Demócratas: Ciegos que no quieren ver

Por Richard W. Rahn

Desde las elecciones presidenciales de 1976, el Partido Demócrata no ha recibido más de 50% del voto popular. Casi todos los organismos, exceptuando los muy primitivos, modifican su comportamiento luego de repetidos fracasos para poder sobrevivir.

Como economista, me sorprende especialmente cómo los demócratas no aprenden los principios tras una economía sólida, a pesar de toda la evidencia que existe sobre lo que funciona y lo que no. Empecemos con los impuestos. Existe una abrumadora evidencia que nuestras actuales tasas máximas de impuestos tanto sobre el trabajo como sobre el capital son tan altas que frenan el crecimiento económico, la creación de empleos y el nivel general de bienestar.

Sin embargo, los candidatos demócratas a la presidencia, desde Walter Mondale a John Kerry propusieron aumentar esas tasas. La excepción fue el presidente Clinton, quien ofreció reducirlas y luego las aumentó. Altas tasas de impuestos no son solamente malas para la economía sino que también para los políticos.

Por largo tiempo, las encuestas indican que la mayoría de la gente de EEUU no quiere que los ricos paguen impuestos más altos. De hecho, la mayoría piensa que nadie debe pagar más de 20% de sus ingresos en impuestos. Las encuestas también indican que la gente no cree que los impuestos sean bajos, sino que el gobierno gasta demasiado.

La mayoría sueña en convertirse en rico empresario o en ganarse la lotería y no quiere que le quiten su premio. Los demócratas dejan que su ideología izquierdista se imponga sobre la evidencia empírica y, luego, se sorprenden cuando pierden las elecciones.

Los políticos siempre tienen problemas con el libre comercio. Casi todos los economistas, tanto de izquierda como de derecha, coinciden en que el libre comercio internacional maximiza el bienestar al permitir que los consumidores obtengan bienes y servicios a los precios más bajos.

Demasiados políticos republicanos complacen a los empresarios que exigen protección. Pero la mayoría de los políticos republicanos comprenden y respetan los principios de libre comercio, a pesar que ocasionalmente le dan la espalda. Pero los demócratas siempre acceden a las imposiciones proteccionistas de los sindicatos, sin recordar que hay muchos más consumidores que disfrutan de los precios bajos de Wal-Mart que miembros de sindicatos, quienes se pueden beneficiar temporalmente del proteccionismo.

Por años, los demócratas creen poder alcanzar el éxito en la política prometiendo más gasto estatal en todo. Demasiados republicanos creen lo mismo, pero son menos adictos al gran gobierno.

A la gente le encanta beneficiarse de ciertos programas, pero sabe que no existe un perenne almuerzo gratis a través del gasto estatal. Por eso, los políticos que quieren reducir los gastos generales del gobierno son elegidos más frecuentemente que los que quieren aumentarlo.

Los estadounidenses han visto a Europa y a otras regiones y comprenden que el socialismo y el estado de bienestar nunca logran lo que prometen.

Los demócratas mandan un mensaje contradictorio en cuanto a las regulaciones. Por una parte argumentan que la gente debe ser libre de hacer casi todo lo que quiera –matrimonios del mismo sexo, pornografía, etc. – y de inmediato dicen que el gobierno debe regular todo lo que se produce o se consume.

Casi todos los ciudadanos están conscientes que la excesiva regulación por parte del gobierno reduce su bienestar y su libertad. Resienten cuando les dicen que no pueden cortar árboles en su propiedad. Comprenden que si a los patronos se les impide despedir a quienes no producen tampoco emplearán a más personal.

A lo contrario de hace 30 años, casi todos los ciudadanos entienden que hay que cambiar el Seguro Social porque estamos viviendo más años y teniendo menos hijos. Pueden no estar seguros sobre los cambios que se deben hacer, pero la negativa de los demócratas a enfrentar el problema es darle la espalda a la realidad.

Desde las elecciones oigo a los demócratas describir lo que hicieron mal: insuficiente énfasis en cuestiones morales o en seguridad nacional, malas comunicaciones, etc. Pero los derrotados no quieren entender ni admitir que su mensaje económico fue mala economía y mala política.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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