EE.UU.: El Congreso acaba con el control local de las escuelas

por David Boaz

David Boaz es Vicepresidente Ejecutivo del Cato Institute.

Digamos adiós al control local de las escuelas. Tanto Liberales como Conservadores han apoyado una moción que usurpa la autoridad que tenían las comunidades locales para manejar sus escuelas. La Ley de Educación, que está en trámite en el Congreso de Estados Unidos, tiene el respaldo de los dos principales partidos e incluye disposiciones legales que facultan al gobierno federal para intervenir mediante un mandato sin precedente, en las escuelas locales.

Por David Boaz

Digamos adiós al control local de las escuelas. Tanto Liberales como Conservadores han apoyado una moción que usurpa la autoridad que tenían las comunidades locales para manejar sus escuelas. La Ley de Educación, que está en trámite en el Congreso de Estados Unidos, tiene el respaldo de los dos principales partidos e incluye disposiciones legales que facultan al gobierno federal para intervenir mediante un mandato sin precedente, en las escuelas locales.

Entre los requísitos para destacar están los sigientes:

  • La ley obligaría a los estados a examinar una vez al año a todos los estudiantes de tercero hasta octavo grado en lectura y matemáticas y una vez durante la educación media.
  • Si el rendimiento de una escuela no mejora lo suficiente para cumplir con los requisitos federales, dicha escuela recibiría dinero federal, pero sujeto a la modificación de su currículum y el entrenamiento de los profesores.
  • Luego de un segundo año consecutivo de haber fallado según el criterio federal, la escuela deberá autorizar el traspaso de sus estudiantes a otra escuela pública.
  • Si los federales siguen descontentos al en el tercer año de evaluación, podrían exigir que la escuela reemplace a su gente, entregue la administración al estado o se someta a una reestructuración.

La ley también contempla la utilización de un monto mucho mayor del dinero de los contribuyentes, por supuesto. Para probar que a él le preocupa la educación y para lograr un acuerdo con los demócratas, el Presidente Bush propuso un incremento de US$19.3 billones del gasto federal. La Cámara de Representantes, que es controlada por los Repúblicanos, aumentó la cifra anterior para llegar a $US 24 billones de nuevo gasto federal. Luego el Senado, controlado por los Demócratas, volvió a aumentar la cifra, para llegar a un total de US$33 billones.

Había una época en la cual algunos Republicanos e incluso algunos Demócratas reclamaban acerca de excesivo control federal sobre las escuelas locales. Cuando el Departamento de Educación fue creado en 1979, aparecieron muchos críticos que advirtieron acerca de la posiblidad de que el Secretario de Educación se convirtiera en un Ministro Nacional de Educación. El Representante John Erlenborn (R.-Illinois), escribió, "habrá interferencias en la elección de textos de estudio, la malla curricular, la composición del profesorado, los salarios, la conformación de los cuerpos estudiantiles, el diseño de los edificios y todas las otras cosas irritantes que el gobierno ha inventado para molestar a la población. Estas decisiónes, que son ahora tomadas por el gobierno local o el distrito escolar, serán trasladadas de forma lenta pero segura a Washington".

Esto no sólo preocupaba a los Republicanos. La entonces miembro del Congreso, Patricia Schroeder (D-Colorado) predijo "no importa lo que se diga, el Departamento de Educación no sólo le escribirá cheques a los Directorios de las escuelas locales. Se meterán en todo y yo no quiero eso". Siguiendo esta manera de razonar, Richard W. Lymann, presidente de la Universidad de Stanford, testificó ante el Congreso y dijo que "la ausencia por más de 200 años de un Departamento de Educación no es el resultado de simples errores durante todo ese tiempo. Por el contrario, ésta se debe a la convicción de que no queremos un sistema educacional como el que producen tales arreglos".

La gente incluso solía saber que la Constitución Federal no da la autoridad para que exista intervención federal en la educación. Por ejemplo, un documento oficial escrito bajo la dirección de Franklin Delano Roosevelt, el vicepresidente y el Presidente de la Cámara de Representantes en 1941, contiene este intercambio en su página # 41:

P: ¿Dónde de la Constitución se menciona la educación?

R: No existe la mención. El manejo de la educación corresponde a cada estado.

Pero la ausencia de autoridad constitucional para una pasar una ley no parece importar a muchos de los parlamentarios de hoy.

Ahora que los Demócratas liberales han pasado varios años utilizando la carnada del dinero federal para imponer reglas a las escuelas locales, los Republicanos conservadores ha decidido unírseles. Esta expansión del poder federal sobre las escuelas fue auspiciada por el Presidente Bush e introducida en la Cámara por el Representante John Boehner (R-Ohio), con muchos líderes republicanos como patrocinadores conjuntos. Y luego los conservadores agregaron su propia micro administración de las escuelas. Los Senadores Jesse Helms (R-C del N) y el Representante Van Hilleary (R-Tenn.) propusieron una enmienda a la Ley de Educación que negaría la entrega de fondos federales a aquellos distritos en los que se impida a que los Boy Scouts se reunan en alguna propiedad de la escuela local. Con esto apuntan a desafiar a los críticos de la exclusión de homosexuales que practican los Boy Scouts. Hasta ahí llega la supuesta defensa de la autodeterminación por parte de las escuelas locales que harían los Conservadores.

Por otro lado, la Senadora Barbara Boxer (D-California), nunca antes reticente frente a un mandato federal dirigido a los gobiernos locales, ahora reclama que la enmienda Helms es "una bofetada en la cara" para en control local de las escuelas. La Senadora Patty Murray (D-Washinngton), igualmente partidaria del imperialismo federal, alega que "esta enmienda busca imponer un mandato federal a las escuelas locales".

El aspecto más risible de este deprimente escenario son los pretensiosos nombres que los políticos otorgaron a sus exageradas y metiches leyes: en el Senado, "Acta para la Mejor Educación de Profesores y Alumnos" y en la Cámara, "Acta para que No Queden Niños Rezagados". Como si sólo las palabras pudiesen arreglar las escuelas.