron dramáticamente desde marzo de 2020. De esta manera, se han aligerado las posibles presiones de tasas de interés provenientes del mayor vigor en la emisión de deuda gubernamental.

Estos y otros factores favorables al endeudamiento podrían no mantenerse en el futuro e incluso revertirse. En particular, no puede descartarse un escenario en el que el público inversionista comience a percibir que el gobierno federal de EE.UU. carece de un programa de contención de su deuda y decida rechazar los instrumentos del Tesoro.

Ello podría manifestarse en aumentos de las tasas de interés que hagan incosteable el refinanciamiento de esos débitos o en un brote inflacionario que los degradara. Aunque estos riesgos no parecen inminentes, convendría que el gobierno planteara una estrategia de salida de mediano plazo a fin de reducir la probabilidad de un ajuste caótico de su deuda.

Este artículo fue publicado originalmente en El Financiero (México) el 9 de septiembre de 2020.