Dos grandes economistas

Manuel Suárez-Mier reseña las principales contribuciones a la ciencia económica de dos ex profesores suyos que han fallecido recientemente: Robert Fogel y Ronald Coase.

Por Manuel Suárez-Mier

En los últimos días fallecieron dos extraordinarios economistas que fueron mis maestros en la Universidad de Chicago, Robert Fogel historiador económico y padre de la “cliometría” —la aplicación de estadísticas y otros instrumentos matemáticos al análisis histórico— y Ronald Coase que demostró la importancia de los costos de transacción y los derechos de propiedad en el buen funcionamiento de la economía.

Fogel, quien murió en junio pasado, ganó en Premio Nobel en economía en 1993 por sus aportaciones en determinar la verdadera contribución de los ferrocarriles al crecimiento económico de EE.UU. —que había sido considerablemente exagerada— y en el análisis económico de la esclavitud, rechazando la creencia generalizada que ya no era rentable y probando que su productividad crecía en el umbral de la Guerra Civil.

Este último trabajo —que escribió junto con Stanley Engerman— fue enormemente controvertido porque desafiaba la creencia común que la esclavitud en EE.UU. llegaba a su fin aún si no hubiera habido una terrible guerra de por medio. Acabar con la esclavitud requería de un compromiso ético pues en términos económicos era muy viable, y los negreros eran racionales y cuidaban a sus esclavos porque les convenía.

Su trabajo posterior vincula el análisis económico, la demografía y las ciencias biomédicas, como lo muestra el título de su disertación al aceptar el Premio Nobel, "Crecimiento económico, teoría poblacional y fisiología: la influencia de procesos seculares en la elaboración de la política económica".

Además de ser una gran persona y un brillante maestro, siempre abierto a escuchar a sus alumnos e invariablemente paciente con las preguntas inocentes que le hacíamos, Fogel era un escolástico renacentista por la amplitud de su conocimiento e intereses. En el cuarto gran despertar se embarcó en el ambicioso proyecto de investigar el papel de la religión y la ética en el desarrollo económico de EE.UU.

Coase, quien ganó el Premio Nobel en 1991 y murió hace cuatro días, fue también notable. Hace pocos meses, a los 101 años de edad, publicó —en coautoría con su alumno Ning Wang— su libro Cómo China se volvió capitalista, texto en el que muestra que “la serie de eventos que llevaron a (la República Popular) China a volverse capitalista no fueron planeados y el resultado final fue totalmente inesperado”.

A reserva de hacer una crónica detallada de este brillante trabajo, hay que subrayar que Coase identifica los factores clave en la transformación extraordinaria de China: el surgimiento del espíritu empresarial privado y los mercados libres, junto con un espacio abierto de ideas, todavía en ciernes, que consolidará su crecimiento.

Coase es el único ganador del Premio Nobel en ciencias económicas que era profesor no en el Departamento de Economía de su universidad sino de la Escuela de Derecho, lo que acredita la estrecha colaboración interdisciplinaria que ocurre en mi alma mater, en adición a la Escuela de Negocios de la que era profesor Fogel.

El teorema de Coase analiza el fenómeno de un agente económico que le genera una externalidad negativa a otro o a la comunidad en su conjunto, digamos, una fábrica que además de producir cemento genera contaminación ambiental. La solución clásica era recurrir a instancias gubernamentales para resolver este problema, ya sea mediante una demanda judicial de los afectados o con la imposición de gravámenes.

Coase llega a la conclusión opuesta en su ensayo "El problema de costo social" en el que sustenta que no es necesaria la intervención del gobierno pues la solución al conflicto radica en que las partes se reúnan e independientemente de quien fuera responsable, la negociación llevará a encontrar el remedio óptimo.

La clave de la solución indicada es una buena definición de los derechos de propiedad y que no haya “costos de transacción” —los inherentes a cualquier convenio como allegarse información, el tiempo necesario para negociar, etc.—, aunque Coase reconocía sin dogmatismo alguno que este último supuesto no era siempre realista.

Con una inmodestia notable, afirmó en su discurso de aceptación del Premio Nobel: “Mi contribución a la economía ha sido acicatear la inclusión en nuestro análisis de características del sistema económico que son tan obvias que, como el cartero en la historia del Padre Brown de Chesterton ‘El hombre invisible,’ se ha tendido a pasarlas por alto. Sin embargo, una vez incluidas en el análisis, creo que traerán un cambio completo en la estructura de la teoría económica, al menos en lo que llamamos la Teoría de Precios”.

La sociedad ha perdido a dos genios de la economía, extrañaremos su presencia.