El futuro de Chile según Ricardo Lagos

Axel Kaiser dice que "Lo que Lagos propone es el desarrollo de una amplia política redistributiva y por tanto un incremento sin precedentes de la ingerencia del Estado en los asuntos privados".

Por Axel Kaiser

De cara a las elecciones presidenciales de este año, el ex presidente de Chile Ricardo Lagos ha publicado un breve libro en el cual traza la ruta que según él debiera seguir el país hacia el futuro. Llama la atención a través del libro, el sesgo estatista y la desconfianza en el mercado que manifiesta el ex presidente. En el prólogo, escrito en plena crisis económica, Ricardo Lagos se suma a la intelectualidad progresista mundial que ha culpado de la crisis al “neoliberalismo” de Friedman y compañía al señalar que Chile debe seguir el camino del “progresismo moderno” y no el de “la ley de la selva del mercado”, pues este nos lleva al “cataclismo” del cual sólo el Estado nos puede rescatar.

Acto seguido y luego de insinuar que con la crisis se pondrá en cuestión lo que denomina como “visión conservadora de la economía de mercado”, el ex presidente explica en qué consiste el camino progresista que debería seguir Chile: “El sueño posible que propongo pensar —dice Lagos— podría formularse así: cómo construir una sociedad que sea capaz de asegurar las garantías fundamentales para que todas las personas tengan acceso equitativo a las oportunidades de progreso y protección social, por el simple hecho de ser chilenos. A ello llamo construir una sociedad de garantías” . Más adelante Lagos afirma que el concepto de garantías “es el núcleo de nuestra propia sociedad de bienestar” y que “todas las políticas públicas” deben estar orientadas a satisfacer las prestaciones cubiertas por planes especialmente diseñados por el Estado para esos efectos. Ideas similares se encuentran a lo largo de toda la obra, en que la reivindicación del rol del Estado como solución a los problemas, es recurrente.

Lo que Lagos propone es el desarrollo de una amplia política redistributiva y por tanto un incremento sin precedentes de la ingerencia del Estado en los asuntos privados para lograr así construir un Estado de bienestar al estilo europeo. El problema de este enfoque redistributivo, es que en un país en que los niveles de productividad vienen cayendo sistemáticamente desde 1997 y en que la tasa de crecimiento de la economía en la última década se desplomó promediando la mitad de la década anterior, aumentar aún más el intervencionismo estatal tendría consecuencias desastrosas sobre el crecimiento económico.

De hecho, ha sido la expansión del Estado con un aumento sin precedentes en las regulaciones, la cantidad de servicios públicos y los impuestos, lo que ha desacelerado el crecimiento de la economía chilena y afectado los niveles de productividad del país en la última década. La experiencia de los estados de bienestar europeos con niveles récord de desempleo, bajas tasas de inversiones, déficit fiscales y una notoria atrofia en los aparatos productivos, enseñan que ni aún para países con ingresos per cápita tres veces superiores al chileno es posible desarrollar amplios esquemas de bienestar y sostenerlos exitosamente en el tiempo.

En un año electoral, en que el gobierno, que aspira a un quinto periodo, ha hecho de la “protección social” y la desconfianza en el mercado el eje de su discurso y proyecto político, las propuestas del ex presidente Lagos no dejan de ser preocupantes. El énfasis redistributivo del discurso, permite concluir que para el ex Presidente y el progresismo chileno, el desafío de alcanzar el desarrollo dejó de ser una prioridad.