El cantinflérico discurso de Fernando Lugo en Quito

Por Gustavo R. Coronel

Definitivamente soplan grandes vientos de mediocridad en el hemisferio. Un buen ejemplo lo constituye el discurso que dio el candidato presidencial paraguayo Fernando Lugo en Quito, Ecuador. El evento en sí fue una muestra de la distorsión en los valores políticos y éticos que evidencian algunos gobiernos de la región. Este evento fue organizado por un grupo llamado Ruptura25, asociado con el presidente ecuatoriano Rafael Correa, y contó con su asistencia y participación.

El candidato Lugo fue presentado nada menos que por la ministra de la Defensa de Ecuador, Lorena Escudero, quien dijo: “Ahora damos paso a la exposición del compañero Fernando Lugo... futuro presidente de la República del Paraguay” (aplausos). Si hubiese hecho la ciudadana Escudero esta presentación del “compañero Lugo” no tendría mayores problemas, pero se trató de la ministra de la Defensa de Ecuador. Ello quiere decir que el Gobierno del Ecuador ya ha tomado partido activo en el proceso electoral Paraguayo. La presencia del Presidente Correa en el acto no dejó dudas sobre este acto de grosera intromisión en los asuntos internos del Paraguay.

El discurso en sí hubiese podido ser dado, con orgullo, por Mario Moreno, Cantinflas, el recordado cómico Mexicano. Pretendió ser una definición del socialismo del siglo XXI, esa creación gaseosa de los ideólogos de Hugo Chávez, imitada fielmente por el presidente Correa.

Para Lugo el problema económico de su país se resolvería nombrando ministra de Economía a una ama de casa, declaración recibida con gritos eufóricos por la audiencia. En esa manera primitiva de ver las cosas sigue la línea de Hugo Chávez, quien pasó de administrar una pequeña cantina militar a dilapidar casi doscientos mil millones de dólares de ingresos petroleros en nueve años.

Lugo continuó su discurso de manera un tanto imprecisa citando a Voltaire y a Aristóteles, a quien le atribuyó algunos conceptos tales como: “la economía es el nombre que se da ante la emisión cuyas sustancias es la creación de los medios que son necesarios para el sustento de la familia y el Estado, es decir, el cubrimiento de las necesidades”. Si usted entiende esto, es más afortunado que yo. Lugo añade que Aristóteles también señala “la insaciabilidad de la crematística”, otro concepto bastante vaporoso.

Lugo apunta que la “misión de la economía consiste en satisfacer las necesidades generales mediante una planificación razonable del Estado”. No parece existir el sector privado en su peculiar visión del mundo. Continúa diciendo: “El conflicto entre los que tienen y aquellos que no tienen... no se resolverá con teleconferencias de los ladrones globales solo por la conquista del pueblo”. En otras palabras, vamos a quitarles a los “ladrones globales” (todos quienes tengan algo) para darles a quienes no tienen. No piensa Lugo en la necesidad de generar riqueza, sino en despojar a unos para dárselo a otros, exactamente lo que el desequilibrado dictador venezolano está haciendo.

Se alinea Lugo con el ejército de liberación nacional de Colombia, con los piqueteros argentinos, con la revolución cubana, es decir, con los grupos de forajidos, desocupados y fallidos del hemisferio.

Una frase nos deja pasmados: “Lo que caracteriza a nuestra época es el acortamiento de los movimientos sociales a expensas de la economía del escritorio...”. ¿Qué significará esto? El deber de un líder que se estime debe ser la sencillez y la precisión en hablar, no la incoherencia y la pomposidad.

Dedicó Lugo la mitad de su discurso a criticar los procesos políticos paraguayos, lo cual no es difícil de hacer ni particularmente original. Es indudable que Paraguay requiere mejoras significativas en su estructura política, económica y social, pero ellas deben darse en democracia. La experiencia venezolana bajo Chávez ha demostrado que el país se ha deteriorado aun más, mientras el autócrata lo somete a sus insensatos sueños de un socialismo que ni él mismo entiende.

En este discurso Fernando Lugo ha mostrado su limitada capacidad de entendimiento de los procesos mediante los cuales un país pudiera salir de la pobreza. Sus indigestas nociones de socialismo nos harían sonreír pero, lamentablemente, nos proporcionan gran angustia, la angustia que siente el pasajero de un avión cuando ve que alguien no calificado pretende tomar el timón de la nave.

Este artículo fue publicado originalmente en el ABC Color (Paraguay) el 9 de septiembre de 2007.