Ecuador: ¿A quién golpea el salario mínimo?

Gabriela Calderón dice que un incremento del salario mínimo podría impactar de manera negativa el ingreso de los trabajadores que ganan menos y son menos calificados.

Por Gabriela Calderón de Burgos

Guayaquil, Ecuador— Fuera excelente si una persona de buen corazón en Carondelet solo necesitase decretar un alza salarial para que todos los ecuatorianos lograran comprar la canasta básica con su salario mensual. Sucede que las cosas no son tan fáciles. Un incremento del salario mínimo puede impactar de manera negativa el ingreso de los trabajadores que ganan menos y son menos calificados.

Entre 1979 y 2008 el salario mínimo creció en un 223% en términos nominales. Durante el mismo periodo, la tasa de desempleo no ha variado mucho, teniendo un promedio anual de 8,8%. Si aislamos el periodo 2000-2008, cuando hubo un marcado y sostenido crecimiento del salario mínimo, vemos que el promedio anual del desempleo pasó a ser de 8,7%. Pareciera que subir el salario mínimo bruscamente no tuviera un efecto negativo sobre la tasa de desempleo.

Pero ningún análisis serio del mercado laboral en nuestro país excluiría una mirada a la tasa de subempleo. Y ahí la conclusión es distinta. Entre 1979 y 1999 el promedio de subempleo fue de 46,5% mientras que el promedio para el periodo entre 2000 y 2008 fue de 54,5%. Aunque no se le puede atribuir todo el incremento en el subempleo al alza en el salario mínimo, si se puede decir que esta ha contribuido a expulsar miles de trabajadores hacia el subempleo (sector informal).1 ¿Quiénes son expulsados?

Imagínense a un joven estudiante de Administración de Empresas. La empresa promedio no estará dispuesta a pagarle más que el salario mínimo puesto que él no goza de experiencia profesional.

El empresario entiende que contratando a este joven se está comprometiendo a gastar en educarlo: enseñarle los detalles de su negocio, las reglas de su empresa, etc. Pero también comprende que invertir en alguien joven vale la pena a largo plazo. Por lo que decide entrenar a este joven pagándole un sueldo menor al que reciben otros empleados en una posición similar. El joven acepta el trabajo aunque el sueldo sea menor que el de sus compañeros porque es mejor que estar trabajando en el sector informal o que estar desempleado.

Cada que el gobierno decreta un salario mínimo más alto pasa lo siguiente: el empresario que antes lo hubiera contratado probablemente ya no lo va a hacer. Va a preferir quedarse con los mismos trabajadores de siempre. Los que ya ganaban más y ya tenían experiencia. Solamente les pedirá que trabajen más horas. Otra cosa que se le puede ocurrir es invertir en esa máquina que automatiza el trabajo de 10 personas y sacar de la nómina a 10 trabajadores.

Si alguien está dispuesto a trabajar por menos de $320 mensuales, ya no lo podrá hacer dentro del sector formal. Ese joven que estaba dispuesto a pagarse su adquisición de experiencia mediante un salario reducido, ya no tendrá la opción. Una vez más, el gobierno ha tomado la decisión por él.

El gobierno parece ignorar que la desigualdad que había entre ese joven y otros trabajadores de la empresa se habrá acentuado. Ahora no solo ganará menos en el sector informal, sino que tendrá menos oportunidades y menos protección.

Este artículo fue publicado originalmente en El Universo (Ecuador) el 25 de noviembre de 2009.

Referencias:

1. CORDES. “30 años de democracia y progreso”.