El indefendible gasto no-militar

Por Veronique de Rugy

En 1994 los republicanos ganaron el control del Congreso en parte porque prometieron reducir el gasto excesivo del gobierno y eliminar el déficit. Para crédito de ellos, los republicanos mantuvieron parcialmente su compromiso de responsabilidad fiscal retrasando modestamente el índice de crecimiento del gasto. En 1996, incluso con Bill Clinton en la Casa Blanca, los republicanos cortaron el gasto.

Esto condujo a mucha gente a esperar que las muy necesarias reducciones del gasto llegaran a ser más frecuentes si los republicanos también controlaran la Casa Blanca. Piense otra vez. Desde el 2001, con los republicanos en la Casa Blanca y con el control de ambas Cámaras del Congreso, hemos visto lo contrario.

Los gastos federales totales se incrementaron en 29 por ciento entre los ejercicios fiscales 2001 y 2005 y el aumento en el gasto discrecional real en los ejercicios fiscales 2002, 2003 y 2004 son tres de los cinco aumentos anuales más grandes de los pasados cuarenta años. Como dijo Lord Acton "el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente."

Durante los años de Clinton, los republicanos trajeron un espíritu reformador a Washington después de las históricas elecciones de 1994 para el Congreso. Deseaban suprimir los Ministerios de Comercio, Educación y Energía. Se comprometieron a reducir el tamaño del gobierno federal porque, como el Senador Sam Brownback (R., Kansas) observó, "no sólo el gobierno ha ido más allá de su rol pertinente sino que ha fallado en su misión. Es hora de desconectar el enchufe del experimento." Y de hecho, en 1996 los republicanos cortaron el gasto discrecional total por $12 mil millones.

Pero este espíritu reformador comenzó a disminuir. Entre los ejercicios fiscales 1997 y 2001, con Clinton en la Casa Blanca y los republicanos con el control del Congreso, el gasto discrecional aumentó sistemáticamente. El Presidente Clinton solicitó aumentar el gasto y los republicanos estaban felices de ayudar. De hecho, después de pasar por las manos del congreso, controlado por los republicanos, el gasto real terminó, en promedio, mas de $10 mil millones por arriba de la cantidad solicitada, en gran parte debido a gastos de defensa más altos.

La única notable excepción fue aquella durante ese mismo período, el gasto real no-militar era levemente más bajo que lo que el presidente solicitó. Así pues, aunque el gasto no-militar continuó creciendo, creció a un ritmo más lento de lo que el presidente Clinton solicitó. Por supuesto, uno puede decir que Clinton no tenía ningún incentivo para proponer presupuestos razonables, pero el congreso republicano decidió no complacerlo en más gasto no-militar.

Desgraciadamente, el espíritu reformador ha desaparecido. Hoy, los republicanos controlan ambos extremos de la avenida de Pennsylvania, la Casa Blanca y el Congreso, y cada año desde el 2001 el presidente ha propuesto grandes aumentos del gasto discrecional, siendo el gasto real aprobado por el Congreso incluso mayor que los grandes presupuestos propuestos -- en promedio, $65 mil millones más grande. Algunos observadores piensan que los aumentos en los gastos de defensa para luchar contra el terrorismo y la guerra en Irak explican los aumentos. Están equivocados.

Entre los ejercicios fiscales 2002 y 2004, el presidente Bush no hizo ningún intento por controlar el gasto no-militar. En cada uno de los tres años pasados, los presupuestos solicitados por el presidente han crecido, en promedio, $20 mil millones en el gasto doméstico comparado con el año anterior.

Pero esta vez el congreso republicano no se opuso a la tentación bipartidista de gastar nuestro dinero en proyectos con fines meramente políticos y decidió gastar aún más dinero que lo que el presidente solicitó. Consecuentemente, el excedente real del gasto no-militar del gobierno en el período habrá aumentado en por lo menos $114 mil millones. La reciente cuenta ómnibus es el último ejemplo del derroche presupuestario.

Desde el 2001, el desempeño republicano en el control del gasto no-militar ha sido un fracaso rotundo a lo largo del presupuesto. En el ejercicio fiscal del 2002, el presupuesto terminó $50 mil millones por arriba de lo solicitado y en el ejercicio fiscal 2003, $30 mil millones por arriba de lo previsto originalmente. Pero esto parece relativamente de menor importancia comparado a los $90 mil millones subestimados que el Congreso asignó por encima de la cantidad propuesta por el presidente para el ejercicio económico 2004. Por supuesto, algo de ese dinero adicional fue solicitado por el mismo presidente para más operaciones en Irak y Afganistán. Pero el congreso falló en pedir recortes equivalentes dentro del presupuesto doméstico para compensar ese gasto adicional.

Al igual que en el caso de los años de Reagan, en Washington ha prevalecido la cultura de gasto sobre las promesas republicanas de cortar el presupuesto y de llegar a ser fiscalmente responsable. De hecho, es difícil ahora encontrar algún compromiso de un gobierno más pequeño. Ambas partes han unido esfuerzos en la gran orgía del gasto. Como Dick Armey solía decir "hay tres grupos que gastan el dinero de terceros: niños, ladrones y políticos. Los tres necesitan de supervisión."

Traducido por Nicolás López para Cato Institute.