Día de la libertad fiscal
por Roberto Salinas-León
Roberto Salinas León es presidente del Mexico Business Forum.
Un requisito para el desarrollo a largo-plazo de una sociedad es un sistema tributario que maximice ingresos fiscales sin lesionar los incentivos empresariales y laborales. Suena fácil, pero el reto es capital. Los agentes económicos, en la medida que disfruten de amplia libertad fiscal, de derechos fiscales, de estabilidad fiscal, tendrán los incentivos para crear más riqueza, mayor nivel de bienestar.
Un requisito para el desarrollo a largo-plazo de una sociedad es un sistema tributario que maximice ingresos fiscales sin lesionar los incentivos empresariales y laborales. Suena fácil, pero el reto es capital. Los agentes económicos, en la medida que disfruten de amplia libertad fiscal, de derechos fiscales, de estabilidad fiscal, tendrán los incentivos para crear más riqueza, mayor nivel de bienestar.
El especialista en la materia Paul Craig Roberts dice que "la libertad económica surgió cuando los siervos y esclavos se convirtieron en seres libres. La diferencia consistía en si la persona era o no dueña del producto de su trabajo." Resulta, sin embargo, que en este año de nueva hacienda pública, de pocas propuestas y demasiadas respuestas, los mexicanos que forman parte del universo total de contribuyentes tendrán que trabajar casi dos terceras partes del año (224 días) para cumplir con las obligaciones tributarias que impone el gran, si bien gordo, gobierno mexicano. En promedio, no somos los dueños del producto de nuestro trabajo, sino hasta el 12 de agosto del 2001.
Esto significa que el estado es dueño de más de la mitad de nuestro trabajo. Este resultado se puede apreciar por medio de un índice que mide el grado de libertad fiscal de un país en relación con la propiedad sobre el fruto del trabajo de agentesel Día de Libertad Fiscal. El cálculo de este índice supone un porcentaje del ingreso bruto total de las familias, junto con la estimación de las diversas tasas impositivas que se generan a partir de las rentas del mes, los gastos, así como los efectos de otras percepciones. Por cierto, según el análisis de esta situación, los últimos cuatro deciles del universo económico del país terminan pagando el total de la recaudación tributaria.
Las familias de ingresos más altos pagan hasta un 65% de su ingreso en impuestos, lo que arroja un día de libertad fiscal a mediados de este mes, mientras que las familias de los deciles más pobres pagan en promedio un 7% de su ingreso bruto. Esta es una muestra, entre varias otras, de las tremendas distorsiones que sufre nuestro sistema fiscal. El incentivo de las familias de mayores ingresos es evadir, dado el alto grado de esclavitud fiscal operante. Es más, del total de impuestos pagados, las familias contribuyentes más pobres aportan el 0.8 por ciento, mientras que las más ricas lo hacen en 78 por ciento. La evasión, tanto para el contribuyente más pobre como para el contribuyente más rico, es deporte nacional no por mala fe, sino por reglas del juego que generaron esa actividad evasora.
El promedio de ingreso mensual de un mexicano contribuyente es 31 mil pesos; paga de impuestos 17,934 pesos y su pérdida en promedio al mes por concepto de inflación es de 1,200 pesos. En total, este causante promedio termina trasfiriendo al gobierno 19,158 pesos, equivalentes al 61% de lo que gana. El día 11 de agosto fue el último día del año 2001 en que los mexicanos, en promedio, trabajamos para cumplir con las contribuciones al Estado. Por tanto, el 12 de agosto apenas empezamos a festejar la libertad fiscal, a cosechar para nosotros el fruto de nuestro trabajo.
Sin duda, hay excepciones. Un individuo que percibe 15,000 pesos al mes causa, en impuesto sobre la renta, un 23.8 por ciento de su salario. Los datos accesibles en patrón de gasto revelan que, de los $11,500 que le restan, gasta 85.5 por ciento del total, mientras que sólo el 52% está gravado con IVA, o sea, un 4.5 por ciento de su ingreso bruto. Otros impuestos le quitarán cerca de 1,463 pesos; equivalentes al 9.75% de su renta. Si sumamos el impuesto inflacionario a este total, resulta que este individuo habrá tenido que trabajar el 42% del año para pagar impuestos, y nuestro amigo podrá ser libre a partir del 6 de junio.
El promedio general, sin embargo, es mucho más alto, una vez considerado el ingreso total por persona física y persona moral, así como la totalidad de los impuestos. Sin duda, este índice varía, y un estudio más profundo tendría que incluir aspectos como el crédito fiscal al salario, el gravamen de otras prestaciones, devaluaciones, tasas de interés y deuda pública, instrumentos de ahorro de las familias, financiamiento del consumo o simplemente el costo de cumplir con nuestras obligaciones fiscales.
Mientras tanto, sin embargo, el día de libertad fiscal es una muestra contundente de la necesidad de una profunda reforma en el sistema fiscal mexicano. Un país no puede lograr la prosperidad si el promedio de su trabajo pertenece al gobierno en razón de dos terceras partes del año.