El atavismo maicero de López Obrador del PRD

Por Manuel Suárez-Mier

Se escucha con frecuencia que la solidez de las instituciones de México impone limitaciones insuperables a eventuales políticas públicas de corte extremo o que atenten contra nuestros compromisos internacionales, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Este argumento lo utilizan aliados de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) del partido Partido de la Revolución Democrática (PRD) para tranquilizar a un segmento de la ciudadanía que no quiere ver que el país dé marcha atrás en su innegable proceso de modernización, pero que quiere creer en sus promesas de acabar con la pobreza.

Me temo, sin embargo, que el argumento sobre la solidez institucional es más efectivo para atraer votos que para limitar los excesos de un presidente convencido de su misión redentora, como sería AMLO, que repite a diario su rechazo al modelo “ neoliberal” que promovió el libre comercio.

López Obrador ha prometido que buscará la manera de renegociar el compromiso adquirido por el gobierno de México como parte del TLCAN que entró en vigor en 1994, que elimina todas las barreras para la importación de maíz y frijol a partir del año 2008.

Este compromiso de campaña se basa en una premisa falsa, la de que millones de campesinos maiceros de nuestro país, incapaces de competir con los productores norteamericanos, serán liquidados por las importaciones que se generarán una vez que se abran las fronteras en dos años más.

La premisa es falaz por varias razones:

  • El grueso de las importaciones que realiza México son de maíz amarillo para el consumo pecuario y para la industria refresquera, y no de maíz blanco, que es el que consumimos la mayoría de los mexicanos.
  • Un gran número de los campesinos maiceros que le preocupan a López Obrador tienen cultivos de autoconsumo que no tendrían por qué verse afectados aún si aumentasen las importaciones de maíz blanco, mientras que muchos otros mexicanos pobres que no producen maíz se verían muy beneficiados por la consecuente caída en sus precios.
  • Dados los ambiciosos programas de producción de etanol que se han echado a andar en Estados Unidos para remplazar a derivados del petróleo como combustible, es dudoso que en los años por venir haya excedentes importantes de maíz para exportar.

A pesar de estos argumentos, López Obrador no ha cambiado un ápice su discurso. ¿Qué puede pasar en caso de que México denuncie este aspecto del TLCAN para impedir el acceso del maíz? A fin de cuentas, otros compromisos similares, como en el caso del auto transporte, no se cumplieron cabalmente y no ha pasado nada.

Para determinar las posibles consecuencias de que el gobierno mexicano denuncie su compromiso maicero en el Tratado, hay que conocer la situación en el Congreso de Estados Unidos, que es la instancia política para regular asuntos comerciales, con relación al maíz.

A diferencia del auto-transporte en el que hay poderosos intereses económicos y políticos contra su apertura de ambos lados de la frontera, la posición de los principales senadores y diputados de los estados maiceros estadounidenses, liderados por el senador Charles Grassley (Republicano de Iowa), es tajante: No aceptar que México rechace el compromiso de abrir las fronteras a su maíz, y no renegociar el TLCAN.

En caso de que México adopte medidas unilaterales para mantener el maíz estadounidense fuera, el Congreso norteamericano está dispuesto a imponer aranceles compensatorios a sus compras de México, situación dañina y que puede convertirse en una guerra comercial de consecuencias imprevisibles.

¿Es racional poner en peligro al sector más dinámico de la economía mexicana, el asociado con las exportaciones a nuestros socios del TLCAN, por el atavismo aldeano de López Obrador respecto al maíz, sustentado en premisas falsas?

Este artículo fue publicado el 6 de junio de 2006 por El Economista de México.