El "Conservador" Bush gasta más que el "Socialdemócrata" Clinton

Por Veronique de Rugy y Tad DeHaven

Las proyecciones presupuestarias recientemente publicadas por la administración Bush revelan un déficit presupuestario anticipado de $450.000 millones para el actual año fiscal, un aumento de $151.000 millones desde febrero. Los seguidores y críticos de la administración se equivocan al culpar a los recortes de impuestos, la guerra, o la recesión económica por el déficit. El hecho es que Estados Unidos tiene un creciente déficit porque George W. Bush es el derrochador más grande que ha ocupado la Casa Blanca desde Jimmy Carter. Uno podría decir que se ha convertido en la "Madre de Todos los Grandes Derrochadores".

Las nuevas estimaciones muestran que, bajo Bush, los desembolsos totales habrán aumentado $408.000 millones en tan solo tres años a $2.272 billones: un enorme incremento en el gasto federal del 22%. Las autoridades de la administración admiten privadamente que el gasto es demasiado alto. Pero aún así sostienen que los déficit son apropiados en tiempos de guerra y recesión. Así que, ¿es cierto que la guerra contra el terrorismo ha resultado en un aumento en el gasto de defensa? Sí. Y, ¿también es cierto que una recesión económica ha significado una caída en el flujo de ingresos fiscales utilizados para pagar por el gobierno? Sí también.

Pero la verdad es que la defensa nacional está lejos de ser la responsable por los incrementos en el gasto. De acuerdo con los nuevos números, el gasto en defensa habrá aumentado en aproximadamente un 34% desde que Bush fue juramentado. Pero, al mismo tiempo, el gasto discrecional que no es de defensa se habrá disparado en casi 28%. Las agencias gubernamentales que los republicanos pedían cerrar hace menos de 10 años, tales como educación y trabajo, han disfrutado increíbles aumentos en el gasto del 70% y 65%, respectivamente.

La gente más racional recortaría sus gastos si supieran que sus ingresos van a verse reducidos en el futuro cercano. Cualquier compañía inteligente buscaría reducir los costos si el clima empresarial empeorara. Pero desde el primer día la administración Bush ha estado gastando libremente en tiempos de una economía recesiva sin intentar seriamente reducir los costos.

Los genios de la Casa Blanca insisten en que mantengamos "en perspectiva" el tamaño del déficit. De seguro que es apropiado que el déficit presupuestario deba ser medido en contraposición al tamaño relativo de la economía. Hoy, el déficit presupuestario proyectado representa un 4.2% del PIB de Estados Unidos. Por lo tanto, los miembros de la administración Bush se dan una palmada en la espalda y nos recuerdan que en los ochenta la economía manejó déficit del 6%. ¿Y qué? Aparentemente este gobierno parece pensar que lograr estándares bajos en lugar del más bajo es reconfortante.

El que la situación presupuestaria de Estados Unidos continúe deteriorándose es porque la política fiscal de la administración Bush ha tenido mucho más que ver con la política partidista que con la política pública. Incluso los recortes de impuestos, los que resultaron ser una buena política pública, fueron partidistas por naturaleza considerando el apoyo que tuvieron en la base conservadora del partido Republicano. Al mismo tiempo, los políticos que manejan la maquinaria para la reelección de Bush han intentado consistentemente aplacar o silenciar a socialdemócratas y grupos de presión al tirar dinero a cada antojo y deseo. En términos matemáticos, la administración Bush calcula que conservadores saciados más socialdemócratas silenciados resulta en reelección.

¿De qué otra forma se puede explicar que el gobierno publique un reporte criticando los programas agrícolas y luego proceda a firmar una ley que expande esos mismos programas? ¿De qué otra forma se puede explicar que la administración Bush reconozca que los beneficios sociales van a llevar a Estados Unidos a la bancarrota si no son reformados y aún así promueva la expansión en Medicare más grande en la historia a un año de las elecciones? Tales maniobras políticas descaradas solo pueden ser descritas como "Clintonescas".

Pero quizás estamos siendo injustos con el ex presidente Clinton. Después de todo, en términos ajustados a la inflación, Clinton había supervisado un aumento en el gasto de tan solo 3.5% al mismo punto en su administración. Aún más importante, luego de sus primeros tres años en el cargo, el gasto discrecional que no es de defensa de hecho disminuyó en un 0.7%. Esto contrastado con un aumento en el gasto del 15.6% y uno del 20.8% en el gasto discrecional que no es de defensa durante los primeros tres años de Bush.

Desdichadamente, la administración Bush ha sacrificado consistentemente a las buenas políticas en nombre del dios de la conveniencia electorera. Desde subsidios agrícolas hasta la expansión de Medicare, la compra de votos para la reelección ha triunfado consistentemente sobre los principios. De hecho, lo que Estados Unidos tiene ahora es un presidente que gasta como Jimmy Carter y complace como Bill Clinton. Nuestra única esperanza es que el explosivo déficit finalmente provoque que la administración Bush se ponga seria en cuanto controlar el gasto.

Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.