¿El comercio con Cuba promoverá la libertad o subsidiará la tiranía?

Por Jeff Flake

Muchas gracias. Realmente agradezco la invitación. Cuando trabajaba en el Goldwater Institute, a veces la gente se refería a nosotros como el Cato del Oeste. Así que siempre me siento cómodo por aquí.

La gente siempre me pregunta cómo me involucre en este asunto. Arizona no está precisamente repleta de Cubano-Americanos. De hecho, yo usualmente explico que hice una encuesta en mi distrito sobre qué hacer con Cuba si mi política fuera la de ellos, y los dos únicos Cubano-Americanos que hay me dijeron que podía hacer lo que yo quisiera.

Pero para mí se trata de la libertad. He estado comprometido principalmente en levantar la prohibición de viajar a Cuba. El gobierno no debería de decirnos adónde y adónde no podemos viajar. Eso no representa el espíritu norteamericano.

Nosotros como Republicanos debemos ser consistentes en nuestra política exterior, y hemos tomado la posición de que el acercamiento es lo que debemos hacer. Si nos aproximamos a China, esa reforma económica conducirá a una reforma política. Lo mismo en Corea del Norte, lo mismo en Vietnam. Hemos adoptado esa posición y hemos visto los resultados de la misma, pero con Cuba volvemos nuestras miradas y decimos que no, que no vayamos tan rápido ahí, y eso simplemente no tiene sentido. Debemos ser consistentes en nuestra política exterior.

En cuanto a la prohibición de viajar, es particularmente pernicioso porque realmente no lo tomamos en serio. La prohibición no se hace respetar equitativamente. No se le aplica a los Cubano-Americanos del sur de Florida. Sabemos que no se hace cumplir en lo absoluto, como debería ser. No debería hacerse respetar de todas formas, pero si no se les va a pedir a los Cubano-Americanos que respeten la prohibición, no se le debería pedir a mis electores tampoco.

También tenemos una situación con las remesas que tampoco se hace cumplir para nada. Los Cubano-Americanos pueden enviar actualmente $100 al mes a sus familiares en Cuba. Cualquier monto por arriba de esto es una violación a la ley. Puede llevarlo a la cárcel; pero eso nunca sucede. Simplemente no se hace respetar, ni tampoco se debería hacer. Y es precisamente por eso que cambiamos la ley hace dos días para eliminar el tope a las remesas. No deberíamos limitar la caridad familiar, más bien debemos alentarla.

Yo le pregunté a algunos amigos en el gobierno cuál es la diferencia entre turistas yendo a Cuba y gastando su dinero, dándole propina a un taxista o comprándole curiosidades a algún artesano o a alguien vendiendo en la calle, cuál es la diferencia entre darle dinero a ellos y una familia dando remesas a sus parientes. Ellos responden que las remesas son subversivas. Y yo estoy de acuerdo, pero mi punto de vista es que si son subversivas, hagamos más subversiones.

Debemos ser mucho más subversivos. Así fue como levantamos esa prohibición y tuvimos éxito en hacerlo. Creo que vamos en la dirección correcta.

La realidad es que a través del país existe un apoyo abrumador para levantar la prohibición a viajar. En la misma Florida, hay un apoyo aplastante. Inclusive encuestas recientes sugieren que dentro de la comunidad Cubano-Americana existe un respaldo mayoritario para levantar la prohibición. Ahora bien, yo no creo que debemos dejarnos influenciar por las encuestas, eso es algo aparte. Pero para aquellos que sí las consideran importantes, deben saberlo.

Les puedo decir que hace dos días hubo 262 votos para levantar la prohibición a viajar. Si tuviéramos un voto secreto en el Congreso norteamericano, probablemente podríamos sumar entre 75 y 100 votos más. Muchos se me acercaron o hablaron a otros compañeros y nos dijeron que querían el cambio, pero tenían que apegarse a la fracción, o que habían votado así por muchos años, o cualquier otra cosa. Así que la corriente ha cambiado substancialmente. La gente ya empieza a darse cuenta de que 42 años es demasiado tiempo para continuar con una política fallida.

El otro bando dirá, y probablemente lo oiremos más tarde, que no le deberíamos tirar un hueso a Castro ahora. No lo deberíamos premiar con dólares de turistas. Él está al borde del precipicio. Está a punto de caer.

