EE.UU.: Otra aventura militar

Alberto Benegas Lynch (h) dice que "Sin duda que Khadafy es un canalla, pero muchos son los gobiernos que están integrados por canallas de lo cual no se desprende que EE.UU. deba bombardear a diestra y siniestra el planeta".

Por Alberto Benegas Lynch (h)

En medio de acaloradas discusiones en Washington sobre la viabilidad de continuar financiando gastos astronómicos, déficits inaceptables y deudas siderales que se monetizan comprometiendo severamente el futuro del dólar, en medio de estas trifulcas decimos, Barack Obama decretó, a través de subterfugios varios y sin autorización del Congreso, bombardear Libia país que no significa un peligro inminente ni una agresión para el territorio estadounidense.

". Lo increíble es que este gobierno alega que procede de esta manera “para instaurar la democracia” en otros lares, sin percibir que está perdiendo la suya a pasos agigantados (su República más bien) procediendo en dirección opuesta a los sabios valores y principios establecidos por los Padres Fundadores de esa nación, otrora el baluarte del mundo libre. En esta nota resumimos lo que hemos escrito en otras oportunidades sobre estos tan delicados e importantes asuntos y agregamos alguna anécdota de quien fuera una de las enfermeras del tirano libio que subraya sus inclinaciones.

Entre tantos documentos originales de ese país que condenan las excursiones militares, el Presidente John Quincy Adams, cuando era Secretario de Estado de James Monroe, resumió el pensamiento de George Washington —que ambicionaba “mantener a EE.UU. fuera de toda conexión política con otras naciones”— al declarar que “América [del Norte] no va al extranjero en busca de monstruos para destruir. Desea la libertad y la independencia para todos. Es el campeón solamente de las suyas. Recomienda esa causa general por el contenido de su voz y por la simpatía benigna de su ejemplo. Sabe bien que alistándose bajo otras banderas que no son la suya, aún tratándose de la causa de la libertad extranjera, se involucrará más allá de la posibilidad de salir de problemas, en todas las guerras de intrigas e intereses, de la codicia individual, de la envida y de ambición que asume y usurpa los ideales de libertad. Podrá se la directriz del mundo pero no será más la directriz de su propio espíritu”.

La política militarista ha despertado críticas dentro de EE.UU. en ambos partidos y entre los más variados círculos académicos. No se sabe como terminará esta nueva aventura que ha liderado Norteamérica y que ahora ha transferido a la OTAN, lo cual no cambia un ápice el problema desde el punto de vista crematístico ya que EE.UU. es el principal contribuyente de esa organización. De cualquier modo, sabemos que, como señala Niall Fergueson en su historia contrafactual, la Primera Guerra posibilitó la existencia de Lenin y Hitler y en la Segunda se entregó las tres cuartas partes de Europa a Stalin. Sabemos también de los fiascos colosales tales como los de Corea, Vietman, Somalía, Haití, Bosnia y Serbia-Kosobo. Y, últimamente, sabemos de la patraña de “la invasión preventiva” en Irak destacada enfáticamente por Richard Clarke (asesor en temas de seguridad para tres presidentes estadounidenses) y las calamidades de Afganistán que prueban que veintitrés Departamentos de Inteligencia no son capaces de dar caza a los responsables de la masacre del 11 de septiembre de 2001.

En el caso de Libia, además de lo que dejamos consignado, resulta que ahora circula información difundida por los altos mandos y la CIA en la que aparece que es fuerte la posición relativa en las fuerzas rebeldes de los grupos terroristas Al-Qaeda, Hezbollah y Hamas, lo cual da la impresión de estar asistiendo a una producción cinematográfica de Woody Allen si no fuera una tragedia real de proporciones descomunales.

Esta hemorragia de vidas y recursos se adicionan a las bochornosas presidencias de G. W. Bush que significaron el crecimiento más alto de los últimos ochenta años en la relación del gasto federal con el producto bruto interno, convirtió en déficit las situación superavitaria que le había dejado su predecesor, solicitó cinco veces autorización al Congreso para elevar la deuda estatal (ítem que según Jefferson es incompatible con la democracia puesto que compromete patrimonios de futuras generaciones que no han participado en el proceso electoral para elegir a los gobiernos que contrajeron la deuda). Complicó aún más las finanzas del mal llamado “sistema de seguridad social” lo cual hace que proyectando el presupuesto al 2017 todos los impuestos del gobierno central no alcanzan para financiar siquiera este programa.

