El acuerdo entre Estados Unidos y China deja sin respuesta las grandes preguntas
Evan Sankey dice que si bien la tregua en la guerra comercial es bienvenida, hay temas pendientes de gran envergadura como el futuro incierto de Taiwán y la competencia por el poder entre China y Estados Unidos.
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Por Evan Sankey
En la reunión celebrada la semana pasada en Corea del Sur, el presidente Trump y el presidente chino Xi acordaron las líneas generales de una tregua de un año en su guerra comercial. Estados Unidos cancelará la mayor parte de las subidas arancelarias que había amenazado aplicar a las importaciones chinas, suspenderá las nuevas restricciones al acceso de las empresas de propiedad parcialmente china a la tecnología estadounidense y suspenderá las sanciones al transporte marítimo comercial de China. A cambio, según se informa, China suspenderá las restricciones a las exportaciones de tierras raras, interceptará el flujo de fentanilo hacia Estados Unidos y reanudará las compras de soja y otros productos agrícolas estadounidenses.
Por lo tanto, la relación comercial entre Estados Unidos y China vuelve aproximadamente al punto en el que se encontraba antes de que se anunciaran los aranceles del "Día de la Liberación" el 4 de abril. Según el presidente Trump, esta tregua estará sujeta a revisión y renovación anual.
La relajación de las restricciones comerciales es bienvenida, pero los responsables políticos estadounidenses también deben decidir cómo se relaciona con el conjunto de la política exterior de Estados Unidos hacia China. ¿Se trata de una nueva normalidad o solo de un respiro habitual en una espiral de seguridad inevitable con China? La primera administración Trump asumió una relación básicamente conflictiva y adoptó la "competencia entre grandes potencias" como principio organizativo central. La administración Biden abrazó la "competencia estratégica". Por el contrario, la segunda administración Trump ha pasado de las ofensivas arancelarias y la expulsión de empresas chinas del Canal de Panamá a los acuerdos comerciales y a mantener a Taiwán a distancia.
La administración está dando señales de un enfoque conciliador tras la cumbre. El presidente Trump la describió como una "reunión del G2" y declaró al programa 60 Minutes de la CBS: "Es importante que China y Estados Unidos se lleven bien". El secretario de Guerra, Pete Hegseth, tuiteó que su departamento tratará con China sobre la base de "la paz a través de la fuerza, el respeto mutuo y las relaciones positivas". También anunció que él y su homólogo chino apoyan el establecimiento de nuevos canales de comunicación entre los ejércitos.
Estos sentimientos constructivos son necesarios para construir un equilibrio de poder sostenible con China. Sin embargo, para ponerlos en práctica es necesario prestar atención a las fuentes políticas de la tensión entre Estados Unidos y China: las preferencias divergentes sobre la estructura del orden de seguridad asiático, la paranoia sobre el futuro de Taiwán y una competencia más amplia por el poder y el prestigio mundiales. Las iniciativas para gestionar estas tensiones podrían incluir un intercambio de garantías para mantener el entendimiento entre Estados Unidos y China sobre Taiwán y medidas preliminares de control de armas, como un acuerdo de notificación de lanzamiento de misiles y la aceptación mutua de la vulnerabilidad nuclear estratégica.
Cuando el presidente Trump se reúna de nuevo con el presidente Xi en abril, deberían intentar avanzar en esta agenda más amplia, además de mantener la tregua comercial.
Este artículo fue publicado originalmente en Cato At Liberty (Estados Unidos) el 4 de noviembre de 2025.