Bueno, eso fue lo que pensamos en 1992 también. Cuando los soviéticos se retiraron, ellos dijeron que eso lo liquidaría, que no podría vivir sin el apoyo de ellos. Sin embargo, él aflojó ciertos controles y sobrevivió en el 92, a pesar de que le impusimos mayores sanciones con la Ley para la Democracia en Cuba.

Luego, en 1996 con la Ley Helms-Burton, volvimos a endurecer las sanciones. Y nuevamente miembros del Congreso nos afirmaron que esto iba finalmente a acabar con Castro, pero no fue así. Todavía continúa allí. Aún está al mando. Sigue siendo el mismo matón que siempre ha sido.

La diferencia en el debate en el último par de años es que ya nadie argumenta que debemos levantar las sanciones y eliminar la prohibición porque Castro está cambiando; que necesitamos premiarlo por su comportamiento.

Sin embargo, nosotros reconocemos que Castro no ha cambiado ni lo va a hacer. Yo no creo que yo lo pueda cambiar. Yo fui a Cuba el año pasado y rehusé a reunirme con él. Pienso que él es un matón; que tiene sangre en sus manos. Él retiene prisioneros políticos. No me creo capaz de convencerlo de nada; y francamente no quería pasar seis horas oyendo a una vieja gloria hablando sobre las maravillas del socialismo. Cada día él es más irrelevante si simplemente lo ignoramos. Nosotros podemos esquivarlo si facultamos a la gente allá a través del comercio y la interacción.

El problema con nuestra política es que agrandamos a Castro. Le permitimos que nos culpe por todos los fracasos del socialismo. Realmente me llama la atención que lo califiquemos de mentiroso y ladrón, pero cuando él dice querer que se levante el embargo, nosotros creemos que eso es realmente lo que quiere. Eso es lo último que desea, ya que él sabe muy bien que nosotros somos un chivo expiatorio muy conveniente. Esto es lo que realmente ha cambiado el debate.

Cuando el bando que quiere mantener el status quo afirma que Castro es malo y que mantiene prisioneros políticos, nosotros inmediatamente contestamos que eso ya lo sabemos, que probablemente él es peor de lo que creemos. No obstante, el dilema radica en qué hacer al respecto. ¿Continuar golpeando nuestras cabezas contra la pared y usar las mismas políticas fallidas de los últimos 40 años que niegan la libertad de los estadounidenses, o asestar un golpe por la libertad y permitir que nuestros compatriotas viajen? El pueblo estadounidense es nuestro mejor embajador. Ellos exportan nuestra cultura y valores.

El otro bando dirá que cuando un turista vaya a Cuba, se le dirá adónde tiene que estar y permanecerá en un complejo turístico en donde no tendrá ningún contacto con el pueblo cubano. Típicamente esto lo dice la gente que nunca ha ido a Cuba, porque la realidad es muy diferente. A Castro de seguro le encantaría tener la habilidad de controlar todo lo que uno hace, pero simplemente no puede. Los turistas que van allá y pasan 10 minutos en La Habana se dan cuenta de que hay mucho turismo en las calles; algunos norteamericanos que van ilegalmente o consiguiendo un permiso, británicos y otros que van e interactúan constantemente. En Cuba existe un mercado negro en ciernes que debemos ayudar y asistir.

Yo soy el primero en admitir que algunos dólares de turistas terminarán en las manos de Castro si permitimos viajar a Cuba. No hay manera de evitar esto. Pero tampoco se puede evitar que el dinero vaya al pueblo, y eso es algo que no tenemos actualmente. La mano invisible no discrimina. No podemos decir que funciona en China o en Vietnam o en otros lugares, pero que no lo hará en Cuba. Sí lo ha hecho y sí lo hace.

El problema es que simplemente necesitamos más porque, como a Phil Peters le gusta decir, la disidencia en Cuba se manifiesta a través de balseros yendo a Florida en lugar de gente que esté dispuesta a quedarse y protestar con la esperanza de algún rayo de luz. Tenemos manifestantes en el sur de Florida en lugar de Cuba, y eso es lo que más necesitamos, y ellos necesitan ser apoyados por gente que vaya allá y les dé una mano. Esto puede ser logrado únicamente a través de más viajes, comercio e interacción.

Si queremos libertad para el pueblo cubano, debemos empezar por ejercerla nosotros mismos, y ese es el meollo del asunto.

Discurso dado el 25 de Julio del 2002 en el Hayek Auditorium del Cato Institute.

Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.