El espejismo de la soberanía: El saldo financiero del efecto
por Roberto Salinas León
Roberto Salinas León es presidente del Mexico Business Forum.
El espejismo de la soberanía es el saldo principal de la economía global en 1997. Este es un fenómeno contemporáneo, que nace del explosivo auge en las transferencias de capitales observado en los mercados financieros. El mundo de la tecnología financiera tiene dimensiones anárquicas, sin supervisores, sin fuentes de intervención, sin autoridad supranacional que regule la lógica peculiar de la volatilidad financiera. En este mundo, una norma es suprema: tratar bien al capital, o sufrir las consecuencias.
El espejismo de la soberanía es el saldo principal de la economía global en 1997. Este es un fenómeno contemporáneo, que nace del explosivo auge en las transferencias de capitales observado en los mercados financieros. El mundo de la tecnología financiera tiene dimensiones anárquicas, sin supervisores, sin fuentes de intervención, sin autoridad supranacional que regule la lógica peculiar de la volatilidad financiera. En este mundo, una norma es suprema: tratar bien al capital, o sufrir las consecuencias.
Esta es la lección principal del drama financiero que sacudió al mundo en la semana negra ocasionada por el efecto dragón: dada la soficitcación de los mecanismos de trnasmición, mercados en todo el mundo pueden disponer de información en cosa de segundos. Por ello, un disturbio en un sector del mundo financiero repercute en forma instantánea en otros mercados, sin posibilidades de contener los flujos de información. Los capitales han madurado, rebasando por completo cualquier intento de utilizar el proceso político para contener los movimeintos que realizan de un mercado al otros. Es un mundo sin fronteras, sin soberanía que dicte qué, quién como y cuando. Esta es la tesis de Walter Wriston, ex-presidente de Citicorp: la información es, hoy por hoy, el activo más importante en la infraestructura económica global. El explosivo crecimiento de los flujos de capital y los avances tecnológicos hacen de la soberanía un espejismo, un factor irrelevante en la gloablización financiera. Hace una década, 10 mil millones de dólares seran suficientes para "lubricar" o "determinar" un mercado cambiario, mientras que en esta era de globalización, las transacciones diarias en los mercados de dinero sobrepasan la cifra de 1.3 billones de dólares. La intervención es un ejercicio en vano, en ausencia de medidas que surtan confianza a largo-plazo.
En las palabras de Wriston, el patrón oro ha sido remplazado por otro patrón, el patrón de la información. En un futuro cercano, habrá nuevos productos de ingeniería financiera: dinero electrónico, tarjetas inteligentes, monedas privadas y transacciones codificadas en internet. Esto es motivo de celebración, en la medida que aumentan las posibilidades de financiamiento en mercados emergentes. Empero, hay grandes riesgos: un cambio imprevisto en las expectativas puede desatar una ola mundial de volatilidad, un colapso del sistema de pagos internacional. Esto fue lo que sucedió, precisamente, con el efecto dragón: de un día para otro, el huracán financiero se sintió en forma pronunciada en las princiaples variables del entorno macroeconómico mexicano. Es una coincidencia interesante que los ganadores del Premio Nobel en Economía en 1997 son ambos pioneros de la teoría moderna de portafolios financieros.
La pregunta obligada es ¿qué se puede hacer? La respuesta constituye un reto formidable para los protagonistas de la política económica mundial. Los esquemas de control de capital eran, ehace apenas unos años, sencillos de implementar: un soldado, una expropiación, un decreto. Sin embargo, utilizar el proceso político para mitigar la desintegración de la soberanía financiera es nostalgia total, a la luz de los instrumentos tecnológicos para transportar capital de una región a otra. No es Wall Street, sino World Street. El reto no es evitar el nuevo paradigma global de las finanzas, sino aumentar la transparencia de la política económica, así como afianzar la estabilidad de precios. En el nuevo mundo de las finanzas volátiles, es esencial generar el ambiente no inflacionario que se dio bajo el patrón oro, por medio de la disciplina fiscal y credibilidad monetaria.
El hecho es, sin embargo, que no existe una fórmula preconcebida para neutralizar todo tipo de turbulencia financiera en el mundo de las finanzas contemporáneas. El esfuerzo de mantener la estabilidad del sistema financiero, dado el entorno tecnológico, es un arte que requiere paciencia, sabiduaría y humildad.