El asesinato del Pacto de Estabilidad y el futuro de Europa

Por Lorenzo Bernaldo de Quirós

El Pacto de Estabilidad y Crecimiento está muerto o, para ser más precisos, ha sido asesinado por Francia y Alemania con la complicidad de otros Estados de la Unión Europea Monetaria. La ironía es que fue el eje franco-alemán quien impuso las reglas fiscales del Tratado de Maastricht y del PEC para evitar que la hipotética indisciplina financiera de los demás pusiese en peligro la estabilidad de la Eurozona. Apenas una década después, esos mismos países, a causa de una combinación explosiva de estancamiento económico, impotencia técnica y arrogancia política han dinamitado el marco de normas presupuestarias que consideraban imprescindible para garantizar el buen funcionamiento de la unión monetaria. Esa tarea de demolición se ha visto avalada por el Ecofin en una decisión que vulnera los procedimientos de reforma del PEC y permite la "excepción" francesa en un evidente acto de fraude de ley.

Las negativas consecuencias económicas de la muerte del PEC no se materializarán de inmediato pero comenzarán a percibirse con relativa rapidez. En concreto, la consolidación de posiciones deficitarias en Francia y Alemania y, por extensión, la falta de autoridad moral para exigir al resto de los miembros de la UEM la aplicación de planes fiscales ortodoxos se traducirán en una elevación de la prima de riesgo sobre las tasas de interés de Eurolandia. De esta manera, la irresponsabilidad del eje franco-alemán y el peso de sus PIB en el conjunto de la UEM contagiarán el alza de tipos a los demás Estados de la UE y producirán efectos contractivos sobre el conjunto de la actividad productiva europea como sucedió a raíz de la unificación alemana en los noventa. Esa será sin duda alguna la respuesta de los mercados a la quiebra del régimen fiscal-presupuestario de la zona del euro.

Sin embargo, la posible evolución de los acontecimientos no termina ahí. La supresión de las restricciones a la discrecionalidad presupuestaria consagradas en el PEC podría extenderse también a la política del Banco Central Europeo. Si se consideraba esencial para la credibilidad de la moneda única la introducción de criterios de rectitud en materia de deuda-déficit públicos, su desaparición pone en cuestión la solidez de la propia constitución monetaria europea. Por ejemplo, el descontrol del endeudamiento en un gran Estado de la Eurozona y/o su amenaza de bancarrota podría traducirse en una fuerte presión sobre el instituto emisor europeo para que le socorriese, esto es, que emitiese dinero para monetizar el desequilibrio de sus finanzas públicas. Este planteamiento parece extremo pero no lo es si se tiene en cuenta que se ha roto ya un precedente fundamental, el respeto a las normas. A partir de ahí se puede esperar cualquier cosa.

Sin embargo, las repercusiones económicas de la muerte del PEC, con ser malas, no son lo peor. En la práctica, el respaldo del Ecofin a la posición franco-alemana equivale a afirmar que las reglas no son iguales para todos. Esto supone lanzar un torpedo a la línea de flotación del proceso de construcción europea, entendido éste, como la integración de un cierto número de Estados soberanos en una determinada estructura institucional. Para decirlo en Román paladino, la hegemonía de Francia y de Alemania no es una garantía sino una amenaza para el Viejo Continente. ¿Qué sucederá si se imponen los criterios de la Convención y los Estados pequeños y medianos carecen de instrumentos para equilibrar los dictados del Eje? Desde esta perspectiva, el mantenimiento de los acuerdos de Niza cobra una importancia decisiva porque equivale a defender una Europa de iguales frente a otra sometida a los intereses nacionales de Francia y Alemania.

La falta de respeto a las instituciones por parte del eje franco-alemán le priva de autoridad moral para ser el impulsor de la Europa del futuro. Su aspiración al liderazgo se veía ya muy mediatizado por su decadencia económica. Ahora su alicorta y sectaria lectura del interés nacional convierte a la entente galo-teutona en un riesgo para todos. Es inimaginable que los países del Centro y del Este europeo casi recién salidos de la órbita imperial soviética acepten transformarse en satélites de Francia y de Alemania. Si el texto constitucional aprobado por la Convención se hubiera aprobado en sus términos originales, nada habría impedido que los franceses y los alemanes hagan lo que quieran, desde imponer sus ineficientes modelos socio-económicos a los restantes miembros de la Unión Europea hasta configurar una estrategia exterior y de defensa al servicio de sus objetivos propios. Obviamente, esta Europa sería una bomba de tiempo y un proyecto inviable.

En este contexto, la Ley de Estabilidad Presupuestaria vigente en España constituye un instrumento inapreciable para blindar o, al menos, amortiguar el impacto sobre la economía nacional de la senda de irresponsabilidad macroeconómica por la que ha comenzado a deslizarse la UEM. El compromiso reglado del gobierno con el déficit cero y/o la generación de superávit son en las presentes circunstancias los mejores medios para mantener el crecimiento y la creación de empleo en una Europa cuyas perspectivas son en el mejor de los casos inciertas y, en el más probable, estremecedoras.