Demagogia y cinismo petrolero

Por Carlos A. Ball

Llenaba el tanque de gasolina de mi primer automóvil, un lindo Chevrolet BelAir 1956, con tres dólares, cantidad que hoy pago por apenas un galón. Pero, según lo que escuchamos diariamente en declaraciones de los políticos, la culpa es de las grandes empresas petroleras que están especulando, por lo que hay que auditarlas e imponerles mayores impuestos.

Si no fuese un problema tan serio, daría risa ese intento de tapar varias décadas de infames políticas energéticas con poses y falsedades. El Congreso ha exigido testimonios a directivos de las petroleras para que expliquen sus utilidades y recientemente votaron 398 a 34 en la Cámara de Representantes para multarlas hasta por 250 millones de dólares y meter presos a ejecutivos si se comprueba la especulación.

Cuando yo pagaba tres dólares por llenar el tanque, en lugar de $70, el valor del dólar en oro era 35 dólares la onza; hoy fluctúa alrededor de 700 dólares la onza. ¿Por qué los políticos no consideran más bien multar y meter presos a los funcionarios de la Reserva Federal que permitieron ese robo (llamado devaluación) de 1.900 por ciento?

Washington también ha permitido durante 41 años el funcionamiento de un cartel petrolero, la OPEP, que sí especula y manipula los precios, mientras que internamente las políticas instrumentadas por el gobierno han sido extraordinariamente miopes y perjudiciales.

Así vemos que los gobiernos comunistas de Cuba, China y Venezuela se ponen de acuerdo para buscar petróleo alrededor de la isla de Fidel Castro, a unas 90 millas de Florida, pero a las empresas petroleras norteamericanas Washington les ha prohibido explorar y explotar petróleo en las costas de Florida. Y nadie comenta el horrible historial ambiental de China y, más recientemente, de PDVSA, la petrolera estatal venezolana, de la cual Hugo Chávez despidió a 20 mil técnicos y empleados experimentados que fueron reemplazados por sus ignorantes seguidores, causando se disparen los accidentes en los campos petroleros, los incendios en las refinerías y la contaminación del Lago de Maracaibo.

Aunque en EE.UU. han sido ampliadas las refinerías, no se construye una nueva desde hace 35 años, debido a regulaciones y costos prohibitivos impuestos por una equivocada y exagerada política ambientalista. EE.UU. consume 21 millones de barriles diarios, mientras las refinerías tienen capacidad de procesar solamente 17 millones. Sí, los políticos en Washington acusan y vilipendian a los ejecutivos petroleros, pero le temen a Greenpeace y demás grupos verdes que gozan de profundos bolsillos para financiar campañas y amenazas con el fin de imponernos el retroceso a una época anterior a la Revolución Industrial.

Así, mientras la demanda de energía petrolera en EE.UU. ha aumentado 31 por ciento desde 1985, la producción ha disminuido en 43 por ciento—unos 4 millones de barriles diarios—y ha sido políticamente imposible comenzar la explotación de reservas de más de 10 mil millones de barriles en Alaska, no vayan a morir algunos pingüinos y osos polares. Y hay cantidades aún mayores de petróleo y gas en el Golfo de México.

El Congreso solamente ha empeorado la situación al imponer recientemente aditivos de etanol para favorecer a productores y procesadores de maíz, mientras el gobierno federal y los estados aplican un impuesto promedio de 29 centavos por galón, que según el Wall Street Journal es seis veces la utilidad percibida por las petroleras. Sí, mucha demagogia y cinismo.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
© Todos los derechos reservados. Para mayor información dirigirse a: AIPEnet