EE.UU.: Te extrañamos Clinton

David Boaz compara la administración de Bill Clinton con el primer año de gobierno de Barack Obama y concluye que la administración de Clinton parece haber sido una "Edad de Oro" en la que el gasto público creció solo lentamente.

Por David Boaz

De repente siento nostalgia por Bill Clinton. Verdaderamente me sorprende. En 1996 denuncié su “increíble visión de la habilidad y obligación del Estado para planificar la economía” y sus “ideas profundamente anti-individualistas”.

Pero ahora tengo un recuerdo borroso de la administración Clinton y me parece una especie de Era de Oro. El gasto público estaba creciendo lentamente, las malas ideas eran en gran parte nada radicales y si bien bombardeamos muchos países, no pusimos en riesgo a soldados estadounidenses.

Por supuesto, lo que en realidad extraño es el gobierno dividido. En sus dos primeros años, con un Congreso de mayoría oficialista, el Sr. Clinton respaldó una toma de control sobre los servicios de atención médica, una ley de estímulo económico, un impuesto sobre la energía, un aumento al impuesto sobre la renta, un aumento al impuesto sobre la gasolina, e incluso un aumento al impuesto retroactivo sobre el ingreso ganado antes de que él fuese presidente. Aunque mucho de esto nunca llegó a su escritorio para ser firmado, todavía era una agenda de gobierno más grande que la que los votantes habían esperado de un tipo que decía ser “una nueva clase de Demócrata”.

Así que los votantes sacaron a los Demócratas del Congreso. El presidente Clinton proclamó a regañadientes que “la era del gobierno grande se había acabado”. Y uno casi podía creer que él de verdad lo creía así, especialmente cuando se lo compara con el pedido del presidente Obama, “El gobierno debe liderar el camino”, y su programa basado en esa visión.

El gasto. El gasto federal aumentó en 32% durante los ocho años de la administración de Clinton, comparado con 83% bajo el presidente George W. Bush. El Sr. Obama, enfrentado con un déficit que ya pasó los tres billones de dólares, tildó al Sr. Bush de ser tacaño y promovió una “ley de estímulo” de $800.000 millones, una ley ómnibus de gasto de $410.000 millones con más de 9.000 rubros, una escalada en la guerra en Afganistán de $30.000 millones, y, por supuesto, una ley de atención médica que dice que costará “solamente” un billón de dólares (más probable es que cueste $2,5 billones) a lo largo de los próximos diez años.

Ajustado para la inflación, el gasto aumentó solamente 1,5% al año bajo el gobierno de Clinton. Gracias a un crecimiento económico robusto, el gasto federal como porcentaje del PIB cayó de 21,4% en 1993 a 18,5% en 2001, y un déficit de $255.000 millones se convirtió en un superávit de $128.000 millones.

Durante los años del gobierno dividido, el Congreso Republicano logró reducir los pedidos de gasto doméstico del Sr. Clinton por un promedio de $9.000 millones cada año. En contraste, un Congreso Republicano aprobó presupuestos no relacionados con la defensa que fueron en promedio $16.000 millones más costosos que los que el presidente Bush había propuesto cada año. Y en lo que va de este año, el Sr. Obama y el Congreso Demócrata han competido para ver quién gasta más, aparentemente sin preocupación alguna acerca de una deuda nacional que pronto podría exceder el 100% del PIB.

El libre comercio. Es conocido que el Sr. Clinton respaldó el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN), a pesar de que gran parte de los Demócratas en el Congreso se oponían a este tratado. Él respaldó las negociaciones de la Ronda de Uruguay que crearon la Organización Mundial de Comercio, y expandió el libre comercio con África y China. Dan Griswold, director del Centro para Estudio de la Política Comercial, dice que “Clinton se negó a involucrarse incluso en el proteccionismo de poca envergadura. Se resistió a los aranceles para proteger el acero, y de manera menos tangible, practicó un verdadero liderazgo a favor de la expansión del comercio”.

Como candidato Obama prometió re-escribir el TLCAN, poniendo en riesgo las relaciones con Canadá y México. Ahora como presidente, Obama ha criticado el proteccionismo cuando se le ha preguntado acerca de este, pero impuso un arancel de 35% sobre las llantas importadas de China y ha ignorado las oportunidades pendientes para expandir el comercio con Panamá, Colombia y Corea del Sur.

La regulación. El Sr. Clinton reguló bastante, peor también trabajó bastante para modernizar la regulación en vista de tecnologías y circunstancias económicas cambiantes. Trabajó con los Republicanos para derogar las restricciones a la banca interestatal y la ley Glass-Steagall de 1933, heredadas del New Deal, promoviendo de esa manera la innovación financiera, una mayor competitividad internacional y servicios financieros más baratos y más convenientes. Eliminó las barreras legales para utilizar tecnología electrónica con el fin de crear contratos y enviar notificaciones legales. Firmó la Ley de Telecomunicaciones de 1996, una ley que simplificaba las regulaciones para permitir más competencia en las industrias de telefonía, televisión vía cable y de difusión.

El Sr. Obama, por decirlo de manera más liviana, no ha mostrado interés alguno en la simplificación de las regulaciones. Él culpa a la de-regulación de la era de Clinton de la crisis financiera. Sin tener idea acerca de la verdadera causa del colapso en los precios de los bienes raíces, trata de ordenar a los bancos que realicen préstamos todavía más riesgosos. Quiere un masivo y nuevo sistema de regulación financiera, con la ingenua esperanza de que todavía más regulaciones anticiparán, identificarán y prevendrán los problemas que no fueron percibidos por las actuales agencias reguladoras. Y sus reguladores están diseñando nuevas reglas para todo, desde el Internet hasta los focos en su casa.

El Estado Benefactor. El Sr. Clinton vetó la reforma al Estado Benefactor dos veces, pero eventualmente si firmó una reforma profunda en 1996. Firmó una ley para eliminar los subsidios agrícolas. Incluso hubo señales de que podría respaldar una privatización parcial del seguro social, hasta que se metió en problemas relacionados al escándalo de 1998.

El Sr. Obama reversó en parte la reforma del Sr. Clinton en su primera pieza de legislación importante, la ley de estímulo, la cual contenía $3.000 millones para ayudar a los estados a pagar a un creciente número de beneficiarios de los bonos de ayuda estatal para desempleados, desalentando a los estados para que saquen a las personas de la lista de los bonos y los coloquen en trabajos. El estímulo también expandió dramáticamente el número de estadounidenses que califican para recibir Medicaid. Más de 36 millones de personas ahora dependen de bonos de alimentos—uno de cada ocho estadounidenses—y la administración de Obama está presionando a los estados para que este número crezca.

Regresa Bill, todo ha sido perdonado. O por lo menos, casi todo. Siempre y cuando vengas con un Congreso Republicano.

Este artículo fue publicado originalmente en el Washington Times (EE.UU.) el 11 de enero de 2010.