Ecuador: La zonificación agrícola, una torpeza

Por Gabriela Calderón de Burgos

Algunos portavoces del gobierno entrante han propuesto utilizar un mapa de zonificación agrícola para influenciar qué cultiva cada agricultor. El Sr. Vallejo, por ejemplo, propone ofrecer créditos y subsidios solamente a aquellos agricultores que cultivan lo que este mapa dice que deberían cultivar en sus tierras. Es decir, el Ministerio de Agricultura y Ganadería ayudará solamente a aquellos agricultores que cultivan lo que este Ministerio dispone desde Quito.

Reconozco que el agro ecuatoriano está en problemas. Durante los 70s y 80s nuestros políticos estaban empecinados con la idea de que para obtener el desarrollo había que fomentar la inversión y el desarrollo de las industrias. Lo que no sabían es que al hacerlo desalentaron la inversión y el desarrollo de una porción esencial de la economía ecuatoriana—la agricultura. Hoy, nuestros agricultores están pagando las consecuencias de esas desastrosas políticas dirigistas. Aún así, se pretende seguir aplicando recetas fracasadas para mejorarla.

El problema no está en el sector que el gobierno decida respaldar—ya sea la industria en los 70s o la agricultura hoy—sino más bien, en el simple hecho de que el gobierno decida por nosotros y pretenda dirigir nuestras vidas mejor que nosotros. ¿Podría el gobierno estar al tanto de todos los factores que cada uno de nosotros considera antes de tomar una decisión sobre nuestras actividades económicas? Con respecto a la agricultura, ¿acaso pretende el gobierno saber mejor que el Sr. Zambrano de Manabí lo que a él le conviene sembrar en sus tierras?

Es difícil luego de obtener estadísticas nacionales, modelos económicos de simulación y mapas de zonificación agrícola no caer en la tentación de creerse un sabelotodo. No existe un monopolio de información que capacite a una máquina o individuo para tomar decisiones desde Quito acerca de lo que usted debería plantar en sus tierras en Loja para su mejor conveniencia.

En la práctica, un mapa de zonificación agrícola que condicione a quién ayuda el estado resultaría en distorsiones que probablemente perjudicarían al agricultor o a la sociedad en general. Nuestro agricultor necesita ajustarse a las variaciones del mercado nacional e internacional. Por lo tanto, si el mapa antes mencionado determina que el Sr. Zambrano debe cultivar en sus tierras el producto A (el cual actualmente se vende a un precio muy bajo en el mercado internacional) en lugar del producto B (cultivo de mayor valor agregado que actualmente se cotiza mejor), el Sr. Zambrano, quien no tiene financiación propia, se verá obligado a producir lo que el mapa le dicta para así poder conseguir crédito e insumos subsidiados.

Esto lo harán miles de agricultores, quienes en lugar de cultivar lo que mejor se venda o más les convenga por otros factores no considerados, se verán obligados a sembrar lo que el mapa dicta. Y como el mapa no tiene relación alguna con el mercado internacional y doméstico agrícola, puede que terminemos produciendo mucho de lo que no se vende y poco de lo que si.

Un mapa de zonificación no tiene nada de malo si se lo utiliza simplemente como una herramienta de información. Lo que si sería una torpeza es utilizar la zonificación agrícola como un instrumento de planificación centralizada. Esto sería una fatal arrogancia. El Sr. Zambrano, como todos los agricultores ecuatorianos, tiene el derecho y la capacidad de decidir libre y responsablemente lo que le conviene cultivar.

Este artículo fue originalmente publicado en El Universo (Ecuador) el 9 de enero de 2007.