EE.UU.: Privatizando la Administración de Seguridad en el Transporte

Chris Edwards considera que "La TSA fue creada en un apuro luego del 9/11, y hoy emplea a una armada de 53.000 evaluadores de pasajeros y equipaje en los aeropuertos. La agencia ha gastado miles de millones de dólares en programas que tienen pocos beneficios que poner en evidencia, incluyendo el programa SPOT, el programa de agentes federales aéreos, y las intrusivas máquinas de escaneo del cuerpo completo".

Por Chris Edwards

Un estudio realizado por el gobierno que concluya que un programa no funciona y proponga eliminarlo es casi tan raro como los chanchos que vuelan. Pero un nuevo estudio de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de EE.UU. (GAO, por sus siglas en inglés) acerca de la aviación hace justamente eso: propone eliminar el programa de seguridad SPOT de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA, por sus siglas en inglés) porque no encuentra evidencia alguna de que este podría detener a los terroristas de aerolíneas.

La GAO sistemáticamente encuentra el desperdicio en los programas, pero usualmente simplemente propone maneras de remediarlos —así que el Programa de Revisión de Pasajeros con Técnicas de Observación (SPOT, por sus siglas en inglés) debe ser verdaderamente malo. La GAO no encuentra “evidencia científicamente válida” que respalde este programa de $200 millones y dice que la TSA lo implementó incluso antes de realizar un análisis de costo-beneficio.

Esa falla es una de tantas discutidas en mi nuevo estudio acerca de la TSA (en inglés), que propone eliminar la agencia.

La TSA fue creada en un apuro luego del 9/11, y hoy emplea a una armada de 53.000 evaluadores de pasajeros y equipaje en los aeropuertos. La agencia ha gastado miles de millones de dólares en programas que tienen pocos beneficios que poner en evidencia, incluyendo el programa SPOT, el programa de agentes federales aéreos, y las intrusivas máquinas de escaneo del cuerpo completo.

Más importante todavía es que el desempeño de la TSA ha sido decepcionante. En los primeros años después del 9/11, los auditores federales descubrieron que la habilidad de los evaluadores de la TSA para evitar que los ítems prohibidos atraviesen el punto de seguridad no era mejor que aquella de los anteriores evaluadores de empresas privadas.

Durante los últimos años, se han realizado comparaciones entre las revisiones federales y privadas porque a 16 aeropuertos ahora se les permite utilizar contratistas privados.

Los estudios han concluido que los resultados de los chequeos de la TSA no han sido mejores, y probablemente peores, que los chequeos realizados por empresas privadas. Un reporte del Congreso de 2011 concluyó que las empresas privadas de seguridad en el Aeropuerto Internacional de San Francisco eran mucho más eficientes que los evaluadores federales en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles.

El gobierno tiene un rol de supervisión importante que desempeñar en la seguridad aérea, pero el casi monopolio que tiene la TSA sobre los chequeos de seguridad ha resultado en que esta “sea sobrecargada con la administración de inflada fuerza laboral federal”, como concluyó un reporte del Congreso.

Otro reporte del Congreso llamó la atención a la TSA por tener “una burocracia enorme, inflexible y distraída” e incluso el ex director de la TSA Kip Hawley dijo el año pasado que la agencia es “desesperadamente burocrática”.

La solución es librarse de gran parte de la burocracia desplazando la responsabilidad de los chequeos desde la TSA hacia los aeropuertos del país. Luego, los aeropuertos serían libres de contratar los chequeos de seguridad a las empresas expertas en seguridad aérea. Como el académico de aviación Robert Poole señala, eso resolvería el conflicto de interés de la TSA, que al mismo tiempo realiza los chequeos de seguridad y los supervisa.

Los chequeos de seguridad realizados por empresas privadas son una estrategia exitosa utilizada por muchas otras naciones de ingresos altos. De hecho, todos los principales aeropuertos en Canadá contratan a empresas privadas de seguridad, así como también lo hacen más de 80 por ciento de los principales aeropuertos en Europa. La práctica crea una estructura de seguridad más eficiente y permite que los gobiernos se enfoquen en la inteligencia y la supervisión aérea.

El Congreso debería abolir la TSA. Las actividades que no han demostrado generar beneficios sustanciales —como el programa SPOT— deberían ser eliminadas. Los chequeos de seguridad en los aeropuertos —que consumen alrededor de dos tercios del presupuesto de la TSA— deberían ser trasladados al control de los aeropuertos y abiertos a la contratación competitiva. Las partes restantes de la TSA deberían ser trasladadas a otras agencias federales.

Más de una década de experiencia ha mostrado que la nacionalización de los chequeos de seguridad en los aeropuertos fue un error. Aprendamos de las reformas exitosas en el extranjero, y permitamos la participación del sector privado para mejorar la calidad, fomentar la innovación y reducir los costos en nuestro sistema de seguridad aérea.

Este artículo fue publicado originalmente en Fox News Online (EE.UU.) el 26 de noviembre de 2013.