Decretó los “salvatajes” para empresas irresponsables, ineptas o ambas cosas a la vez pero con gran poder de lobby a expensas de las personas y corporaciones que fueron precavidas y que se ven obligadas a transferir compulsivamente el fruto de su trabajo. A través de empresas paraestatales, obligó a que se entregaran préstamos hipotecarios sin las garantías suficientes que, junto con la manipulación de la tasa de interés por parte de la Reserva Federal, provocó la burbuja inmobiliaria. Engrosó notablemente las regulaciones que en su época alcanzaron a setenta y cinco mil páginas anuales que incluyen trabas burocráticas para la operación de nuevas calificadoras, lo cual cubre las espaldas a las existentes que pueden impunemente asignar calidades que no se corresponden con la solvencia patrimonial. Obama ahora hace mucho más de lo mismo, con más entusiasmo y convicción que su antecesor.

Lo de Libia es como la gota que colma la copa, parece un ejercicio de distracción por todo lo que viene ocurriendo en EE.UU. que muy telegráficamente dejamos consignado en estas líneas. En este sentido, vale la pena citar otro pasaje del pensamiento que privó en esa gran nación hasta que optó por intervenir en asuntos de otros ámbitos. Se trata de la ponencia en un célebre debate por parte de Henry Clay quien fuera también Secretario de Estado durante la gestión de Millard Fillmore: “Por seguir la política a la que hemos adherido desde los días de Washington hemos tenido un progreso sin precedentes; hemos hecho más por la causa de la libertad en el mundo que lo que las armas pudieron hacer […] Pero si nos hubiéramos visto envueltos en guerras […] ¿dónde, entonces, estaría la última esperanza de los amigos de la libertad en el mundo? Deberíamos mantener nuestra propia antorcha brillando en las costas occidentales, como una luz para todas las naciones”.

Los graves problemas económico-financieros del gobierno de EE.UU. han surgido más claramente a raíz de todos los debates y negociaciones de las últimas semanas entre miembros de los dos partidos, las cuales originalmente han provocado reacciones muy adversas a las conclusiones arribadas en su momento debido a que se consideró que los recortes propuestos eran absolutamente insuficientes. Un grupo de congresistas entonces liderados por Michele Backmann atestiguaron esto último, refrendado por consultores de peso como Dick Morris, economistas de la talla de Thomas Sowell y el ex Juez y actual escritor y periodista Andrew Napolitano, todo lo cual se exacerba cuando integrantes del gobierno insisten en elevar impuestos y ampliar el límite del endeudamiento.

No puede jugarse con fuego, por más riqueza que exista en un país el despilfarro no puede ser ilimitado sin pagar las consecuencias. EE.UU. ha producido la revolución más exitosa en la historia de la humanidad, para bien del mundo libre todos los que la admiramos debemos contribuir a lo que ha sido el bastión de la sociedad abierta. Confiamos también en las portentosas reservas morales de esa nación, pero como ha escrito Tocqueville, en lugares de gran progreso la gente tiende a dar eso por sentado y ese es el momento fatal puesto que inexorablemente los espacios vacantes son ocupados por otras corrientes de pensamiento.

Es de interés consignar a esta altura algunas de las observaciones de una de las enfermeras de Khadafy. Se trata de Oksana Balinskaya quien dijo a Newsweek que vivía en el lujo más esplendoroso solo para tomarle el pulso y verificar la condición cardíaca de “Papik” (papito, en ruso) como se hace llamar este megalómano africano. Declara esta enfermera —quien escapó del régimen en febrero último (“justo a tiempo” dice)— que debía tener sumo cuidado de los celos de la mujer oficial del tirano (Safía). Manifiesta que viajar al extranjero con Khadafy era un placer porque les regalaba a su séquito dinero adicional para compras y cuando recorría otros países de África también resultaba atractivo porque la gente lo aclamaba frenéticamente ya que arrojaba dinero y golosinas por la ventana de su automóvil (aunque se cuidaba de no acercarse demasiado a la gente por temor a contagiarse de las enfermedades tropicales por lo que de todos modos usaba guantes). Balinskaya afirma que constituye un error creer que su ex jefe vive en carpas ya que solo las utiliza para reuniones oficiales y para la prensa pero vive en palacios descomunales.

El único modo de modificar los sistemas de opresión en que viven estos países es a través de la educación de los valores de la sociedad abierta, pero resulta que algunos políticos estadounidenses estiman que la tarea se puede llevar a cabo a través del bombardeo y la sustitución de gobernantes (que naturalmente son reemplazados por otros canallas), mientras, cuando tienen la oportunidad de influir en ideas lo hacen reafirmando “estados benefactores” y otras sandeces con el apoyo logístico de instituciones nefastas como el Fondo Monetario Internacional, precisamente una de las organizaciones responsables de mantener regimenes corruptos y socialistas.

En el caso de la actual administración, no puede seriamente considerarse que Obama apunta a contar con sociedades libres en otros lares cuando hace todo lo necesario por encadenar la suya.

Este artículo fue publicado originalmente en Diario de América (EE.UU.) el 21 de abril de 2011.