EE.UU. no está ganando la guerra contra las drogas en Sudamérica

Si usted hubiese recibido un dólar cada vez que un oficial del gobierno estadounidense anunció que la victoria estaba cerca en la guerra contra las drogas, usted sería una persona rica. La última proclamación de un “desarrollo crucial” se hizo el 16 de noviembre cuando la Oficina de la Casa Blanca para la Política Nacional de Control de Drogas citó evidencia de que Washington había ganado una batalla en la lucha en contra del flujo incesante de cocaína entrando a EE.UU.

Por Ted Galen Carpenter

Si usted hubiese recibido un dólar cada vez que un oficial del gobierno estadounidense anunció que la victoria estaba cerca en la guerra contra las drogas, usted sería una persona rica. La última proclamación de un “desarrollo crucial” se hizo el 16 de noviembre cuando la Oficina de la Casa Blanca para la Política Nacional de Control de Drogas citó evidencia de que Washington había ganado una batalla en la lucha en contra del flujo incesante de cocaína entrando a EE.UU.

¿Qué causó esta explosión de optimismo? El precio al consumidor de la cocaína subió por un 19 por ciento a $170 el gramo entre febrero y noviembre del 2005. Los funcionarios de la Casa Blanca dicen que el precio indica la escasez de cocaína, por lo tanto validando el esfuerzo de $4 mil millones para eliminar los cultivos de coca en Colombia mediante la fumigación aérea. Además del alza de precio, los funcionarios dicen que la pureza de la cocaína en las calles de EE.UU. ha sido reducida por un 15 por cientoâ€"otra señal, dicen ellos, de que la oferta está disminuyendo. “Estos números confirman que los niveles de interdicción y de erradicación han reducido la disponibilidad de la cocaína en EE.UU.” dijo el Tsar de las drogas John P. Walters. “El plan está funcionando”.

Pero los mismos datos del gobierno indican que tal optimismo es exagerado. En los últimos doce años, los precios en la calle de la cocaína han circulado entre $120 y $190 el gramo. Claramente, un precio de $170 está muy dentro del rango “normal”. De hecho, el precio de la cocaína ha circulado 19 por ciento o másâ€"tanto hacia arriba como hacia abajoâ€"muchas veces durante este periodo de 12 años. La última fluctuación no es algo emocionante.

Si uno examina la tendencia del precio a lo largo de un periodo más largo, el “logro” es aún menos sorpresivo. Durante comienzos de los 1980s, la cocaína se vendía por más de $500 el gramo. La tendencia a largo plazo claramente ha sido hacia precios más bajos, sugiriendo que la oferta de cocaína se ha vuelto más abundante. Como Ethan Nadelmann, director ejecutivo de la Lindesmith Center’s Drug Policy Foundation, indica: “Un pequeño cambio hacia arriba luego de tantos años de reducción en el precio y aumento en la puridad es esencialmente insignificante”.

Otras estadísticas, incluyendo algunas del mismo gobierno federal, cuestionan el hecho de que la oferta de cocaína proveniente de Sudamérica está siendo eliminada de alguna manera significante. A principios de este año, aún después de reportar que 336,000 hectáreas de plantas de coca (el ingrediente crudo para la cocaína) habían sido erradicadas con fumigación en el 2004, la Casa Blanca concedió que la cantidad de coca en Colombia permanecía “estadísticamente sin cambio” desde el 2003. De acuerdo a un reporte de la ONU de junio del 2005, la cultivación de coca en Perú había aumentado por un 14 por ciento desde el año anterior. En Bolivia había aumentado por un 17 por ciento.

Lo peor de todo es que aún si por un milagro la campaña que busca eliminar la oferta para combatir la cocaína (y otras drogas) lograse triunfar, este sería un triunfo dudoso. Digamos que los precios de cocaína volvieran a los niveles de principios de los 1980s. El resultado inevitable sería que las personas que tienen adicción a la cocaína serían incentivadas a cometer aún más crímenes que los que cometen hoy para costear su adicción. Eso no promovería la paz y la seguridad de las ciudades estadounidenses.

La realidad es que la estrategia de prohibición de droga que busca eliminar la oferta no puede producir un resultado que valga la pena. Si fracasa y la oferta de droga sigue siendo abundante, es una pérdida de tiempo y dinero. Si “triunfa” y crea una escasez de oferta y resulta en una alza de precios, conduce a los adictos a vidas de comportamiento cada vez más criminal. Es difícil encontrar una mejor definición de una política inherentemente en bancarrota.

John Walters se puede jactar todo lo que el quiera de su último y supuesto triunfo en la guerra contra las drogas. Pero en el mejor de los casos, no es nada más que un pequeño, temporal, y dudoso logro en una guerra que no se puede ganar.

Traducido por Gabriela Calderón para Cato Institute.