Distribución y pobreza

Macario Schettino indica que los estados más pobres de México también son aquellos que han registrado menores tasas de crecimiento entre 2010 y 2018, y aquellos que sufrieron el mayor daño durante las crisis auto-infligidas de ese país desde 1976 en adelante.

Por Macario Schettino

El Consejo Nacional de Evaluacion de la Politica de Desarrollo Social (Coneval) ha publicado las mediciones de pobreza para 2018, con base en los datos que produce la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) que levanta el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) cada dos años. Si quiere uno ser positivo, el porcentaje de mexicanos viviendo en pobreza es el menor desde 2008, que es la serie comparable que tenemos. Desafortunadamente, sigue siendo un porcentaje muy elevado: 41,9 por ciento de la población, más de 52 millones de personas. También baja la pobreza extrema, a 7,4 por ciento del total, pero sigue afectando a casi 10 millones de compatriotas. 

La distribución de la pobreza, como todo en México, es muy desigual. Como usted sabe, la intuición de esta columna es que la mejor forma de analizar regionalmente el país es dividiendo en el paralelo 20, que pasa al norte de la Ciudad de México y al sur de Yucatán. Hay al norte de esa línea 20 entidades federativas, y al sur nada más 12, pero ambas tienen más o menos la mitad del PIB, según los datos estatales al 2017. 

Bueno, con ese corte (los estados frontera, que acomodo en el sur, son Michoacán, Estado de México, Tlaxcala, Puebla y Veracruz), resulta que al norte del paralelo 20 sólo cinco entidades tienen más de 40 por ciento de pobreza: Guanajuato, Hidalgo, San Luis Potosí, Yucatán y Zacatecas. Al sur, sólo una entidad tiene menos de ese 40 por ciento, la Ciudad de México. En promedio, la pobreza al norte del paralelo alcanza a 31 por ciento de los habitantes, mientras que al sur es de 52 por ciento, poco más de veinte puntos de diferencia.

Es en el sur donde tenemos los peores datos: Morelos, con 51 por ciento; Tabasco, con 54 por ciento; Puebla, con 59 por ciento; Veracruz, con 62 por ciento; Guerrero y Oaxaca, con casi 67 por ciento, y Chiapas, con 76 por ciento.

Aunque seguramente hay muchas causas detrás de la pobreza, especialmente por la medida multidimensional de Coneval, el crecimiento económico es sin duda un factor a considerar. Las 20 entidades que se encuentran al norte del paralelo 20 crecieron a un ritmo de 3,5 por ciento anual de 2010 a 2018 (utilizando el índice trimestral de actividad económica estatal de Inegi). Las 12 que están al sur crecieron nada más 2 por ciento en esos años. El promedio nacional (que no necesariamente es igual al PIB) fue de 2,8 por ciento. Otra vez, al sur apenas hay cuatro entidades con crecimiento promedio superior a 3 por ciento anual en esos nueve años: Ciudad de México, Estado de México, Puebla y Michoacán. Al norte, cuatro que crecieron menos de 3 por ciento: Nayarit, Durango, Tamaulipas y Zacatecas. Pero ahí encontramos también a Aguascalientes creciendo 5,6 por ciento durante nueve años, Baja Sur a 5,5 por ciento, Quintana Roo a 5 por ciento, y Querétaro y Guanajuato casi lo mismo. 

Ahora bien, durante los seis meses iniciales de la actual administración (que inicia en octubre, propiamente hablando), el comportamiento de la economía ha sido menos bueno, pero ha resultado peor al sur del paralelo 20. Mientras que al norte el ritmo bajó de 3,5 a 2 por ciento anual, al sur la caída fue de 2 a -0,1 por ciento. En esos seis meses que tenemos de información, ya no hubo entidad al sur del paralelo que se acercase a 3 por ciento, y varias entraron en terreno negativo. El peor caso sin duda es Tabasco, con una contracción de -10 por ciento. Al norte hay sólo dos que se contraen: San Luis Potosí, -0,3 por ciento, y Zacatecas, con -3 por ciento.

Me pareció importante comentarlo con usted porque ya habíamos visto que la contracción de la economía interna no había golpeado tanto al sector externo, de forma que se podría esperar que el daño fuese mayor precisamente en las entidades más pobres del país. No tiene nada de raro, cuando uno recuerda que las crisis auto-infligidas (como 1976, 1982, 1986 o 1994) fueron iguales: golpearon al sur más que al norte. Por eso no había que experimentar, pero ahora ya ni modo.

Este artículo fue publicado originalmente en El Financiero (México) el 6 de agosto de 2019.