Derechos y más derechos

Por Carlos A. Ball

Observamos claramente cómo la inflación monetaria destruye el bienestar de brasileños, rusos, mexicanos y venezolanos. Pero actualmente todos sufrimos de otro tipo de inflación igualmente dañina porque nos conduce inexorablemente a la pérdida de nuestra libertad: la inflación de "derechos".

Mientras escribo esta columna, en el Congreso de Estados Unidos se debate un proyecto de ley sobre los derechos del pasajero en las líneas aéreas. Es cierto que volar es una experiencia crecientemente desagradable. No sólo está uno expuesto a que los empleados de la aerolínea y los agentes de las aduanas nos traten como si fuéramos terroristas y narcotraficantes, sino que también nos tratan como atrasados mentales, portadores de paquetes encomendados por desconocidos. Una vez dentro del avión, nos confinan al mínimo espacio físico posible y mientras más rápidos son los aviones, más se tardan en aparecer nuestras maletas. Pero peor todavía serán las leyes "protectoras" que actualmente discuten los congresistas porque significarán tarifas más altas en los pasajes aéreos. Los políticos suelen creer que pueden imponer costos adicionales a las empresas y que nadie tendrá que pagar por ellos.

Ya nos enteraremos cuáles son nuestros nuevos "derechos" como pasajeros, pero lo que está claro es que cada grupo de activistas lucha por darle categoría de "derecho" a su esquema o a su queja: derecho de los menores a no trabajar (como si el trabajo fuera algo degradante), derecho a un ambiente libre de humo de cigarrillos en los restaurantes y bares, derecho de los homosexuales a ser reconocidos como parejas, derecho de los minusválidos a acaparar los mejores puestos de estacionamiento aunque muchos de estos permanezcan vacíos, derechos de minorías étnicas a tratamiento especial porque sus abuelos fueron maltratados, derecho de las señoras parturientas a quedarse dos días en el hospital por cuenta del seguro aunque su médico no lo considere necesario, derecho a una semana de permiso para el marido, etc. 

En estos días un juez decidió que una niña que no puede subsistir sin estar conectada a complejos aparatos médicos tiene el derecho a que la escuela donde estudia le suministre una enfermera a tiempo completo para atenderla a ella sola.

Por otra parte, el principal fabricante de creyones de cera acaba de anunciar que está buscando un nuevo nombre para cambiar la denominación de "rojo indio" porque los descendientes de los indígenas norteamericanos se quejan de la violación de sus derechos.  Y me limito aquí a enumerar algunos "derechos humanos",  porque si vemos un rato a CNN nos enteraremos de los derechos de las ballenas, de las focas, de la maleza en las selvas tropicales, etc.

El problema es que cada día se debilita más la línea divisoria entre lo que es un derecho y lo que es un privilegio. La razón es que los políticos ganan votos promoviendo esa confusión y ofreciéndonos como "derecho" cosas deseables, pero que alguien tendrá que pagar por ellas.  También resulta grave que en medio de este verdadero vendaval de derechos inventados en beneficio de grupos de presión políticamente poderosos, ciertos derechos fundamentales como nuestro derecho a dedicarnos al trabajo de nuestra preferencia es coartado por funcionarios de gobiernos cuya verdadera razón de ser es proteger nuestra vida, nuestra propiedad y nuestros derechos naturales.

Los códigos, leyes y estatutos que impiden que la gente trabaje en el oficio de su preferencia sin un permiso, certificado o licencia emitido por algún burócrata es realmente una violación de un derecho humano básico. Casi todas esas certificaciones fueron promulgadas cuando se pensaba que la planificación por parte de los funcionarios y expertos oficiales reemplazarían al mercado. Y siguen vigentes porque benefician a los que ya gozan de permisos y licencias, al dificultar el ingreso de nuevos competidores a un mercado que mantienen relativamente cerrado con apoyo oficial.

El transporte aéreo mejorará en la medida que aumenta la competencia. ¿Por qué no puedo volar en Iberia, Aeroméxico o British Airways entre Miami y Nueva York? El mercado también ofrece maneras mucho más confiables y eficientes para indicarnos cuál es el mejor plomero, barbero, taxista, abogado o cirujano. La intervención del burócrata sólo aumenta los costos al crear oligopolios que reducen la oferta y al impedir el flujo de información que el consumidor requiere para hacer la selección que más le conviene. 

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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