Derechos de propiedad: China y América Latina

Por Martín Krause

Aunque tardaron trece años en discutirla y aprobarla, finalmente los chinos reconocieron la realidad que los rodea: desde que abrieron las puertas de su economía al capitalismo, el país ha dado grandes saltos, multiplicando varias veces su nivel de ingresos, reduciendo la pobreza y contribuyendo a la disminución de la pobreza en el resto del mundo, incluso en los países latinoamericanos.

Lo que se había aceptado como costumbre a través de acuerdos con distintas oficinas gubernamentales, la estabilidad de los derechos de propiedad de los inversores tanto extranjeros como chinos tiene ahora el respaldo de ley. Pero todavía falta avanzar para brindar mayor estabilidad jurídica y con respecto a la propiedad rural que sigue en manos del estado, aunque su utilización ya había sido “privatizada”, dándose concesiones por 70 años.

Ese avance produjo toda una revolución en el agro chino y los agricultores pueden ahora estar seguros de que no le quitarán el fruto de su trabajo, pero no harán inversiones a largo plazo debido a que no pueden legar esa propiedad a sus herederos. Tampoco pueden obtener pago por las mejoras realizadas a la plantación porque no pueden vender la tierra ni tampoco comprar otras tierras. Y lo más perjudicial de no gozar de la propiedad de las tierras es que ello impide acceso al crédito y así a la posibilidad de reinvertir, mejorar su productividad y prosperar.

Curiosamente, las autoridades chinas se resisten a ceder la propiedad de las tierras agrícolas porque temen que posteriormente los campesinos las vendan y se vayan a buscar trabajo en las ciudades. Algunos probablemente lo harían, pero la propiedad de la tierra permitiría a la mayoría capitalizarse y, por ende, quedarse disfrutando de un mejor nivel de vida, tanto para ellos como para sus descendientes.

Ese es el gran tema investigado por Hernando de Soto y publicado en su libro El misterio del capital. En los países en desarrollo, el grave problema de los pobres no es el capitalismo, sino que al no contar con títulos de propiedad no pueden operar en el sector formal. Según de Soto, los pobres no rechazan el sistema capitalista, sino que más bien quieren tener acceso a este, con la propiedad de sus hogares, sus negocios y sus ganancias, pero el mal funcionamiento, debilidad e ineficiencia de los sistemas de registro de la propiedad los mantienen marginados.

Este tema ha salido a la luz en estos días con la publicación de un nuevo indicador. Se trata del Índice Internacional sobre los Derechos de Propiedad, elaborado por Alexandra Horst y publicado por Property Rights Alliance.

No aporta sorpresas en los primeros lugares, ocupados por Noruega, Holanda, Dinamarca, Suecia, Nueva Zelanda, Reino Unido, Alemania y Australia, pero entre los 70 países calificados, América Latina ocupa muchas de las últimas posiciones: Argentina aparece en el puesto 51, Paraguay en el puesto 65, Venezuela 66, Nicaragua 67, Bolivia 69. Cuba y Haití ni siquiera figuran.

Los países que ocupan los primeros puestos tienen un PIB per capita de 32.994 dólares. Así constatamos que primero tiene que haber respeto por los derechos de propiedad, lo cual genera riqueza. Los chinos van recorriendo ese camino y obteniendo buenos resultados.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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